Inicio » Voz Pública » A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor
A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Ayotzinapa, la verdad histórica y la verdad política

De acuerdo al ex procurador Jesús Murillo Karam y a casi cinco años del crimen de los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, la llamada “verdad histórica” es que los estudiantes fueron detenidos por policías municipales de Iguala, entregados a miembros del crimen organizado (Guerreros Unidos) y luego de asesinados, sus cuerpos fueron incinerados en el basurero de Cocula y las cenizas arrojadas al río San Juan.
Resulta que Alejandro Encinas, a 9 meses de asumir el cargo como responsable para desenterrar y reabrir al caso Ayotzinapa, ahora se manifiesta en contra del poder judicial por la liberación de 24 detenidos cuyas inculpaciones fueron realizadas a base de torturas. No hacen caso, dice, de una jurisprudencia que ordena reponer el procedimiento a la que bien pudieron recurrir los actualmente responsables del caso. Y al más claro estilo de ya saben quién, se va con todo y acusa de podredumbre al juez del caso.
Resulta ciertamente difícil para los padres de familia aceptar que de alguna u otra manera sus hijos no estaban de día de campo el día que fueron ejecutados y presumiblemente desaparecidos, de tal manera que no hubiera forma de recuperar ni siquiera sus restos. Resulta paradójico que las autoridades inmediatas responsables fueran de filiación política perredista y, como en el caso del alcalde de Iguala, tuvieran hasta fotos con nuestro actual presidente.
El asunto cayó como anillo al dedo para crear la invención de que “fue el estado” y de tal manera asestar un golpe que resultó brutal al régimen peñanietista como si desde los más altos mandos del ejercito –en el que ahora se cobijan para crear la Guardia Nacional– y del gobierno federal, se hubiera fraguado tan pavoroso crimen. Por el más elemental sentido común es increíble suponer que tan artero asesinato pasara inadvertido y no afectara la imagen del gobierno federal. Al ordenar la investigación del caso “hasta sus últimas consecuencias” –como si hubiera otras- Peña pensó que saldría bien librado agotando todos los recursos legales a su alcance.
La presión política derivada de una enorme indignación social que cuando menos tildaba de incompetente al presidente, se convirtió en una mina de oro para los orquestadores de la campaña negra que irritó aún más a la opinión pública. Al afirmar que “fue el estado” como si se tratara de una conflagración a los más altos niveles del gobierno, obligaron a la procuración de justicia a desatar una ola de investigaciones para encontrar a como diera lugar a los culpables materiales del hecho. Por eso es que ahora en muchas de esas investigaciones en algunos casos por testimonios extraídos bajo tortura hoy los jueces no tienen más que actuar en consecuencia. En otros casos existen solidas pruebas periciales para los que se recurrió incluso a especialistas internacionales. Las conclusiones del caso fueron dadas a conocer con todos los elementos que se tuvieron al alcance y de ahí se concluyó en la llamada verdad histórica.
Lo que no alcanzaron a comprender las autoridades a cargo es que el asunto pasó de lo judicial a lo político. Los promotores de la indignación hubieran deseado que resultara culpable algún alto mando del ejército o autoridad. Y aún así no habrían quedado satisfechos. Es la misma receta que la izquierda complotera fabricó en el 68. Aunque el hecho no es equiparable, por sus fines resulta políticamente análogo.
Ahora resulta que para encontrar la “verdad” harán culpables a los juzgadores e investigadores del caso. Por tamaña manipulación política la “verdadera verdad” valga la cacofonía, nunca se sabrá. Lo cierto es que jamás les interesó. ¿Cuál es la diferencia con los más de 30 muertos en el ataque a un bar Coatzacoalcos?, ¿qué no eran estudiantes?, ¿cuál y de quien es la responsabilidad en la tragedia de Tlalhuelilpan? La verdad científica, los culpables materiales y seguramente intelectuales, no sirven para el propósito de desechar la historia documentada. Se trata de construir una verdad política que a todas luces siempre les resulta rentable.

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

2 × tres =