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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Congreso Tupperware

Con eso de la austeridad republicana, los nuevos diputados y senadores llegaron a un exceso que, con todo respeto, raya en lo ridículo. Pasaron de la abundancia, la discrecionalidad y la opacidad, a supuestos ahorros que no representan ni un ápice comparado con los privilegios de que disfrutaban antes. Ahora llevan tupperwares –su itacate– al Congreso. Y todo porque la prensa, en este caso un diario nacional, ha endurecido sus ataques contra el Presidente, el Congreso y lo que se mueva. Con eso de que habrá un recorte a los gastos en publicidad gubernamental, no quieren dejar títere sin cabeza, presionan por el bono sexenal y para renegociar sus propias prebendas con el próximo gobierno.
Para que la cuña apriete, el primerito al que le hicieron efectivos estos ajustes fue al editorialista y académico Lorenzo Meyer, abierto panegirista de López Obrador durante sus varías campañas. Televisa por su parte aplica sus propios recortes y le reduce el sueldo a sus conductores estrellas por lo que, según una nota periodística, el salario de Loret de Mola, pasó de 985 a 700 mil pesos mensuales, mientras que Denise Maerker recibirá 650 mil y no los 900 mil que ganaba por mes.
Parece que la honrada medianía que pregona y procura el Presidente Electo, no pudo hacer eco en los nuevos legisladores comenzando por los de su propio partido, que no llegaron tampoco a un acuerdo para reducir sus sueldos. La ex ministra Olga Sánchez Cordero quien recibe una pensión vitalicia de 259 mil pesos mensuales, declaró el 6 de junio pasado –a un mes de las elecciones- que estaría dispuesta a donar su sueldo a una institución de beneficencia. Ahora más serenamente, intercedió ante López Obrador para que se garantice el derecho de la pensión a los magistrados y ministros lo cual asegura una justa impartición de justicia y es un derecho constitucional.
Ya en otros gobiernos como el de Calderón, cuando la baja de los precios del petróleo, se pensó en recortar o eliminar secretarías. Entre ellas figuraba la de Turismo, que desde ese entonces y mucho más ahora, representa una de las principales entradas de divisas al país, junto con las remesas, la industria automovilística y por supuesto el petróleo.
El tema es que ahora no estamos precisamente atravesando por una crisis. Hay un crecimiento sostenido en la economía del país pero de lo que se trata es de otra cosa. Moderar la opulencia, hacer de la austeridad una pauta de conducta entre los servidores públicos y los representantes populares.
El diario digital www.nacion321.com afín a la campaña Lopezobradorista, destacó a finales del año pasado los suntuosos gastos de un grupo de senadoras dedicadas al turismo legislativo. Los datos fueron obtenidos a través de la Secretaría General de Servicios Administrativos del Senado y por solicitud de transparencia. Destacó que las seis senadoras más viajeras acumulaban 113 viajes con un costo de 9 millones 987 mil 167 pesos. Entre ellas Gabriela Cuevas que desertó del PAN hacía Morena y a cambio recibió una pluri para poder seguir ejerciendo su papel de “presidenta de la unión interparlamentaria”. En su periodo legislativo, acumuló un total de 23 viajes (20 al extranjero) con un gasto de 2 millones 166 mil pesos. La pregunta es: ¿cómo le hará ahora para cumplir con todos esos compromisos internacionales, si para eso cambió hasta de partido?
Ricardo Monreal ha anunciado un recorte importante al presupuesto de la cámara. Lo más importante en mi opinión es que se debe realmente justificar el gasto (que no tiene porque ser tan oneroso) y evaluar realmente el costo beneficio que puedan representar estos gastos. Es imposible suponer que funcionarios del ramo turístico, económico y hasta académico se aíslen del mundo y no puedan acudir a compromisos que requieren su presencia física.
Tampoco se trata de caer en la exageración de que los legisladores tengan que llevar en un tupperware sus tentempiés a las sesiones de las cámaras. Las sesiones suelen ser largas y prolongarse y no se trata de que mueran de hambre o se ausenten de las sesiones para salir a comer.
Hay que insistir en la “honrada medianía”. Que tengan prestaciones equivalentes a sus responsabilidades pero que no abusen de ello. ¿Será tan difícil de comprender como para no caer en la demagogia de llevar su lunch al Congreso? Lo que quiere la gente es que se acaben los excesos, tanto las simulaciones como aquellos que resultan ofensivos al sentido común. Así nomás.

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