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En la Mira / Héctor Estrada

En la Mira / Héctor Estrada

Herencias escabrosas de Velasco incendian Chiapas

El caos desenfrenado desatado durante los últimos días en la capital chiapaneca tiene de fondo explicaciones bastante sencillas. Son resultado inevitable de un gobierno desastroso que durante los últimos seis años dejó que la entidad ardiera en la ingobernabilidad mientras sus protagonistas se llenaban los bolsillos con recursos públicos; pero también es consecuencia de viejas prácticas de extorsión y oportunismo puro.
Es innegable el daño salarial que la Secretaría de Educación durante el gobierno de Manuel Velasco Coello dejó a miles de maestros, (interinos, idóneos y de telebachillerato, entre otros) cuyo pago a su trabajo nunca llegó de manera puntual. Son deudas acumuladas que datan desde 2014 o 2015, sumando cifras millonarias que simplemente no llegaron a manos de sus destinatarios.
Tan sólo en lo que respecta a la deuda con maestro interinos la Secretaría de Educación del nuevo gobierno estatal ha reconocido un monto moratorio de mil 883 millones de pesos que fueron acumulados durante los últimos cuatro años. A decir de la nueva titular de la dependencia, Aidé Domínguez Ochoa, todavía no hay claridad sobre el destino de los recursos faltantes destinados al pago de esos salarios, aunque la respuesta parece bastante lógica.
La mala administración o corruptelas al interior de la Secretaría de Educación estatal durante el “gobierno verde” dejaron sin salarios a miles de profesores de educación básica. Encontraron una “mina de oro” en el manejo irregular de los millonarios recursos salariales y dejaron acrecentar el problema hasta que se volvió prácticamente impagable mediante el gasto corriente.
Valiéndose de la necesidad de miles de docentes, aferrados a la esperanza de alcanzar una plaza base, se les mantuvo en eterna espera a base de promesas, mentiras y compra de lidercillos oportunistas que aceptaron el pago de migajas a cambio de “calmar las aguas” de manera momentánea.
En el fondo el gobierno de Velasco Coello nada hizo para resolver el problema de raíz. No hubo gestión de recursos extraordinarios para el pago de las deudas salariales, y si los hubo tampoco llegaron a sus destinatarios. Manuel sabía perfectamente que habían serias irregularidades en el manejo y destino final de esos recursos, por eso decidió callar y dejar que el problema fuera heredado a la administración siguiente.
Pero en el camino del robo descarado, la impunidad y el silencio también se alimentaron añejas prácticas anómalas como la asignación de plazas magisteriales de manera directa a líderes estudiantiles. Se consumaron pactos de complicidad que hoy parecen haber caducado, desatando la ira de aquellos movilizadores estudiantiles o magisteriales rapaces siempre dispuestos a utilizar y sacar provecho de causas legítimas.
Y es que, en el fondo, es finalmente el oportunismo lo que ha alimentado muchas de esas protestas violentas. Hay detrás necesidades y reclamos legítimos, pero también intereses engañosos y oscuros que “a río revuelto” buscan sacar tajada o utilizar movimiento para imponer condiciones a la hora de negociar con las causas de otros. Por eso no debe extrañar episodios como los sucedidos ayer en pleno Parque Central con la quema del camión repartidor de agua purificada o los sospechosos actos vandálicos a las oficinas del Órgano de Fiscalización.
Con el nuevo gobierno llega también una inevitable sacudida de transición sexenal a viejos intereses dispuestos a todo para volver a fijar sus condiciones. La gestión de más de tres mil 700 millones de pesos anunciada por el nuevo gobierno estatal para saldar las conflictivas deudas parece una salida viable para un problema cuya solución no pude seguirse postergando más… así las cosas.

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