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En la Mira / Héctor Estrada

En la Mira / Héctor Estrada

Violencia de género asesina a 10 mujeres por día en México

En medio de una controversia superficial, que parece opacar el verdadero problema de fondo, en México todos los días decenas de mujeres son víctimas de la violencia de género, con estadisticas alarmantes que contabilizan al menos 10 muertes de mujeres por día, de acuerdo al Secreatríado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Durante los primeros seis meses del año, el total de muertes en México alcanzó el registro de 470 mujeres, de las cuales 111 fueron asesinadas con arma de fuego, 99 con arma blanca, es decir objetos punzo cortantes, 239 con otro tipo de artefacto y de 22 se desconoce el objeto utilizado.
De entre los casos denunciados, se encuentran los delitos sexuales, donde las cifras suman 1,530 casos de abuso en tan solo un mes, dando una estadística en promedio de 51 mujeres agredidas sexualmente por día, dejando un margen de cifra negra en el que se desconoce a las víctimas y sin añadir a todas aquellas que guardan y/o guardaron silencio por miedo a represalias.
Son historias donde, en su mayoría, el verdugo se encuentra próximo la víctima, en su círculo más cercano de amigos, en su familia, vive con ella o duerme con ella. Son dramáticos casos donde el enemigo o asesino latente se encuentra en casa.
En Chiapas, con 10 feminicidios de enero a junio de 2019, las cifras durante los últimos años han dejado en claro que el problema va más allá de un estricto asunto de procuración de justicia. Se trata de un problema que sustenta su origen en el núcleo social. Con hombres violentos que en pleno siglo XXI siguen atribuyendo a la mujer el valor de un objeto para meros de procreación.
Y es que, de acuerdo al Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas (CDMCH) más de 60 por ciento de los casos de asesinatos cometidos contra mujeres son cometidos en zonas de alta marginación, en comunidades indígenas o ejidales de Chiapas, donde el rezago social y educativo sigue cobrando una cara factura a los grupos vulnerables.
Son mujeres que siguen siendo sometidas al yugo del machismo donde ser insultada, minimizada o agraviada continúa siendo un hecho cotidiano al que están obligadas a acostumbrarse. Asesinatos que bajo la sombra de la impunidad parecieran tratarse de muertes naturales, parte de la cotidianidad de los pueblos del rezago.
Como ha mencionado artha Figueroa Mier, integrante del Colectivo de Mujeres de San Cristóbal de Las Casas, en todos los casos recientes “las mujeres fueron asesinadas con saña, de forma violenta, pero pareciera que esta situación no afecta ni altera en nada”. Una simple y llana defunción que se convierte en un expediente más.
Según el Estudio Nacional Sobre las Fuentes, Orígenes y Factores que Producen y Reproducen la Violencia Contra las Mujeres, entre las nueve entidades que registran una tendencia creciente de homicidios de mujeres destacan Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Distrito Federal, Michoacán, Sinaloa y Sonora.
Así, mientras en las últimas cuatro entidades mencionadas los orígenes de violencia están más apegados a crímenes de la delincuencia organizada y la inseguridad, en Chiapas, Guerrero y Oaxaca las agresiones contra mujeres tienen una raíz más social, con mayor arraigo y origen en la retrograda concepción de la mujer.
Lo alarmante de las cifras es que, según la Fiscalía General del Estado Chiapas (FGJE), en más del 70 por ciento de los casos de violencia denunciados, el verdugo termina siendo liberado por la propia víctima, quien por distintas razones desiste a la demanda y retira los cargos. En algunos casos se convierte en una decisión fatal.
Como muestra de este índice, de las casi mil agresiones semestrales registradas mediante denuncias en los juzgados de Chiapas, sólo el cinco por ciento reciben respuestas favorables para la víctima o sentencias condenatorias; en su gran mayoría debido a la interrupción de la denuncia o la declinación de la misma.
Los feminicidios en Chiapas son una problemática que debe enfrentarse de raíz, en la estructura social, en las escuelas y en la familia. Es un tema que debe ser atendido por las autoridades educativas y las responsables de los programas de desarrollo social, a fin de evitar que –como hoy sucede- termine siendo menester judicial.
Es un asunto más complejo de lo que parece. Es en tema de violencia misma que deberá ser atacado de fondo, en la familia, en las escuelas y mediante políticas públicas efectivas de permitan formar hombres menos violentos, mujeres más conciende los riesgos que implica la violencia y organos de justicia más comprometidos con la provención… así las cosas.

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