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Producir para abatir la pobreza

Producir para abatir la pobreza

En Chiapas, las compañías sociales de este tipo, que comercializan productos indígenas y campesinos, son pioneras, en la actualidad son las principales exportadoras de café orgánico. No obstante, el sector de la economía social es ignorado en el país

Texto: Esmeralda Fonseca
Fotografías: Ariel Silva

Sin duda, para frenar la pobreza acentuada en más de la mitad de la población mexicana, es necesario generar riqueza; una de las opciones de productividad que pueden contrarrestar el problema son las empresas sociales, consideran expertos. En Chiapas, las compañías sociales de este tipo, que comercializan productos indígenas y campesinos, son pioneras, y en la actualidad son las principales exportadoras de café orgánico. No obstante, el sector de la economía social es ignorado en el país.
Las cooperativas y las diversas formas de asociación han surgido por muchas vías. Algunas de ellas, por la promoción de agentes de la iglesia comprometida con la opción por los pobres, expone el consultor internacional en proyectos sociales, Rogelio Gómez Hermosillo.
En la entidad, por ejemplo, existe la Federación de Indígenas Ecologistas de Chiapas (FIECH), una organización indígena y campesina fundada en 1996, la cual está conformada por pequeños productores de café orgánico, que a lo largo de 22 años han promovido el desarrollo de hombres y mujeres mediante el trabajo común y organizado, basado en la solidaridad y el respeto al medio ambiente.
La empresa genera productos y servicios alternativos con calidad y calidez; tiene como propósito social, producir, industrializar y comercializar dicho grano, al mismo tiempo atienden oportunamente la demanda de los clientes en el mercado internacional.
De acuerdo con el portal Connect Americas, el personal y directivos de la FIECH atienden de manera directa a una base social de 3 mil 255 trabajadores rurales de origen Tzeltal, Tzotzil, Chuj y Tojolabal, con quienes se han comprometido a mejorar sus ingresos y el de sus familias.
Otra de las compañías sociales es Majomut, de la Unión de Ejidos y Comunidades Cafeticultores Beneficio Majomut. Está integrada por más de mil familias de productores de café de 35 comunidades indígenas, de las etnias tseltal y tsotsil, de la región de Los Altos de Chiapas. Esta tuvo su origen en 1981.
Entre los objetivos de esta organización, sobresale la venta de este grano hacia mercados de exportación; el proceso de conversión a la agricultura orgánica para conservar de mejor manera el medio ambiente y la elaboración de productos sanos y de calidad; así como el reforzamiento de la producción de autoabasto alimentario. Además, la empresa se distingue por fomentar la participación de las mujeres.
En otras partes del país, existe la Unión de Comunidades Indígenas de la Región Istmo, la cual fue impulsada desde principios de los años 80 por el sacerdote holandés, Francisco Vanderhoff y el obispo, Arturo Lona. Hoy forma parte de una asociación mayor: la Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca.
En la Sierra Norte de Puebla hay grupos empresariales como Tosepan y Masehual Xicaualis. Otras surgieron de luchas sindicales que convirtieron a compañías privadas en cooperativas, como la Pascual y Tradoc. Sin embargo, en México el sector de la economía social es ignorado, pues recibe poco apoyo público. Además, tiene obstáculos legales, esto, a pesar que desde 2004 se aprobó la Ley de la Economía Social y Solidaria.
De igual forma, Gómez Hermosillo, menciona en su columna para El Universal que los institutos y programas de gobierno se caracterizan por su poca fuerza en el verdadero desarrollo productivo.
“El Instituto Nacional de Economía Social (Inaes) es débil y sobretodo gestiona apoyos clientelares. La Sagarpa, el Inadem y Nafin tienen poca incidencia. Sólo en el gobierno federal hay más de 20 miniprogramas, fragmentados, dispersos en varias dependencias. En su mayoría, siguen criterios burocráticos. Muchos canalizan subsidios ‘a fondo perdido’ socavando el desarrollo productivo de las empresas sociales”, sostiene el experto.
Agrega que estas empresas necesitan financiamiento y crédito, pero sobre todo, inversión de capital de riesgo. “Deben ser fomentadas, pero no pueden ser ‘fabricadas’ por decisión burocrática. Requieren madurar para consolidar los principios cooperativos. Ya ocupan nichos de mercado que pueden ser impulsados”.
Por último, comenta que el empoderamiento económico de pequeños productores indígenas y campesinos es valioso e imprescindible para hacer frente a la pobreza rural, a través de la única vía sostenible y justa: “la generación de riqueza que sí llegue a quienes la producen. Eso debe estar en la agenda de prioridades del nuevo gobierno, con visión económica y de futuro”.

¿De qué se tratan las empresas sociales?
Es un modelo de gestión innovador que pretende resolver problemas que existen en la sociedad, de ahí su nombre; es un tipo de emprendimiento que busca obtener beneficios, generar empleo y propiciar consecuencias positivas.
Gómez Hermosillo menciona en su columna, que se trata de “empresas rentables y muchas de ellas exportan. Y son propiedad de quienes trabajan en ellas o de pequeños productores que se asocian para comercializar y generar valor agregado”.
También cuentan con diversas formas legales de agrupación, además de las cooperativas. Por ejemplo, pueden asociarse con empresas privadas, como es el caso de la Fundación del Empresariado Mexicano, junto con el apoyo de la Universidad Iberoamericana (UIA). Tienen poco apoyo público, pero subsisten y crecen.
Por su parte, Jesús Campos, director del Centro Internacional de Economía Social y Solidaria de la UIA, explicó que las empresas sociales son aquellas con el potencial de generar riqueza permanente, a través de la integración de cadenas productivas y la entrega de valor agregado.
Entre sus características, está el hecho de que “disponen con esquemas de distribución equitativa del ingreso, de reinversión de utilidades e impacto en el desarrollo regional sostenible”. Agregó que “han ido conformando grupos empresariales, donde las personas trabajadoras participan en la propiedad, en el valor agregado, en el gobierno corporativo y, en la medida de lo posible, en la gestión empresarial. Prioritariamente se integran con personas en pobreza y vulnerabilidad.”
De acuerdo con el portal Emprende Pyme, las compañías sociales poseen diversas características, por ejemplo, destacan el carácter participativo, fomentando e incentivando la participación de uno o varios conjuntos de ciudadanos; benefician a la comunidad como principal objetivo, olvidándose de la obtención de ventajas individuales y su propio lucro, ya que su mayor interés es la satisfacción de la distribución de beneficios limitada para un grupo concreto de la sociedad.
A su vez, se preocupan por garantizar la igualdad de oportunidades, evitando cualquier tipo de discriminación, ya sea por sexo, raza, religión u otros factores; se basa, sobre todo, en la fuerza del trabajo, más que en el capital; también promueven la innovación económica y social. Se rige por el financiamiento mixto, aunque su objetivo prioritario es la autofinanciación, para reducir la dependencia económica.
Por lo tanto, este tipo de organizaciones se enfocan en mejorar las condiciones de vida de la comunidad, por encima de cualquier beneficio económico. Todo el excedente fiduciario que se obtenga por medio de su actividad, se reinvertirá en función de las necesidades del poblado. Y desde la perspectiva empresarial, tienen una ventaja competitiva en el mercado: el compromiso social de generar riqueza y empleo, contribuyendo de esta forma a su sostenibilidad.

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