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Santería, legado místico viviente
Foto: ibtimes.co.uk

Santería, legado místico viviente

En el mundo moderno, esta religión afroamericana, no solo permanece sino que sigue creciendo y se sigue adoptando y adaptando en diversos países de América Latina y Europa

Agencias

La santería, como otras religiones afroamericanas consideradas por sus extraños como anacrónicas, en el mundo moderno no solo permanece sino que sigue creciendo y se sigue adoptando y adaptando en diversos países de América Latina y Europa.
Existen diversos textos sobre santería que pueden encontrarse en Internet y en algunas librerías. Sin embargo, la mayor parte de sus conocimientos son secretos y son transmitidos de mayores (“padrino”, “madrina”) a menores (“ahijado”, “ahijada”) de manera oral, a medida que se adquiere una mayor jerarquía al interior de la organización social de esta religión.
Para Nahayeilli Juárez Huet, adscrita al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Peninsular, la santería es una religión iniciática fundamentada en la creencia de un (dios) creador, Olodumare, que gobierna el universo y se llega a él a través del culto a los orisha, deidadesque fungen como sus intermediarios con el hombre.
Desde una perspectiva antropológica, la investigadora nacional con nivel I se ha dedicado a estudiar la santería a partir de la circulación, movilidad y adaptación de sus prácticas y símbolos culturales, en el contexto de transformación del paisaje religioso mexicano.
En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, describió que esta religión nacida en Cuba, y también conocida como Regla de Ocha-Ifá, surgió del encuentro entre las creencias de los esclavos africanos traídos a América durante el comercio transatlántico del siglo XVI al siglo XIX, las religiones de los esclavistas y las nuevas prácticas religiosas que tuvieron lugar en el suelo americano.
Comúnmente, los practicantes de la santería la reivindican de un sustrato yoruba, categoría étnica vinculada con la población del sudoeste de la actual Nigeria y parte de Benin y Togo. Más adelante, incorporó elementos del espiritismo europeo y se fue complementando con otras prácticas religiosas que surgieron en Cuba, como el Palo Monte de origen bantú.
“La santería ha sido producto de procesos sociohistóricos que ponen de manifiesto cómo se producen distintos ajustes de sentido y praxis religiosa dentro de procesos de circulaciones transatlánticas que incluyen a México”, resaltó.
En 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) proclamó Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el sistema de adivinación de Ifá, uno de los pilares de la tradición orisha. Como resultado, en los últimos años han proliferado asociaciones, consejos y organizaciones internacionales, con sedes y filiales en más de un país que buscan promover y capitalizar dicho reconocimiento en sus comunidades religiosas locales.

Origen mítico: áfrica a américa
Algunos practicantes consideran la palabra “santería” como un término mal empleado para referirse a la religión Regla de Ocha, que tiene un paralelo en la rama bantú con el Palo Mayombe y el culto a Ifá. Otros consideran que incluso estos términos se usan de manera generalizada, como un nombre común dado desde la academia a las vertientes de la religión yoruba.
“Es el nombre que le dan los antropólogos y los investigadores para poder manejar una mejor comunicación, para que llegue la palabra al resto de la población. Pero realmente es religión de origen yoruba o religión bantú lo que se conoce como santería o Ifá”, afirmó William Oraá, babalawo (sacerdote de Orúnmila o Ifá) y vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Institución Religiosa Bantú de Cuba.

La religión yoruba surgió en África hace más de cinco mil años a través del culto a la naturaleza. “La civilización humana comienza en África y de ahí se expande. Se conoce que los romanos y los egipcios hacían sacrificios a los dioses del viento, de la lluvia, de la siembra, del fuego, del agua, los mismos dioses a los que hoy nosotros les rendimos culto”, expresó.
Mientras que en África se rendía culto a cada deidad de manera diferente, según cada tribu, aldea o tierra, la compra aleatoria de esclavos de diversas regiones —entre los que no se encontraban príncipes ni líderes—, dio paso a una mezcla de conocimientos y rituales heterogéneos en el nuevo continente.
El yoruba que participaba en la casa como nana, sirviente o calesero escuchaba desde el portal, el traspatio o la cocina, la misa espiritual que realizaba el hombre blanco, que era católico y conocía el espiritismo, ya que este nació en Europa, describió William Oraá.
“Cuando hacían las misas espirituales y se hacía la llamada, viene el que viene. Había muchos congos, muchos yorubas que eran esclavos o domésticos dentro de la casa, y se convertían, se posesionaban esas espiritualidades de ellos. Los blancos empezaron a darle participación a esos congos y, a la vez, los congos y los yorubas comenzaron a introducir el espiritismo dentro de las religiones africanas”, resaltó.

Los Orishas y el universo de la religión yoruba
Desde una perspectiva de análisis nutrida por la antropología y el estudio multisituado de la misma religión, Juárez Huet considera la santería como una variante de una tradición más amplia: la “tradición orisha”.
“Orisha son las deidades a las que se rinde culto en la santería, el candomblé y otras modalidades que surgieron en América como vínculo con lo yoruba, y también de otras prácticas de origen africano con las que se mezclan”, describió la investigadora.
De acuerdo con Rigel Patrón, santero radicado en Mérida, Yucatán, la religión se basa en el apoyo de la naturaleza y todos los elementos y movimientos de la misma. “En eso se basan nuestras adivinaciones, los cultos y los trabajos. Vamos rindiendo culto donde cada uno de los orishas representa algún elemento de la naturaleza. Todo contiene una espiritualidad y con base en esa espiritualidad es que nos movemos”, expresó.
Para Juárez Huet, la santería puede concebirse bajo la noción de “religión vivida” en la que se establece una red de intercambios entre el mundo invisible y el mundo de los seres humanos, donde se incluyen las complejidades también presentes en las relaciones humanas, como el amor, la esperanza y la desilusión, entre otras.

Rigel Patrón, santero radicado en Mérida, Yucatán
“Esta no es una ‘religión de libro’. Si bien hoy existe una sistematización documental por parte de los mismos practicantes, investigadores y de otros procesos de patrimonialización que han hecho que muchos de los contenidos de su cosmogonía estén ya registrados en libros, en realidad, la transmisión fundamental de las religiones afroamericanas en general ha sido a partir de la tradición oral”, resaltó.

Ceremonias secretas
Las ceremonias de esta religión buscan propiciar, generar o apaciguar las fuerzas que existen en el universo, para lo que se realizan ofrendas, cantos y promesas a los orishas.
Una de las ceremonias más importantes es la coronación o iniciación en santo (término popular para designar a un orisha), donde un orisha se asienta simbólicamente en la cabeza del iniciado para establecer una relación de intercambio que le permitirá sortear la vida. “Una ceremonia colectiva, compleja y muy bella que implica la participación de mucha gente, mujeres y hombres, donde cada uno tiene un papel”, indicó Juárez Huet.
Esta ceremonia no es accesible a los no iniciados, ya que se transmiten secretos importantes para ascender a diferentes niveles. Durante esta, se realizan lecturas del oráculo personalizadas para los iniciados; se les habla de su presente, pasado y futuro; se establecen ciertos tabúes y se dan símbolos esotéricos personales que solo pueden conocer las familias de los iniciados y los sacerdotes que los inician.

Ceremonias públicas y consultas
Existen ceremonias públicas como el toque de tambor, donde se percute un trío de tambores llamados Batá para hacer un llamado a que los orishas se manifiesten y den sus mensajes a la gente.
“Son ceremonias que ofrecen los mismos iniciados como una promesa a su orisha, para cumplir una manda, para celebrar un aniversario de sus años de iniciación, para presentar al tambor un iniciado, porque eso es parte también de las ceremonias de iniciación”, indicó Juárez Huet.
Los consultantes acuden a los santeros buscando resolver alguna situación. A través de los oráculos y técnicas como la mediumnidad, la santería ofrece al consultante la posibilidad de comunicarse con los agentes divinos que les dan mensajes para afrontar situaciones difíciles.
Se cree que los agentes divinos pueden ser orishas, espíritus de muertos y ancestros, quienes tienen un efecto visible en la vida cotidiana. Algunas personas los pueden encontrar en sueños y en visiones, en donde dan explicaciones de ciertas tragedias, accidentes, pruebas o milagros. A partir de las interpretaciones de los oráculos y del diálogo con el consultante, se indica el procedimiento a seguir para poder ayudarlo.
Casa de santo, jerarquías y relaciones complementarias
La base social de la santería se conforma por la familia ritual, llamada también “la familia” o “casa de santo”. “Dado que es una religión iniciática, hay un parentesco ritual establecido a partir de las ceremonias de iniciación, entonces hay siempre una madrina o un padrino, que es un mayor que inicia a quien le sigue; y de los fundamentos y representaciones materiales de los orishas, nacen los que siguen, que son las de sus ahijados”, apuntó Juárez Huet.
En el conjunto conformado por padrinos, ahijados y hermanos de santo, entre otros, la jerarquía se determina en un primer momento por criterios como la edad religiosa, es decir, la antigüedad de su iniciación.
Los babalawos (los padres del secreto) son quienes tienen la mayor jerarquía y esta se vincula también con el tipo de oráculo (sistema de adivinación) que utilizan. De acuerdo con William Oraá, hay dos oráculos fundamentales considerados como los más precisos y certeros: el oráculo del coco y el caracol diloggun.
“La santería, pensándola como esta idea de la religión vivida, es una herramienta que te permite sobrellevar la vida. La otra es que también es un espacio que brinda posibilidades de afianzar vínculos sociales y también de reconocimiento a los sujetos, por las redes de relaciones de parentesco virtual”, indicó Juárez Huet.
Dichas jerarquías son complementarias, pues las personas de mayor rango no siempre tienen las mismas competencias que pueden desarrollar santeros con una jerarquía menor.
“Hay una complementariedad entre conocimiento y práctica que hace que no se pueda prescindir del otro. En una ceremonia de iniciación se necesitan testigos y gente, es difícil hacer una ceremonia de iniciación solo, no se puede, y esto provoca que haya una complementariedad en las prácticas y en las jerarquías establecidas”, resaltó.

William Oraá y Rigel Patrón

Antes de su aparición como práctica religiosa, la circulación de sus símbolos en México inició en el ámbito de la música y del cine. A finales de la década de los setenta, la religión surgió en la Ciudad de México y zonas aledañas, mientras que en Yucatán apareció dos décadas después, de acuerdo con Juárez Huet.
A raíz de la migración de cubanos a Estados Unidos tras la revolución de 1959, los primeros santeros que hicieron ceremonias de iniciación en la Ciudad de México provenían de Miami, los mexicanos iban a Estados Unidos también a iniciarse.
En Cuba, las religiones afroamericanas fueron perseguidas y consideradas “de pobres y negros”. No fue hasta algunos años después que fue reconocida como herencia cultural dentro del proceso de patrimonialización.
A partir de 1990, el boom del turismo religioso en Cuba marcó una importante etapa en la circulación y crecimiento de la santería en América Latina. La isla se convirtió en uno de los destinos más visitados por turistas mexicanos, al mismo tiempo que las migraciones entre la población cubana y de diversos países con los que retomaron lazos influyeron también para que la santería creciera en México.
En la ciudad de Mérida, Yucatán, la presencia de migrantes cubanos no es la causa directa de la llegada de esta religión, sino que se desarrolló a través de la circulación de artistas cubanos contratados por una variedad de bares y restaurantes para presentar shows durante la década de 1990. “Muchos de ellos eran santeros e introdujeron a varios mexicanos que son de esta generación en esta religión”, apuntó la investigadora.
Paralelamente, los santeros de Ciudad de México hacia Yucatán fue la otra vía por la que se asentó la religión en el estado. De acuerdo con la investigación de Juárez Huet, en el Censo de Población y Vivienda de 2010 se indicaba su presencia en todo el territorio nacional, sobre todo en ciudades.
En México, es común que los santeros sean católicos, espiritistas o paleros, pues las distintas herramientas de cada práctica dan posibilidades de ayudar a los otros y de obtener un medio de ingreso a través de las consultas. En Yucatán se asocia con el espiritismo que existe desde el siglo XIX, con curanderos y distintas tradiciones terapéuticas.
“La santería es una religión que puede ser ilustrativa de procesos más amplios de lo que está sucediendo con los campos religiosos contemporáneos porque demuestra claramente la dislocación entre la adscripción, la creencia y la práctica. Yo puedo ser católico, pero creer en Changó y practicar el espiritismo. Hay muchos lazos de complementariedad en la práctica diaria”.

¿Quiénes son santeros?
El rango de gente que practica la santería es amplio y no se trata de los estratos económicos más bajos, pues se requiere una inversión material y humana que no muchas personas poseen. Una ceremonia de iniciación puede costar desde 35 mil hasta 100 mil pesos debido a que implica el trabajo de mucha gente, así como la utilización de insumos y objetos particulares.
Se practica en los sectores medios predominantemente y en ciertos sectores acaudalados, que suelen ser los más discretos. Al estar estigmatizada, los santeros no siempre revelan que lo son, por lo que todavía no se puede arrojar una cifra definitiva sobre el número de practicantes.
“Si bien en Ciudad de México puedes encontrar familias de hasta cuatro generaciones donde todos son santeros, en Yucatán todavía no tanto, puedes encontrar de hasta dos generaciones. El rango de edad predominante podría ser entre 30 y 60 años”, indicó Juárez Huet.

 

Circulación en espacios no religiosos
La santería también ha tenido presencia en diversos mercados que representan espacios de circulación en los que se desacralizan sus elementos y donde la religión confluye con ofertas de botánica, jabones y yerberías, entre muchas otras.
“Por un lado tenemos a los practicantes, que no son necesariamente los que están en los mercados, y por otro lado está la circulación de los elementos de la santería fuera de la matriz religiosa, que están en los mercados, sobre todo en la Ciudad de México —en el famoso mercado de Sonora, epicentro de producción de parafernalia religiosa—, Guadalajara, Monterrey, Mérida”, señaló la investigadora.
Los elementos de la santería conviven con productos que se ofertan también en mercados de países como Venezuela, Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos y Brasil. “Es un fenómeno común en otros países, está conectado porque los mismos objetos circulan. La gente compra y vende, los productores se contactan por muchos canales y circulan muchos productos similares”, agregó.

(Con información de Conacyt)

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