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Un lugar para caer cautivo en la lectura

Un lugar para caer cautivo en la lectura

En el Museo de la Ciudad en Tuxtla existe una pequeña sala llamada Matamoscas, conformada por una selección de más de cien tomos, los cuales, afirma el encargado Santana García, fueron elegidos por su aportación literaria y no a partir de un interés político. Tal afirmación invita a comprobarlo

Texto y fotos: Sandra de los Santos / Aquínoticias

La sala de lectura del Museo de la Ciudad de Tuxtla tiene no más de un centenar de libros, pero Santana García, encargado de hacer la selección de los libros asegura –lo podría hacer con la mano en la biblia, pero sus creencias se lo impiden- que cada uno fue, debidamente, escogido para que la persona que llegue a este lugar sin importar el libro que tome quede atrapado en la lectura. La afirmación, creo, es una provocación para tomar un libro y comprobar si lo que dice es cierto. Nadie pierde en esa ecuación.
“Cada libro está acá por el peso de la obra, evitamos que estén autores construidos a partir de su interés político y no de su aportación literaria” dice Santana García y pienso que esta afirmación es también otra provocación para revisar los estantes y ver quiénes fueron seleccionados. Conmigo la estrategia funcionó.
En el lugar también hay obras de autores de Chiapas, pero el curador de la sala advierte que no se encontrarán textos folklóricos. De hecho el espacio se caracteriza porque el mayor número de libros son de autores vanguardistas y de diferentes partes del mundo.
El sismo del 07 de septiembre del 2017 dejó sin funcionar la primera sala de lectura formal que tuvo el Museo de la Ciudad de Tuxtla, pero Santana García y Mariana Villa, directora del lugar se propusieron hacer un nuevo espacio dedicado a la lectura y desde hace seis meses se abrió la sala “matamoscas”.
El espacio quedó más pequeño en comparación del anterior, pero no deja de ser cómodo y agradable, además, de que se tiene la libertad de llevarse los libros para leerlos en cualquier parte del museo: el jardín, la terraza, la cafetería, inclusive, hay préstamos a domicilio. En la sala de lectura no siempre está Santana, muchas veces, el espacio se queda solo y abierto al público. En la entrada hay un anuncio que dice que todos los libros pueden ser consultados en cualquier parte del edificio y si se desea llevar alguno en calidad de préstamo se puede mandar un mensaje de whatsapp para avisar y ponerse de acuerdo sobre el regreso del material.
“Confiamos plenamente en la honestidad de quienes integramos la comunidad de esta ciudad, del Museo y de quienes visitan la sala. El cambio tiene que fundarse en la confianza y no el castigo”. Desde que abrieron la sala de lectura solo se han perdido cinco libros.
Una sala de lectura siempre será un espacio que abra un sinfín de posibilidades más allá de las que sus propios impulsores desearon o pensaron. Esos lugares son construidos todos los días por las personas que usan los libros, que los toman de los estantes, que los leen, que los piensan.

Nota: Los días viernes y sábado, Santana dirige un círculo de lectura en ese mismo lugar. Las personas interesadas en asistir pueden llegar a partir de las 18:00 horas al Museo de la Ciudad los días viernes o partir de las 16:00 horas los sábados.

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