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Héctor Estrada
Urge en Chiapas la aprobación de leyes contra maltrato animal <br /> Héctor Estrada

Urge en Chiapas la aprobación de leyes contra maltrato animal
Héctor Estrada

Mientras en el Congreso de Chiapas la legislación estatal contra el maltrato animal se mantiene en la congeladora del olvido como si se tratase de un tema irrelevante, en ciudades chiapanecas como Tuxtla Gutiérrez el tema de la indigencia canina significa un verdadero problema social y de salud pública con más de 50 mil perros en situación de calle.
Fue a principios del año pasado (abril de 2013) cuando el legislativo estatal recibió la propuesta de ley que pretende autorizar la aplicación de sanciones contra quienes realicen cualquier tipo de maltrato hacia los animales.
La iniciativa presentada, en ese entonces, contempla penas de hasta seis años de prisión y sanciones económicas hasta de 600 salarios mínimos; castigos para situaciones de maltrato tan recurrentes como el abandono animal.
Sin embargo y pese a lo ambicioso de la propuesta, las reformas logradas se vieron limitadas a la prohibición de circos con animales, dejando a las regulaciones de mayor impacto en el congelador debido a razones que pocos entendieron, pero que hoy significan el mayor de los pendientes en la materia.
Y es que la gravedad de la situación no es poca. El maltrato animal expresado comúnmente en el abandono canino y felino se ha convertido durante décadas en parte de la escénica urbana al que muchos nos hemos acostumbrado.
Los perros y gatos callejeros, gran porcentaje de ellos con dueños identificables, parecen haberse convertido en elementos de las calles y banquetas de las ciudades y los pueblos de Chiapas, como seguramente sucede en otras tantas entidades del país.
Con el paso del tiempo, muchos nos adaptamos a su presencia, a vivir con el peligro que representan y a ignorar su dolor. Desensibilizándonos poco a poco nos acostumbramos a verlos enfermos, deteriorados y a esquivar sus cadáveres en la vía pública como si fuese algo “normal”.
La realidad es que la indigencia de animales domésticos tiene un origen humano, un trasfondo social que habla de una mediocre cultura de respeto a las distintas la formas de vida y la inexistencia de regulaciones que procuren y garanticen dicho respeto.
Es fauna urbana que no se reproduce de la nada; se debe a individuos o familias irresponsables que tras perder “el encanto” de sus mascotas deciden arrojarlas a la calle, al yugo de las inclemencias del tiempo, los riesgos de transito automovilístico y la desnutrición. Sin duda, de los peores actos inhumanos y maltratos que los animales domésticos reciben a diario.
Según datos oficiales de las autoridades de salud en Chiapas, se estima la existencia de alrededor de 53 mil perros callejeros solamente en Tuxtla Gutiérrez, aproximadamente un perro vagabundo por cada 10 habitantes en la ciudad.
Son mascotas golpeadas, laceradas, asesinadas brutalmente y hasta violentadas sexualmente, con casos documentados que no dejan espacio a la duda sobre lo indispensable que resulta legislar para castigar a las personas responsables de dichos abusos. Seres humanos desensibilizados que también significan un riesgo latente a mayor escala.
Justo son estos los argumentos que hacen urgente “descongelar” la iniciativa de ley contra el maltrato animal. Es momento de que los legisladores chiapanecos regresen el tema al pleno de discusión para revisarla, enriquecerla y ponerla en marcha.
No hay pretextos válidos para seguir postergando una ley que ya debería estar en vigor, para obligar a las autoridades de los distintos órdenes de gobierno a establecer mecanismos que hagan verdaderamente responsables a las personas de sus mascotas y las castiguen en caso de no garantizar los cuidados debidos.
Urgen leyes activas que combatan de fondo el maltrato animal que tiene su más alarmante expresión en la indigencia canina, en dar herramientas para la aplicación de denuncias ciudadanas y la instrumentación de los procesos legales respectivos contra los responsables.
Porque no se trata de un problema animal, sino de negligencia e irresponsabilidad humana que a falta de conciencia propia requiere ya de leyes para su regulación.

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