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Volvería a renunciar: Eduardo Robledo Rincón

Volvería a renunciar: Eduardo Robledo Rincón

A dos décadas del acontecimiento que marcó el inicio de una de las más importantes crisis políticas en el estado, el ex gobernador de Chiapas, recién condecorado con el grado de Doctor Honoris Causa por la Unicach, expone, tras años de silencio, las motivaciones que lo llevaron a tomar tan importante decisión

Rodrigo Ramón Aquino

Para muchos, el 14 de febrero debe ser el día menos amistoso y menos amoroso para Eduardo Robledo Rincón, quien en una fecha similar, pero de 1995, renunció al cargo de Gobernador Constitucional del Estado de Chiapas; esto tan solo 66 días después de haber rendido protesta.
La historia ha sido un tanto injusta con él; las versiones de este acontecimiento son variopintas, aderezadas con las luces y las sombras de quienes se vieron beneficiados y afectados con la decisión: que si su renuncia fue un triunfo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que si no tuvo el carácter suficiente para oponerse a la instrucción central del gobierno, que si prefirió huir de los problemas, que si esto, que si lo otro…
En estos 20 años, pocas veces, y no más allá de reuniones privadas con colaboradores o militantes de partido, sobremesas familiares o alguna esporádica actividad académica, repetimos, pocas veces, se ha escuchado la voz de quien fue valioso activo para el Partido Revolucionario Institucional al ser diputado federal, senador de la República, gobernador del estado, embajador de México en Argentina y secretario de la Reforma Agraria.
En este punto valdría recordar que 1994 no sólo fue el año del levantamiento armado, sino, también, un año electoral. Siendo senador de la República, a Eduardo Robledo Rincón lo postularon como candidato del PRI a la gubernatura. La campaña estuvo marcada por la insurrección, además de la crisis política nacional derivada del asesinato del candidato presidencial tricolor y uno de los principales apoyos de Robledo: Luis Donaldo Colosio Murrieta.
La historia electoral de aquel año la podemos resumir en un párrafo: El EZLN se manifestó abiertamente a favor del candidato de oposición, el periodista Amado Avendaño. Al no lograr el triunfo esperado acusaron un fraude electoral y anunciaron la ruptura del diálogo por paz con el gobierno federal. Finalmente, soltaron la advertencia: si no se va Robledo, no reanudamos el diálogo.
Sobre aquel año, el periodista, poeta, traductor y miembro del staff de prensa en aquella campaña, Adolfo Ruiseñor, recuerda que Eduardo Robledo Rincón decidió iniciar su campaña en la Sierra Madre de Chiapas, en la localidad El Malé, del municipio de El Porvenir.
Justo el mismo sitio donde hacía más de 25 años, cuando gobernaba el estado el doctor Manuel Velasco Suárez, había iniciado su trayectoria como promotor social al lado de su esposa, ambos pasantes de sus carreras universitarias, él abogado, ella odontóloga. Proyecto al que se sumaron otros chiapanecos con nuevos y encendidos ánimos de construir un nuevo Chiapas, sin miseria ni enfermedades.
“Su proyecto de ‘La casa de los cuatro horcones’, una metáfora de la forma en que se tenía que construir y reconstruir Chiapas, sirvió de base para establecer lo que se conoció como el ‘Pacto de Malé’, donde aquel grupo de jóvenes chiapanecos que lo había acompañado en sus tareas de servicio social, hicieron el juramento de que si alguno de ellos llegaba a la gubernatura del estado, lo haría sirviendo a la entidad con un nuevo esquema social y político, fuera de la marginación y la miseria. Le tocó a Eduardo encabezar esos ideales y tratar de llevarlos a cabo.”
Efectivamente, a comienzos de la década de los 60, grupos de jóvenes profesionistas arribaron al estado para brindar su servicio social. En 1971, luego de casi una década de experiencias y trabajo en la Sierra Madre de Chiapas, se firmó el Pacto del Malé. Una convocatoria al esfuerzo colectivo de los campesinos con sus autoridades y 100 jóvenes estudiantes voluntarios de la UNAM, del Politécnico y de la Universidad Autónoma Chapingo para trabajar y mejorar las condiciones de vida de los serranos.
“En aquella época, el doctor Manuel Velasco Suárez, gobernador en funciones, instauraba por primera vez en la historia del gobierno de Chiapas los programas sociales que eran políticas públicas planificadas para las zonas más pobres de la entidad, como Los Altos, Selva y Sierra. Acciones como el recordado Programa de Desarrollo Socioeconómico de Los Altos de Chiapas (Prodesch) en los años 70, liderado por un joven médico, el doctor José Manuel Velasco Siles, padre fallecido del actual Gobernador del Estado.”
De acuerdo a Ruiseñor, el Prodesch funcionaba atendiendo exclusivamente las demandas y requerimientos de las comunidades indígenas, por ello su acción fue penetrante, justiciera, promisoria. Y va más allá al afirmar que los indígenas identificaron al Prodesch como su casa de gestión y salvaguarda de sus derechos. “De haber continuado, la marginación en Chiapas ya estaría diezmada considerablemente y la rebelión del EZLN jamás hubiera ocurrido; paradoja del destino”.

Las motivaciones
El pasado 11 de febrero de 2015, al ex gobernador Eduardo Robledo se le confirió el grado de Doctor Honoris Causa en reconocimiento a su obra como promotor y creador de la Universidad de Ciencias de Artes de Chiapas (Unicach), así como por su trayectoria en el servicio público y sus méritos académicos.
Al tomar la palabra, en el Auditorio Universitario de la Unicach, y ante la presencia del gobernador del estado, Manuel Velasco Coello —en su calidad de testigo de honor—, de académicos, comunidad estudiantil, funcionarios de gobierno, legisladores, familiares y amigos, el distinguido icachense y ahora unicachense reflexionó sobre la situación política y social del país, pero, también, y aprovechando los reflectores, dedicó algunos minutos a uno de los capítulos fundamentales no sólo de su carrera, sino de la vida política del estado: su renuncia al cargo de gobernador.
De lo expuesto en su discurso podemos recapitular que ante la crisis política y social de aquel aciago 1994, el gobernador electo propuso un nuevo pacto social. Un pacto entre chiapanecos para construir la paz y la concordia. Un pacto articulado desde un gobierno plural, con actores de diferentes orientaciones ideológicas que reflejara las diversidades de la sociedad (se recordará que fueron reclutados Eraclio Zepeda como secretario general de Gobierno, Enoch Araujo como contralor, y Valdemar Rojas como secretario de Salud, entre otros destacados chiapanecos).
Con esta estrategia se buscaba que la política, que había fallado en atender las causas que llevaron al levantamiento zapatista, recuperara su valor. Para ello se propusieron herramientas de democracia directa (Robledo presentó iniciativas para regular el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la consulta a la sociedad en torno al desempeño del gobierno), hacer frente al problema de la tenencia de la tierra desde una lógica de justicia redistributiva, reconocer la diversidad de Chiapas y el valor de sus pueblos indios. En una frase: se buscaba paz digna y duradera.
(Nos detengamos un momento aquí. Apelo a su complicidad amable lector, lectora, para que realicemos juntos un ejercicio de forma. Imaginemos que tenemos en frente al ex gobernador y podemos, por fin, hacer esas preguntas que no han tenido cabal respuesta a lo largo de varios lustros. Intentemos, pues, escuchar su voz):
—Si desde entonces se tenían claros los conceptos de gobierno plural y se planteaba una nueva forma de hacer política a partir de lo que usted llamó “nuevo pacto social” (ideas que, por ciento, aún se encuentran en la discusión nacional), ¿qué falló?
—El día 9 de febrero de 1995, desde instancias nacionales, se dio a conocer un cambio en la ruta, un cambio que se alejaba de la solución pacífica y política de los problemas de Chiapas (el ex mandatario se refiere al día en que dieron a conocer la identidad del Sub Comandante Marcos y el inicio de una lógica policiaca contra el zapatismo). Yo no compartía esa nueva ruta. Yo no coincidía en que la paz de la mayoría de los chiapanecos se construyera hiriendo la dignidad de otros chiapanecos. Ante estos hechos, ante la posibilidad de que se instalara nuevamente un escenario de enfrentamientos, comprendí que todos los actores políticos y sociales estábamos obligados a demostrar nuestro compromiso con la paz. Demostrarlo con acciones concretas.
—¿Una acción concreta fue renunciar?
—Era el tiempo de aportar para pacificar a Chiapas. Siempre expresé que gobernaría seis años o un día, pero con la dignidad que el pueblo de Chiapas merece. Por eso, el 14 de febrero de 1995 decidí separarme del cargo de gobernador del estado. Esa fue mi contribución. Ratifiqué mi oferta política: Por la Paz de Chiapas, todo. Hasta los más hondos anhelos de vida.
—Oiga, ¿y al paso del tiempo, ya dos décadas, y después de tanto que se ha dicho de usted, no se arrepiente de su decisión?
—Todos debíamos darlo todo por Chiapas. Nadie tenía derecho a escatimar esfuerzo alguno por la paz. Cada quien hizo lo que creyó que debía de hacer y no me corresponde a mí evaluar esas decisiones. Sólo me corresponde compartirles mi convicción: Escogí el mejor camino. Si yo volviera a estar en una situación similar, tomaría la misma decisión.

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