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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Tuxtla, vivir con temor

Recuerdo que con mi padre solíamos pasear a caballo por las calles de Tuxtla. Vivíamos a las orillas de la ciudad. Ya eso es historia, histeria invadida por la mancha urbana y el crecimiento desordenado por invasiones o predios urbanizados “lotificados” por manchas de cal, sin electricidad, drenaje ni agua potable. Políticos irresponsables canjearon por años votos por promesas y así es que se construyó donde no debía construirse y la ciudad se volvió esclerótica y desarticulada socialmente. La gente de las llamadas colonias populares todavía se alquila para los mítines. Se volvieron la fiel militancia del partido en turno ya fuera rojo, verde, morado. Ellos siguen en la pobreza con carencias en los servicios, los que se han enriquecido han sido los alcaldes.
Hay más cantinas y expendios de cerveza que escuelas, parques, canchas o espacios públicos. Los fines de semana suenan las sirenas de las patrullas porque constantemente suceden hechos violentos. Presidentes vienen y después se van, en ocasiones para saltar a otros espacios pero al fin huir para buscar un mejor lugar donde vivir lo más lejos posible de aquí ya con sus forjas llenas.
Solo hace dos décadas Tuxtla pudo ser otra cosa. Tuvo buenos gobiernos. Llego a ser un buen lugar para vivir. Tuvo futuro. Hoy ya no. No tiene remedio. Sufre y vive en un traumatismo que neurotiza a sus habitantes. Se llenó de escuelas, plazas, plazitas, plazotas, sanatorios, hoteles, hotelitos, taquerias antros, cantinas, comercios, ambulantes, coches, transeúntes, taxis piratas, combis, limpiabrisas, marabaristas, vendechicles y vendedrogas, protestantes, prostitutas, plantonistas, marchistas, invasores, agiotistas, naturistas, fayuqueros y normalistas que un día si y otro también se divierten ante la pasividad de las autoridades, destruyendo, pintarrajeando, incendiando o secuestrando autobuses y transportes privados.
Los espacios públicos sobreviven a cuestas. Las calles, siempre las calles, son más dignas en vez de carros para carretas. Y de unos pocos años para acá, la violencia. Y esa si que arrebata la poca paz que apenas se respira. Antes la leíamos en la prensa, hoy nos la relatan en carne propia nuestros vecinos y amigos cercanos. Una joven secuestrada, asesinada; un señor despojado y asesinado comprando un botellón de agua para casa. En sucursales bancarias y cajeros es toda una cacería. Ahora motociclistas ejecutan en las narices de todos por arrebatar dinero. Lo último y doloroso, una joven directora de escuela, ejecutada a pleno día, una vida cercenada y fotos circulando en las redes sociales ante el pasmo de los que aun cohabitamos y sobrevivimos en esta ciudad. Y no hay nada peor que vivir con temor.
Urge recuperar nuestra paz y nuestra convivencia social. Escuche a Trump “felicitar” a México porque mandó 21 mil Guardias a la frontera sur. Pero Tapachula y Tuxtla siguen asediadas por la delincuencia. ¿Dónde están? ¿Qué no se supone que se creo para brindarnos seguridad? Todos los días las autoridades se reúnen a hablar de temas de seguridad. Que tomen ya cartas en el asunto antes de que las cosas se sigan descomponiendo aún más.

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