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A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Si el presidente quisiera…

A 10 meses de gobierno, las cosas no podrían estar peor. La delincuencia va al alza, al grado de alcanzar una cifra de alrededor de 38 mil homicidios dolosos. Supera en el mismo periodo por más del doble a EPN y triplica a Felipe Calderón. La economía va a la baja al con cero crecimientos y un desempleo rampante. Se vive una recesión derivada de dos trimestres consecutivos en las mismas condiciones. No hay circulante. No hay inversión. No hay gasto público y las medidas de austeridad ahorcan diversos programas y el buen funcionamiento de algunas dependencias. El subejercicio presupuestal ronda los 240 mil millones de pesos. Los municipios reciben migajas, pero el gobierno federal les pide apretar cinturones e incrementar sus impuestos.
Hoy se pretende justificar o encubrir la crisis económica aduciendo que países como Alemania han entrado en recesión y repercuten en la economía mexicana. Ciertamente esos vaivenes no son ajenos pero la razón principal es haber frenado de tajo al satanizado modelo neoliberal con medidas populistas y leyes draconianas en materia fiscal que arrinconan a los contribuyentes. Se dijo que no habría más impuestos, pero eso no es cierto. Le están metiendo el diente a diversas contribuciones como las ventas y servicios digitales o el pago de derechos por salir o ingresar al país. Y no es poca cosa a pesar de que dichos tributos se dispersan entre un número importante de contribuyentes de tal manera que se acumulan bolsas importantes de dinero.
Un día sí, y otro también, se acumulan las malas noticias y eso no es producto de la imaginación de la prensa que a diario descalifica el presidente con toda clase de epítetos. Son cifras reales de las propias instituciones del gobierno como el Banco de México, la Secretaria de Hacienda o el INEGI. Antes lo previeron las calificadoras de riesgo cuyos pronósticos definen los criterios para los inversionistas. Ha descendido la inversión extranjera y la nacional se encuentra casi paralizada. Al grito de auxilio los grandes capitales se toman la foto socarrona sonriendo de dientes para afuera sin el menor ánimo de invertir o arriesgar sus capitales. Buscan congraciarse para que no los alcance el dedo flamígero del SAT o la unidad de inteligencia financiera que juega a congelar cuentas como si el Chapulín Colorado les hubiera prestado su chicharra paralizadora. Sino pregúntele a Enrique Guzmán que ya no puede ni pagar en un Oxxo con su tarjeta de crédito. Toda la inversión programada en el sector energético se vino para abajo por la contrareforma aprobada por el partido gobernante. A falta de circulante la industria automotriz registra consecutivamente una caída vertiginosa. Como efecto de esa parálisis cae la recaudación hacendaría. De por si el dinero no alcanza. Todo por el capricho suicida de cumplir con las promesas de campaña, aunque algunas quedaron en el tintero. El ansia de ganar multiplicó los ofrecimientos y las promesas. Se necesita dinero para los programas asistenciales y los megaproyectos. Contra todas las predicciones de expertos se construye Dos Bocas. No alcanzará ni el dinero ni el tiempo y todo se basa en el voluntarismo del presidente y un gabinete que no se atreve a decirle que no. Que no se puede, que no se debe. Al Tren Maya nadie le quiere entrar. No es negocio. Solo el gobierno que además tiene que sortear una serie de escollos legales, ambientales y sociales. Santa Lucia va porque va. Porque me canso ganso. No hay proyecto. No hay aval de los organismos internacionales en materia aeronáutica, ni consenso con las aerolíneas que desde hoy advierten la complejidad logística que representa operar en tres aeropuertos. Eso impactará directamente en el bolsillo de los usuarios. Serán los paganos. Se restará competitividad al sector turístico.
El presidente enfrenta ahora la complejidad de gobernar. No es lo mismo ser oposición que ser gobierno. Los infortunios están a la orden del día. Culpar al expresidente Calderón y al neoliberalismo de todos los males que asolan al país, es un artificio que ya se está agotando. Aun así, la base social que lo apoya se sostiene por un principio de fe. Si las encuestas son ciertas, nos enfrentamos a fenómeno catatónico colectivo. Pero la Margarita se está deshojando. Por si fuera poco, la pugna interna en Morena no augura buenos pronósticos. No se solventará con elegir por encuestas. Luego viene la lucha por las candidaturas y será encarnizada.
Es hora de rectificar. Si el presidente quisiera podría echar atrás el aeropuerto de Santa Lucia y dejar que los empresarios concluyan con su dinero el NAIM Texcoco. SI el presidente quisiera podría revertir o moderar las leyes draconianas que aterrorizan a los contribuyentes. Si el presidente quisiera rectificaría su postura para enfrentar a la delincuencia y al crimen organizado. Si el presidente quisiera moderaría su discurso en contra de la prensa, los empresarios y el ejército. Si el presidente quisiera podría dar un golpe de timón y sumar a la mayoría de los mexicanos para frenar la hecatombe…
El problema es, que no quiere.

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