Advierte especialista que los ronquidos intensos pueden ocultar apnea del sueño

Las pausas respiratorias fragmentan el descanso y reducen la oxigenación; sin diagnóstico ni tratamiento, el trastorno puede afectar el corazón, la memoria y la seguridad durante el día

AquíNoticias Staff

Roncar con fuerza no siempre significa tener apnea del sueño, pero tampoco debe normalizarse cuando se acompaña de pausas respiratorias, jadeos, despertares con sensación de asfixia o cansancio persistente durante el día.

La apnea obstructiva del sueño ocurre cuando la vía aérea superior se estrecha o colapsa repetidamente mientras la persona duerme. Cada interrupción puede disminuir la entrada de aire, alterar la oxigenación y obligar al cerebro a producir breves despertares para recuperar la respiración. El resultado es un sueño fragmentado, aunque la persona no recuerde haberse despertado.

“Es un trastorno respiratorio nocturno caracterizado por pausas repetidas en la respiración durante el transcurso de la noche. Estas interrupciones bloquean el paso de oxígeno hacia los pulmones debido al colapso de los músculos de la garganta, fragmentando el descanso”, explicó Francisco Javier Saynes Marín, especialista en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello del Hospital Ángeles Metropolitano.

Una de cada 10 personas adultas podría padecerla

El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias estima que una de cada 10 personas adultas en México podría vivir con apnea obstructiva del sueño. La cifra no significa que todos esos casos estén diagnosticados: una parte de la enfermedad permanece sin identificar porque el ronquido se considera habitual o el cansancio se atribuye al trabajo y al ritmo cotidiano.

El sobrepeso y la obesidad representan factores importantes en México, debido a que la acumulación de tejido alrededor del cuello puede favorecer el colapso de la vía respiratoria durante el sueño. Sin embargo, la apnea también puede aparecer en personas sin obesidad por características anatómicas, edad, antecedentes familiares u otras condiciones médicas.

Las señales ocurren de noche y de día

Los síntomas nocturnos más reconocibles son los ronquidos fuertes, las pausas respiratorias observadas por otra persona, los jadeos o ahogos, el sueño inquieto y los despertares frecuentes.

Durante el día pueden aparecer somnolencia, dolor de cabeza al despertar, dificultad para concentrarse, fallas de memoria, irritabilidad y menor rendimiento laboral o escolar. No todas las personas presentan las mismas señales ni el ronquido basta para confirmar el diagnóstico.

Una pareja o integrante de la familia puede detectar lo que la persona dormida no percibe. Grabar un episodio puede ayudar a describirlo durante la consulta, pero un video doméstico no sustituye la valoración médica ni el estudio del sueño.

El daño no se limita al descanso

La apnea no tratada se asocia con hipertensión difícil de controlar, enfermedades cardiovasculares, infarto, alteraciones del ritmo cardiaco y accidente cerebrovascular. Las caídas repetidas de oxígeno y los despertares nocturnos pueden elevar la presión y someter al sistema cardiovascular a esfuerzos continuos.

También puede afectar la capacidad para recordar, concentrarse, decidir y controlar el comportamiento. La evidencia médica la relaciona, además, con diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos, aunque el riesgo individual depende de la gravedad, el peso, la edad y las enfermedades coexistentes.

La somnolencia diurna agrega un riesgo inmediato. Una persona que lucha por mantenerse despierta puede disminuir su atención al conducir, manejar maquinaria o realizar trabajos que exigen vigilancia constante. Los organismos de seguridad laboral recomiendan buscar evaluación cuando el cansancio persiste pese a dormir suficientes horas.

Un cuestionario no confirma la enfermedad

La evaluación comienza con los síntomas, los antecedentes clínicos y la exploración de la vía aérea. Los cuestionarios permiten identificar a personas con mayor probabilidad de presentar apnea, pero no deben utilizarse por sí solos para establecer el diagnóstico.

La polisomnografía registra durante el sueño la respiración, la oxigenación, el ritmo cardiaco, la actividad cerebral y otros parámetros. En pacientes seleccionados también puede utilizarse una prueba domiciliaria indicada e interpretada por personal especializado.

El estudio permite conocer cuántas apneas e hipopneas ocurren por hora, cuánto disminuye el oxígeno y qué tan fragmentado está el descanso. Con esos datos se determina la gravedad y se elige el tratamiento.

El tratamiento no es igual para todas las personas

La presión positiva en la vía aérea —PAP, incluida la modalidad CPAP— es uno de los tratamientos principales. Una mascarilla proporciona aire con presión suficiente para evitar el colapso de la garganta mientras se duerme. Las guías la recomiendan especialmente cuando existe somnolencia excesiva, deterioro de la calidad de vida o hipertensión asociada.

Los dispositivos de avance mandibular mantienen la mandíbula ligeramente adelantada para ampliar el espacio respiratorio. Deben ser personalizados por profesionales calificados y pueden considerarse cuando una persona no tolera la CPAP o prefiere una alternativa, siempre después de recibir un diagnóstico.

La cirugía no constituye una respuesta automática para cualquier ronquido. Puede valorarse en casos seleccionados, particularmente cuando existen alteraciones anatómicas o cuando la persona no logra utilizar adecuadamente la presión positiva. La decisión requiere una evaluación integral por especialistas en sueño y vía aérea.

Reducir peso cuando existe sobrepeso, limitar el alcohol, dejar de fumar y mantener hábitos saludables puede disminuir factores que favorecen la obstrucción. Estas medidas complementan el tratamiento, pero no reemplazan los dispositivos o procedimientos indicados en casos moderados o graves.

“Hoy en día contamos con múltiples alternativas que se adaptan a la anatomía y gravedad de cada paciente”, señaló Saynes Marín.

Cuándo solicitar una valoración

Conviene acudir a consulta cuando una persona presenta ronquidos crónicos junto con alguno de estos signos:

  • Deja de respirar mientras duerme.
  • Despierta con jadeos o sensación de asfixia.
  • Se levanta con dolor de cabeza o boca seca.
  • Duerme varias horas, pero continúa exhausta.
  • Se queda dormida en reuniones, durante el trabajo o al conducir.
  • Tiene hipertensión difícil de controlar.

“Dormir bien es fundamental para vivir bien. Si usted o su pareja presentan ronquidos crónicos y cansancio extremo durante el día, acuda con un especialista acreditado para una valoración oportuna”, recomendó el médico.

El ronquido puede ser solamente un sonido. Cuando aparece acompañado de pausas respiratorias y somnolencia, se convierte en una señal que merece atención clínica. Detectar la apnea no consiste en silenciar la noche, sino en recuperar la respiración y reducir riesgos que continúan durante el día.

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