Alertan por uso excesivo del celular en niñas, niños y adolescentes

Especialistas advierten que pasar demasiadas horas frente a pantallas puede afectar lenguaje, regulación emocional, sueño, convivencia y salud visual; recomiendan límites claros, acompañamiento adulto y más actividad al aire libre

AquíNoticias Staff

El celular ya no aparece sólo en manos adultas. En muchos hogares también acompaña comidas, tareas, descansos y momentos de espera de niñas, niños y adolescentes. El problema empieza cuando la pantalla deja de ser una herramienta y ocupa el lugar del juego, la conversación, el sueño y la convivencia.

Viridiana Alanís González, directora del área de Psicología de la Clínica Integral de Atención Mental “Pensamiento Mágico”, advirtió que hay menores de edad, incluso en etapa de jardín de niños, que pueden utilizar el celular hasta 12 horas diarias. Esa exposición, señaló, puede relacionarse con retrasos en el aprendizaje, el lenguaje y la regulación emocional.

“La estadística nos dice que, de los 2 años a los 5 años, los niños utilizan aproximadamente tres horas el celular; hay un incremento de los 6 a los 12 años, con aproximadamente 5 a 6 horas diarias, y en la etapa adolescente es donde se dispara alrededor de 8 horas, en promedio, en el celular”, explicó.

La alerta coincide con recomendaciones internacionales. La Organización Mundial de la Salud plantea que niñas y niños menores de cinco años deben pasar menos tiempo sentados frente a pantallas, dormir mejor y moverse más; para menores de un año no recomienda tiempo de pantalla, y para edades de dos a cuatro años sugiere no más de una hora diaria de pantalla sedentaria, con la precisión de que menos es mejor.

La primera infancia es una etapa decisiva. UNICEF señala que 80 por ciento de la estructura cerebral humana se forma entre los 0 y 3 años, y 90 por ciento hasta los 5 años. En ese periodo, hablar, jugar, moverse, escuchar, mirar rostros y convivir son experiencias que construyen desarrollo.

Alanís González también colocó un punto social de fondo: muchas madres y padres trabajan jornadas largas, por lo que el celular termina funcionando como cuidador sustituto. “Si mamá y papá tienen que salir a trabajar para dar el sustento a la familia, ¿quién está formando esos niños? ¿Quién los está educando? Pues, he ahí la respuesta: el celular”, expresó.

La exposición prolongada puede tener efectos visibles en casa y en la escuela. De acuerdo con la psicóloga, algunos menores se aíslan, pierden interés en el contacto social, presentan dificultades para convivir y reaccionan con enojo o irritabilidad cuando se les retira el dispositivo.

En adolescentes, el uso excesivo de pantallas también puede desplazar hábitos básicos. Un estudio difundido por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos advierte que el alto tiempo de pantalla puede reducir actividad física y horas de sueño, dos factores esenciales para la salud.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda a las familias establecer zonas y horarios libres de pantallas, como la mesa, la hora de tareas y el periodo previo a dormir; también aconseja desactivar reproducción automática y notificaciones, mecanismos diseñados para mantener a niñas, niños y adolescentes conectados más tiempo.

La salud visual también está bajo presión. Christian García Moreno, presidente del Colegio Nacional de Optometría Pediátrica, ha advertido sobre el aumento de casos de miopía infantil y ojo seco después de la pandemia, asociado al uso excesivo de celular, tabletas y computadoras, además de la reducción de actividad al aire libre.

El riesgo de miopía preocupa a escala global. La Academia Estadounidense de Oftalmología señala que pasar tiempo al aire libre, especialmente durante la infancia temprana, puede ayudar a desacelerar la progresión de la miopía.

La salida no consiste en satanizar la tecnología. El celular puede servir para aprender, comunicarse y crear. Pero cuando sustituye la presencia adulta, el juego físico, la lectura, el descanso y la convivencia, deja de ser apoyo y se convierte en un obstáculo para el desarrollo.

La recomendación es concreta: retrasar el uso individual del celular en edades tempranas, evitar pantallas durante comidas y antes de dormir, acompañar los contenidos, promover lectura, juego, deporte y actividades al aire libre, y pedir orientación profesional si hay retrasos de lenguaje, aislamiento, irritabilidad intensa, problemas de sueño o molestias visuales persistentes.

La infancia necesita pantallas con límites, pero sobre todo necesita tiempo, palabra, juego y presencia adulta.

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