Audífonos, conciertos y videojuegos: la pérdida auditiva también amenaza a los jóvenes

Más de mil millones de personas de 12 a 35 años están en riesgo por prácticas de escucha inseguras. Zumbidos, oído tapado o dificultad para seguir conversaciones pueden ser las primeras señales

AquíNoticias Staff

La pérdida de audición no comienza necesariamente en la vejez. La exposición repetida a música alta en auriculares, conciertos, festivales, videojuegos y otros ambientes ruidosos puede dañar progresivamente las estructuras del oído interno, incluso antes de que una persona advierta que escucha menos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de mil millones de jóvenes de entre 12 y 35 años están en riesgo de sufrir una pérdida auditiva prevenible debido a prácticas de escucha inseguras, entre ellas el uso de dispositivos personales a volúmenes elevados y la exposición frecuente a espacios recreativos con sonido intenso.

El daño puede ser gradual. Una persona puede seguir oyendo y, al mismo tiempo, comenzar a tener dificultades para entender conversaciones, distinguir algunas palabras entre el ruido o necesitar subir cada vez más el volumen de sus dispositivos.

¿Cuánto ruido es demasiado?

Una conversación normal ronda los 60 decibeles (dB). El riesgo aumenta conforme suben tanto la intensidad como el tiempo de exposición.

El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos (NIDCD) señala que la exposición prolongada o repetida a sonidos de 85 dBA o más puede provocar pérdida auditiva. Como referencia, la música a máximo volumen mediante auriculares, los eventos deportivos y los conciertos pueden situarse aproximadamente entre 94 y 110 dBA.

La OMS advierte que el tiempo importa tanto como el volumen: a un promedio de 80 dB, estima un margen de escucha segura de hasta 40 horas por semana; a 85 dB, baja a unas 12 horas y media, y a 90 dB, a cuatro horas semanales.

Por eso no existe únicamente un volumen “peligroso”. La combinación entre qué tan fuerte se escucha y durante cuánto tiempo determina buena parte del riesgo.

Ese zumbido después del concierto sí importa

Después de una exposición intensa pueden aparecer zumbidos, sensación de oído tapado o una reducción temporal de la audición.

Que desaparezcan unas horas después no significa necesariamente que el oído haya salido indemne.

La OMS explica que la exposición a sonidos fuertes puede fatigar las células sensoriales del oído y ocasionar tinnitus o disminución temporal de la audición. Cuando estas exposiciones se repiten, el daño puede llegar a ser permanente e irreversible.

El NIDCD advierte además que incluso cuando la audición parece regresar a la normalidad uno o dos días después, investigaciones recientes apuntan a que puede persistir daño a largo plazo.

Señales que no deberían ignorarse

Pedir con frecuencia que repitan una frase, tener problemas para entender conversaciones en restaurantes, salones de clase o reuniones, escuchar sonidos amortiguados o aumentar constantemente el volumen pueden ser indicios de una alteración auditiva.

También requieren atención el zumbido persistente, la sensación frecuente de oído tapado y una disminución perceptible de la audición después de exponerse a música o ruido intenso.

El NIDCD identifica entre las señales de pérdida auditiva inducida por ruido la dificultad para comprender el habla, la necesidad de aumentar el volumen y la aparición de tinnitus.

Si existe secreción, sangrado, dolor intenso o pérdida súbita de audición, la valoración médica no debe posponerse.

El daño por ruido sí puede prevenirse

La pérdida auditiva inducida por ruido tiene una característica importante: puede prevenirse.

Reducir el volumen de los auriculares, limitar el tiempo de exposición, alejarse de bocinas y otras fuentes intensas de sonido y utilizar protección auditiva en conciertos o ambientes especialmente ruidosos disminuye el riesgo.

La OMS recomienda además que conciertos y eventos mantengan un nivel promedio máximo de 100 dB, vigilen los niveles de sonido y ofrezcan protección auditiva y zonas de descanso para los asistentes.

No se trata, por tanto, de dejar de escuchar música, jugar videojuegos o asistir a conciertos, sino de hacerlo sin acumular exposiciones capaces de deteriorar la audición.

No todas las pérdidas auditivas son iguales

La hipoacusia puede tener diferentes causas y grados. También puede originarse por enfermedades, infecciones, alteraciones del oído medio y otros problemas que requieren una valoración específica.

Dependiendo del origen y la severidad, existen alternativas que van desde auxiliares auditivos hasta dispositivos de conducción ósea e implantes cocleares para personas que cumplen determinados criterios clínicos.

La elección de cualquier tratamiento requiere diagnóstico especializado. Un implante coclear, por ejemplo, no equivale a recuperar una audición normal, pero puede proporcionar acceso al sonido y mejorar considerablemente la comunicación en pacientes seleccionados.

La OMS calcula que para 2050 cerca de 2 mil 500 millones de personas podrían presentar algún grado de pérdida auditiva y más de 700 millones requerir rehabilitación.

Para quienes hoy tienen 15, 20 o 30 años, el cuidado de la audición ya no puede reservarse para después.

El oído también acumula las consecuencias del volumen.

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