Belmont’s Curse apuesta por un metroidvania clásico en estructura, pero introduce investigación mediante cartas del tarot, siete familias de armas y una protagonista diseñada para el combate ágil y la exploración
AquíNoticias Staff
Castlevania vuelve el 15 de octubre con una nueva protagonista, una París de 1499 tomada por demonios y una propuesta que no pretende reinventar el metroidvania, pero sí recuperar con solvencia una fórmula que la propia saga ayudó a construir.
Castlevania: Belmont’s Curse, desarrollado por los equipos detrás de Dead Cells y The Rogue Prince of Persia, pone al jugador en el papel de Rose Belmont, hija de Trevor Belmont, quien debe abrirse paso por una ciudad francesa colapsada por vampiros, criaturas sobrenaturales y personajes históricos reinterpretados como monstruos.
Las primeras impresiones publicadas tras una demostración avanzada en Gamescom colocan al juego cerca de referentes contemporáneos como Hollow Knight, especialmente por la estructura de exploración, los puntos de descanso y curación y el progresivo desbloqueo de habilidades. La diferencia está en cómo Castlevania intenta apropiarse nuevamente de un género al que ayudó a dar forma desde Symphony of the Night.
Rose comienza con una movilidad considerable. Puede realizar doble salto, impulsarse entre paredes, agarrarse a salientes, deslizarse y ejecutar evasiones encadenadas. Ese repertorio permite que los escenarios funcionen tanto como campos de combate como rompecabezas espaciales.
La primera parte de la aventura atraviesa alcantarillas, catacumbas, instalaciones militares, cuevas y grandes construcciones subterráneas mientras la protagonista busca una entrada hacia París. Los escenarios están interconectados y permiten habilitar atajos, encontrar accesos ocultos y regresar posteriormente a espacios que inicialmente parecen inaccesibles.
La exploración conserva así uno de los principios centrales del metroidvania: mirar una puerta, una plataforma o un camino cerrado y saber que probablemente habrá que volver cuando el personaje disponga de una nueva capacidad.
El combate mantiene la misma lógica de movilidad. Durante esta versión preliminar únicamente pudo probarse la espada, aunque el juego contará con siete familias de armas, cada una con movimientos especiales que deberán dominarse para enfrentar salas de desafío y jefes.
También habrá un bestiario amplio. Zombis, soldados, arqueros, guerreros pesados, insectos gigantes y muertos vivientes explosivos aparecen progresivamente para evitar que el jugador se acostumbre demasiado rápido a una única rutina de combate.
Uno de los elementos más particulares de Belmont’s Curse está en las cartas del tarot.
Durante la exploración, Rose encuentra espíritus que proporcionan información acerca de los grandes monstruos que controlan diferentes zonas. Las pistas quedan registradas en las cartas heredadas de su madre y deben seguirse para localizar a cada enemigo principal.
El sistema convierte la búsqueda de los jefes en una pequeña investigación. No basta necesariamente con avanzar hasta encontrar una arena de combate: habrá que interpretar información, activar determinados mecanismos y reconstruir el camino hacia las criaturas.
La derrota de esos grandes enemigos también tiene consecuencias sobre la exploración.
El primero de los jefes mostrado en la demostración desbloquea un gancho que Rose puede utilizar para acercarse a los enemigos, atraerlos y acceder a nuevas zonas. Si esta lógica se mantiene durante la aventura, cada enfrentamiento importante podría ampliar las posibilidades de movimiento y transformar lugares anteriormente recorridos.
Los jefes derrotados, además, pueden incorporarse como arcanos del tarot e intervenir posteriormente en las conversaciones, un recurso con el que el juego pretende reforzar su componente narrativo sin detener constantemente la acción.
Visualmente, el regreso de Castlevania recupera el gusto de la franquicia por mezclar belleza y monstruosidad. La versión mostrada apuesta por escenarios coloridos y detallados, criaturas grotescas y una representación de París que permanece en segundo plano como una ciudad permanentemente al borde del colapso.
La propuesta, al menos en sus primeras horas, parece consciente de una dificultad particular: Castlevania regresa a un mercado lleno de juegos que aprendieron precisamente de Castlevania.
Por eso Belmont’s Curse no intenta vender la estructura como una revolución. Plataformas, exploración interconectada, reliquias, curación y habilidades que abren nuevos caminos son elementos familiares para cualquier jugador habitual del género.
La apuesta está en ejecutarlos bien y acompañarlos de suficientes elementos propios para recuperar una identidad que durante años permaneció prácticamente ausente de los grandes lanzamientos de Konami.
Castlevania: Belmont’s Curse llegará el 15 de octubre a PC, PlayStation 5, Xbox Series y Nintendo Switch. La versión de Switch funcionará a 30 cuadros por segundo, según la información disponible en la demostración.
Después de años viendo cómo otros juegos desarrollaban y modernizaban la fórmula que Castlevania ayudó a popularizar, la saga está a punto de enfrentarse a una pregunta inevitable: ¿todavía puede competir con los metroidvania que crecieron siguiendo sus pasos?
Las primeras impresiones apuntan a que sí.








