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Cempasúchil, una tradición que no dejan marchitar

Cempasúchil, una tradición que no dejan marchitar

Los productores de la majestuosa e icónica flor afirman que no es un negocio muy redituable, pero vale la pena verla adornando en las festividades del Día de Muertos

Ana Liz Leyte / Aquínoticias

En colonias de Chiapa de Corzo que se encuentran al margen del río Grijalva puede observarse el sembradío de flor de Cempasúchil y la conocida “flor de seda”, ambas utilizadas en las festividades del Día de Muertos.

Don Alberto Pérez Pérez, productor chiapacorceño de ambas flores, lleva más de 25 años dedicándose a la producción de esta representativa flor, la cual la distribuye principalmente en Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas.

Lejos de las ganancias que esta flor pueda generarle, lo hace para preservar las tradiciones, pues asegura que las ganancias por la venta de las mismas van de los mil 500 a los dos mil pesos.

“Lo sembramos en el mes de agosto, para que salga en esta fecha la cosecha… si no hay mucha cosecha se vende hasta 100 pesos y si hay bastante a 40 o 50, ahorita lo que tenemos pena es que no se vaya a hacer negra la flor porque está lloviendo y eso perjudica la planta, se hacen negros los pétalos, se acaba la flor”.

Cultura y tradición

Esta flor es originaria de México, su nombre proviene del náhuatl “Cempohualxochitl” que significa: Flor de 20 pétalos.

Una de las tradiciones más representativas en el Día de Muertos es la velada que realizan familiares en los diferentes cementerios desde la noche del 1 de noviembre.

Las leyendas indican que, los familiares esperando que, guiados por la flor de cempasúchil, sus fieles difuntos regresen al mundo de los vivos a comer y beber sus alimentos preferidos en los altares que les ofrecen sus familiares.

En diferentes municipios del país, se acostumbra a llegar a los panteones de noche para “velar” a sus muertos, iluminando con velas y coloreando de amarillo y naranja las tumbas de sus familiares difuntos y es que señalan, que durante la época prehispánica, los mexicas asimilaban el color amarillo de esta flor con el sol, por ello, la utilizaban en los altares, ofrendas y entierros dedicados a sus muertos.

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