Chiapas desde el Senado / Zoe Robledo

Rosario nos platica: el tema es Jorge Luis Borges

[dropcap]R[/dropcap]osario Castellanos siempre fue una lectora prodigiosa. A diferencia de lo que comúnmente se conoce de nuestra escritora (su obra escrita), lo real es que ella fue una lectora sistemática, académica y, por eso mismo, una mujer erudita en la literatura universal: la mexicana sobre todo.
Rosario nos platica un cuento de Jorge Luis Borges. «La intrusa», en donde dos hermanos se hacen de una mujer y la comparten en todos los planos. Ella, la mujer (Juliana) era vista como una cosa y, por eso mismo, no había problema en compartirla sexualmente: «Si querés, usala».
Como era una cosa —señala Rosario— no tenía nada de malo compartirla. Como era una cosa, no tenía nada de malo venderla a un prostíbulo. Pero, como era una cosa, a pesar de todo, existía, y todo lo que existe puede, en un momento dado, convertirse en un estorbo. Cuando Juliana se volvió piedra de tropiezo de los hermanos, concluyeron que lo más conveniente es deshacerse de ella y la matan. Después de lo cual «…se abrazaron casi llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla…»
La forma en que Rosario nos sintetiza la historia habla de una verdadera maestría narrativa y nos hace entrever la capacidad crítica de la chiapaneca. Al platicarnos el cuento nos plantea una pregunta ¿Borges era misógino?, es decir: detestaba a las mujeres?. Para Rosario ese asunto de la supuesta misoginia borgiana no es importante. Entre seria y juguetona, nos recuerda que lo importante es la obra y no la personalidad del autor, pero… no tanto.
Rosario intenta un retrato «humano» del escritor Borges. Es decir, lo aparta de la leyenda del niño que aprende inglés al mismo tiempo que su lengua materna. Nos conduce por el laberinto de su madre, en una apreciación que parece tomada de un Edipo real. Rosario, como Carlos Argentino de El Aleph, nos sirve de guía para entender a un Borges que se casa con una señora que lo ha esperado medio siglo. Pero esta señora, no es Penélope, la esposa de Ulises que esperó el regreso del héroe tejiendo y destejiendo, en aquel conocido pasaje de las «argucias». Esto es, de las mañas de la heroína para evitar los cortejos de los nobles griegos que no habían ido a la guerra de Troya, sino que se habían quedado a buscar sus favores.
A diferencia de Penélope, la esposa tardía de Borges no aguardó al galán tejiendo telas para distintas vestimentas, sino casándose con otro señor y enviudando a su debido tiempo. La señora dedicó el resto de su tiempo a cuidar a sus hijos y, cuando concluyó su vida familiar, se matrimonió con Jorge Luis. Poco duró la pareja, porque un día Borges tomó sus libros y regresó al seno materno. Borges, que había sido un hombre común y corriente como marido, regresaba al mundo de donde era: el de un escritor fantástico.
Rosario insiste: Borges no solamente pertenecía al mundo borgiano; sino que era de carne y hueso. Sólo que: lo era cuando quería serlo. Nos remite otra vez a los hechos: así nos describe una entrevista para la televisión británica. Borges habla en inglés, pero lo hace como lo haría un mexicano recién llegado a Los Ángeles.
Es decir, Borges, el niño que aprendió inglés en Ginebra, ahora de adulto habla la lengua anglosajona como un latinoamericano. Después, es entrevistado para la radio argentina y ahí vuelve a mostrar el cobre. Habla con un acento argentino, tirando a porteño, y como todo buen latinoamericano manda saludos a sus amigos de Buenos Aires. Borges, el argentino mejor conocido por sus opiniones de renegado, resulta ser un nostálgico de los barrios de Buenos Aires. Con humor argentino recuerda sus días como director de la biblioteca y como inspector en un rastro de pollos. ¡Es un argentino!.
El resumen del cuento «La intrusa» y las situaciones de Borges en Israel que nos platica Rosario, nos hablan de los impresionantes conocimientos de la literatura y de las personas, aun cuando entre estas personas esté ¡Jorge Luis Borges!.
Rosario fue, es, ¡juguetonamente inteligente!

Fuentes
Rosario Castellanos «El informe Brodie: ¿una crónica conyugal?» Y «Soy yo, soy Borges» , en El mar y sus pescaditos, México, Asociación Nacional del Libro, 1977.

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