Las sociedades parecen sentir una particular fascinación por imaginar futuros distópicos. Historias como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, Blade Runner y Mad Max han convertido en referentes culturales los temores sobre el autoritarismo, el colapso social, la tecnología o la supervivencia. Entre este género destaca Children of Men, estrenada en 2006, dirigida por Alfonso Cuarón y basada en la novela homónima de P. D. James. Ambientada en 2027, retrata un mundo en el que, tras 18 años sin nacimientos, la infertilidad altera la economía, la política y la vida social.
México está, desde luego, muy lejos de la distopía imaginada por Cuarón, pero la pregunta que plantea resulta hoy menos lejana: ¿qué ocurre con una sociedad cuando cada vez nacen menos personas? Casi veinte años después del estreno de la película, los datos del INEGI muestran que algunas de esas transformaciones ya comienzan a hacerse visibles en nuestro país. La Encuesta Intercensal 2025 confirma que México envejece, aunque a velocidades distintas. La edad mediana nacional pasó de 29 años en 2020 a 32 en 2025, en Chiapas es de 26 años, mientras en la Ciudad de México alcanza los 37 y en Veracruz y Morelos, 34.
La misma brecha aparece en la fecundidad, la tasa global descendió de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de 2.1. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país, en 2024, Corea del Sur registró una tasa de fecundidad de apenas 0.75 hijos por mujer; España de 1.10; Japón, 1.15; Italia, 1.18 y Francia se mantuvo en con 1.61.
La explicación no puede reducirse a que las nuevas generaciones “ya no quieren tener hijos”. En México, formar una familia deja de ser únicamente una decisión personal y se convierte también en una decisión económica. Bajos ingresos, informalidad, vivienda costosa y servicios de cuidado insuficientes, son algunos de los factores que limitan esta elección.
Para las mujeres, además, la maternidad puede representar un costo laboral. De acuerdo con el IMCO, entre las personas sin hijos la brecha salarial es de 9%; es decir, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer percibe alrededor de 91. Entre madres y padres la diferencia aumenta a 17% y alcanza 30% en empleos de tiempo parcial. A ello se suma el costo directo de la crianza: estimaciones de la Condusef calculan que sólo el embarazo y los primeros meses de vida pueden requerir alrededor de 260 mil pesos. El apoyo institucional sigue siendo limitado. Las madres cuentan, en términos generales, con doce semanas de licencia por maternidad, mientras el permiso de paternidad es de apenas cinco días laborables.
Todo esto ocurre mientras el bono demográfico mexicano pierde fuerza. Durante décadas, una amplia población en edad productiva representó una ventaja para el crecimiento económico, hoy esa ventana comienza a cerrarse, lo que en las próximas décadas ejercerá mayor presión sobre el sistema de pensiones, salud, cuidados y finanzas públicas.
Otros países llevan años intentando responder a la baja fecundidad mediante políticas de apoyo a las familias. Corea del Sur ha combinado transferencias económicas, subsidios para vivienda y servicios de cuidado; Francia mantiene beneficios fiscales, licencias parentales pagadas y una amplia red de atención infantil; los países nórdicos han apostado por licencias más extensas y sistemas públicos de cuidados, mientras Hungría ha privilegiado exenciones fiscales y apoyos para la adquisición de vivienda. Sin embargo, la experiencia internacional muestra que ninguna de estas medidas, de manera aislada, ha logrado revertir de forma sostenida la caída de la fecundidad.
La experiencia internacional muestra que la caída de la fecundidad no se revierte con una sola política ni con llamados a tener más hijos. Para México, el reto es comprender por qué muchas personas que sí desean formar una familia sienten que hoy no cuentan con las condiciones para hacerlo y, a partir de ahí, ampliar la discusión hacia temas como salarios justos, vivienda digna, servicios de cuidado, seguridad social y empleos más estables.
Pensar en las próximas generaciones exige comenzar a construir desde hoy las condiciones en las que podrán desarrollarse. Políticas de Estado, inversión estratégica y proyectos de largo plazo pueden fortalecer el empleo, la productividad, la innovación y el crecimiento. Children of Men imagina una sociedad que descubre demasiado tarde lo que implica perder a sus nuevas generaciones; fuera de la ficción, el reto es anticiparnos y preguntarnos qué país estamos construyendo para recibir a los próximos mexicanos.








