Colesterol alto avanza sin síntomas y solo se detecta con análisis de sangre

Especialistas advierten que el exceso de colesterol puede acumular placa en las arterias durante años; el perfil lipídico permite medir LDL, HDL, colesterol total y triglicéridos

AquíNoticias Staff

El colesterol alto es una condición asociada con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, infartos y accidentes cerebrovasculares. Su principal dificultad es que, en la mayoría de los casos, no causa síntomas visibles hasta que el daño arterial ya está avanzado.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el colesterol alto generalmente no presenta síntomas; la única forma de saber si una persona lo tiene es mediante un análisis de sangre llamado perfil lipídico.

El colesterol es una sustancia grasa necesaria para funciones del organismo, como la producción hormonal y la digestión de grasas. Sin embargo, cuando los niveles son elevados, puede acumularse en las arterias y formar placas que dificultan el flujo sanguíneo. El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos señala que niveles altos de colesterol LDL pueden favorecer la acumulación de placa y aumentar el riesgo de infarto o derrame cerebral.

Los especialistas distinguen dos tipos principales: el LDL, conocido como “colesterol malo”, y el HDL, conocido como “colesterol bueno”. El LDL se relaciona con la acumulación de placa en las arterias, mientras que el HDL ayuda a transportar colesterol hacia el hígado para su eliminación. Mantener un equilibrio adecuado entre ambos es clave para reducir el riesgo cardiovascular.

El problema es que una persona puede vivir durante años con colesterol alto sin saberlo. No existe una señal física confiable que permita detectarlo sin pruebas médicas. Cuando aparecen molestias en el pecho, dificultad para respirar o menor tolerancia al ejercicio, estas pueden estar relacionadas con complicaciones cardiovasculares ya desarrolladas, no con el colesterol alto en sí.

Por ello, la detección preventiva es fundamental. Un perfil lipídico mide colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos, lo que permite valorar el riesgo cardiovascular y decidir si se requieren cambios en hábitos, tratamiento médico o seguimiento especializado.

Las guías de la Asociación Americana del Corazón recomiendan que las personas adultas a partir de los 19 años cuenten con pruebas de colesterol que incluyan colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos. También señalan que el tamizaje en niñas y niños de 9 a 11 años ayuda a identificar riesgos, especialmente cuando existen factores hereditarios.

En algunos casos, el colesterol alto tiene origen genético. Condiciones como la hipercolesterolemia familiar pueden provocar niveles elevados desde edades tempranas. La lipoproteína(a), conocida como Lp(a), también es un factor mayormente hereditario; la Asociación Americana del Corazón señala que niveles altos pueden aumentar el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular y que solo se conocen mediante una prueba de sangre.

Aunque el diagnóstico depende de pruebas clínicas, los hábitos cotidianos influyen en el control del colesterol. Mantener un peso saludable, realizar actividad física, evitar tabaco, cuidar el sueño y seguir tratamiento cuando lo indique personal médico forman parte de las recomendaciones actuales para reducir el riesgo cardiovascular.

El colesterol alto no debe esperarse a que “avise”. Su detección temprana permite intervenir antes de que aparezcan complicaciones. La recomendación central es acudir a revisión médica, solicitar estudios preventivos y mantener seguimiento, especialmente en personas con antecedentes familiares, diabetes, hipertensión, obesidad, tabaquismo u otros factores de riesgo.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *