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Comentando la noticia / Alfonso Carbonell Chávez

Comentando la noticia / Alfonso Carbonell Chávez

¡Otra vez la burra al trigo!

No me queda más, como para sellar mi posición, que recurrir al refranero mexicano para poder explicar o más bien entender, ante lo obtuso de algunas mentes que afortunadamente ya son menos, por ejemplo, que ante la ratificación del T-MEC (Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá) que viene a reformar al TLCAN firmado en 1994, resulta que ahora y ante la imposibilidad evidente de argumentar sus ataques sistemáticos incluso haber apostado que dicho acuerdo comercial no se ratificaría, salen a decir que este tratado (el original) que ahora insisto se actualiza con aspectos tan novedosos como la cibernética o el delicado tema laboral o el medio ambiental que no estaban originalmente, es de la autoría del padre del neoliberalismo Carlos Salinas. Es decir que al ratificarse por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, principal adversario y crítico de Salinas, lo único que hace es darle la razón a su proyecto neoliberal que resulta ser el modelo económico que tanto critica.
Lamento decirles a quienes sostienen tan errado juicio o supuesto, no podían estar más lejos de los motivos o mejor dicho razones de Estado, que llevaron al gobierno de la Cuarta Transformación a firmar un nuevo pacto comercial con Canadá pero sobre todo con EEUU, que ante las amenazas de cancelarlo de manera unilateral por parte del presidente Donald Trump, al estar indexada la economía mexicana a la del poderoso vecino del norte, no actuar en consecuencia es decir explorar fórmulas para contrarrestar la amenaza que cumplida hubiera colapsado el comercio nacional y por ende la economía en su conjunto, obligaba al nuevo gobierno ante un reto de tal envergadura, buscar “negociar” en los mejores términos para México con los países socios, pero básicamente con la administración Trump las mejores condiciones en el entendido que en toda negociación, las partes tienen que ceder en sus posturas en las que no todos ganen todo ni tampoco todos pierdan todo. Así el gobierno mexicano con Marcelo Ebrard a la cabeza en su papel de Canciller de Relaciones Exteriores como su equipo de trabajo y de manera principal el subsecretario para América del Norte Jesús Seade, y claro sin olvidar la participación activa del sector empresarial nacional, se lograron nuevos acuerdos y en otros tantos ya vigentes en el antiguo telcan, le dieron un nuevo rostro a lo que finalmente resultó el llamado t-mec.

El haber optado por una cancelación por parte del gobierno de López Obrador o simplemente no plantear un dialogo dada la asimetría entre ambas economías y me refiero a la mexicana y la estadounidense, la crisis económica-financiera-comercial que ello hubiera provocado, amén de ser una irresponsabilidad gubernamental, habría colapsado al país entero. Empezando por la pérdida de cuentos miles de empleos de todos los sectores productivos como la industria automotriz o la manufacturera. Pero igual del sector agropecuario sobre todo la agricultura de exportación, al aplicarse aranceles de manera indiscriminada y arbitraria insisto ante el tamaño del intercambio comercial entre ambos países (sin contar a Canadá) lo que les significa a ambas economías, un intercambio comercial cercano a los ¡380 mil millones de dólares!, cuya balanza se inclina a favor de nuestro país.

No es, así, que el presidente Andrés Manuel haya optado entre destruir un proyecto neoliberal cuya base fue el desmantelamiento de las áreas estratégicas de la economía como son el agro y de manera criminal el sector energético, cuya caída y abandono en ambos sectores empiezan hoy a estabilizarse incluso a mostrar un ligero incremento en su curva de ascenso productivo. Es así que ante lo evidente e inevitable de continuar con un acuerdo comercial trilateral reformado, se optó sin sesgos ideológicos por pactar un Tratado Comercial que en principio y de manera prioritaria, le garanticen a los trabajadores del agro e industria mexicanos los empleos y a los empresarios e inversores, las garantías y confianza para continuar invirtiendo y generando empleos en el país. Así la actuación eficaz, responsable y de innegable destreza negociadora, ha puesto de nueva cuenta al país en el riel del crecimiento económico sí, pero con desarrollo social. Y con ello, la confianza en un gobierno que piensa en todos se reafirma. Es decir el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, dio muestras una vez más de su gran liderazgo mundial pero sobre todo, indeclinable decisión de que, al ratificar el Tratado, lo hace pensando en el país basado en los principios fundacionales de la transformación de México, y en donde la economía y el comercio, obvia la explicación, sean puntales para alcanzare el crecimiento sí insisto, pero privilegiando una política redistributiva de la renta nacional. Así espero les quede claro aunque por ello decía, es por demás porque; ¡Otra vez la burra al trigo! ¡Me queda claro!

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