Del celular al baile: cómo aprovechar Las Guerreras K-pop para poner pausa a las pantallas

La película no es una guía sobre uso de dispositivos, pero su música, personajes y universo pueden servir a madres y padres para transformar parte del tiempo frente a celulares y tablets en baile, dibujo, juego y convivencia familiar

AquíNoticias Staff

Tablets, celulares, videojuegos y televisión forman parte de la rutina de muchas niñas, niños y adolescentes. El desafío para las familias ya no consiste simplemente en prohibirlos, sino en conseguir que la vida digital no desplace el sueño, el movimiento, las tareas, el juego y la convivencia.

Ahí puede aparecer una aliada inesperada: Las Guerreras K-pop.

La película de Netflix sigue a Rumi, Mira y Zoey, tres estrellas del K-pop que combinan los escenarios con una misión fantástica para proteger a sus seguidores. Su música, coreografías y personajes han trascendido la pantalla hasta generar cantos, bailes, disfraces y actividades entre sus seguidores.

Eso no significa que la cinta enseñe a administrar celulares o tablets. La oportunidad está en otra parte: usar aquello que entusiasma a los chicos dentro de la pantalla para invitarlos a hacer algo fuera de ella.

Que la película no termine cuando se apaga la tablet

Después de ver una canción o una escena, el entretenimiento puede continuar sin dispositivo.

Una coreografía puede convertirse en veinte minutos de baile. Los personajes pueden pasar de la televisión a una hoja de papel. Un micrófono improvisado con cartón puede abrir un pequeño espectáculo en la sala.

Algunas alternativas sencillas son:

  • aprender una coreografía y bailarla en familia;
  • dibujar a Rumi, Mira, Zoey u otros personajes;
  • elaborar pulseras, micrófonos o accesorios;
  • preparar un pequeño espectáculo de K-pop;
  • jugar a inventar nuevas historias con los personajes;
  • establecer momentos concretos para ver contenidos y otros para continuar jugando sin dispositivos.

La idea no consiste en castigar al niño quitándole algo que disfruta. Consiste en ampliar la experiencia.

Si una canción que comenzó en Netflix termina con toda la familia bailando en la sala, la pantalla dejó de ser el destino final y se convirtió en el punto de partida.

No se trata solamente de contar horas

La Academia Estadounidense de Pediatría modificó su aproximación tradicional al llamado “tiempo de pantalla”. Su política actual advierte que el ecosistema digital es más complejo que una simple suma de minutos y recomienda analizar el contenido, el contexto, las características del menor y aquello que el consumo digital está desplazando.

La recomendación para las familias es establecer un plan de uso de medios, definir límites adecuados a sus rutinas y reservar espacios sin dispositivos.

Entre ellos, la AAP propone especialmente las comidas, los dormitorios, el tiempo de tareas y la hora previa a dormir. También recomienda conservar espacio para actividades como movimiento, lectura, juego y convivencia familiar.

Eso cambia la pregunta.

Más que preguntarse únicamente “¿cuántas horas estuvo con la tablet?”, las familias pueden observar:

¿Durmió bien? ¿Jugó? ¿Se movió? ¿Conversó con otros? ¿Hizo sus tareas? ¿Tuvo momentos sin dispositivo?

Poner límites sin convertir la tecnología en enemiga

Una prohibición absoluta puede generar una disputa permanente alrededor del teléfono o la tablet. Una rutina clara permite que el menor sepa cuándo puede utilizar un dispositivo y cuándo toca dejarlo.

También importa el ejemplo.

La AAP recuerda que madres, padres y cuidadores forman parte del mismo ecosistema digital y recomienda crear reglas para toda la familia, no únicamente para los menores.

Si durante la comida los adultos siguen mirando el celular, será más difícil explicar a un niño por qué él debe guardar el suyo.

Por eso una actividad inspirada en Las Guerreras K-pop puede ser útil precisamente porque cambia la lógica: guardar la pantalla deja de significar que terminó la diversión.

Puede significar que empieza el baile.

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