La manikomicina, producida por una bacteria común del suelo, se une a una zona del ribosoma bacteriano que no es atacada por los antibióticos usados actualmente en clínica
AquíNoticias Staff
A partir de una bacteria que puede encontrarse en el suelo, un equipo internacional de científicos identificó un nuevo antibiótico con un mecanismo de acción que podría abrir rutas para enfrentar la resistencia bacteriana.
El hallazgo fue publicado en Nature, donde se describe a la manikomicina —manikomycin, en el artículo científico— como un antibiótico natural producido por Streptomyces rimosus, una bacteria conocida desde hace décadas por generar otros compuestos antimicrobianos, entre ellos la oxitetraciclina.
La importancia del descubrimiento radica en su forma de actuar. La manikomicina se une al sitio E de la subunidad grande del ribosoma bacteriano, una zona poco explorada de la maquinaria celular encargada de fabricar proteínas. Al interferir con ese proceso, la bacteria deja de producir proteínas esenciales para crecer y sobrevivir.
De acuerdo con la publicación, la manikomicina puede actuar contra bacterias gramnegativas resistentes a múltiples medicamentos y no es afectada por mecanismos de resistencia asociados con antibióticos clínicos actuales, lo que la convierte en un punto de partida relevante para el desarrollo de nuevos tratamientos.
La científica mexicana Nora Vázquez-Laslop, profesora del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Illinois en Chicago, forma parte del equipo autor de la investigación, junto con especialistas de instituciones de Canadá, Estados Unidos y Alemania. La Universidad de Illinois en Chicago informó que el compuesto ataca el ribosoma de una manera no observada antes en antibióticos usados clínicamente.
Aunque muchos antibióticos actúan sobre el ribosoma, el elemento novedoso es que la manikomicina se fija en un sitio distinto. Esa diferencia es clave porque las bacterias patógenas han desarrollado defensas frente a blancos ya conocidos, pero no necesariamente frente a este punto específico del ribosoma.
El hallazgo fue posible gracias a nuevas metodologías de detección química que permitieron identificar compuestos producidos en pequeñas cantidades por Streptomyces rimosus. La propia investigación señala que incluso microorganismos estudiados durante décadas pueden esconder moléculas valiosas si se exploran con mejores herramientas.
La sustancia recibió el nombre de manikomicina por la palabra manik, asociada con “piedra preciosa” o “brillante”, en referencia a que se produce en cantidades pequeñas, pero con alto valor científico.
Sin embargo, el compuesto aún no está listo para su uso médico. La Universidad de Illinois en Chicago explicó que la manikomicina no permanece el tiempo suficiente en el torrente sanguíneo para funcionar de manera eficiente como medicamento en animales o personas, por lo que deberá ser modificada y optimizada antes de llegar a una etapa clínica.
Para los investigadores, el valor inmediato del descubrimiento está en conocer su estructura química, su sitio exacto de unión al ribosoma y los genes bacterianos que permiten producirla. Esa información puede servir para desarrollar análogos más estables sin perder el mecanismo de acción que la hace novedosa.
El descubrimiento también confirma la importancia de la colaboración científica. Especialistas de distintos países aportaron técnicas de química, microbiología, farmacología y análisis estructural para identificar y describir un compuesto que permanecía oculto en una bacteria conocida desde mediados del siglo pasado.
Frente al avance de la resistencia antimicrobiana, la manikomicina no representa todavía un tratamiento disponible, pero sí una pista científica importante: la naturaleza aún puede ofrecer nuevas formas de atacar bacterias si la investigación logra mirar más allá de los compuestos ya conocidos.








