Hipertensión, colesterol elevado, diabetes, sobrepeso y tabaquismo pueden aumentar el riesgo cardiovascular durante años sin generar síntomas claros. En México, las enfermedades del corazón continúan como primera causa de muerte
AquíNoticias Staff
Una persona puede sentirse bien y, al mismo tiempo, acumular durante años factores que elevan su riesgo de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca. Ahí está una de las dificultades sociales y médicas de las enfermedades cardiovasculares: parte del daño puede avanzar antes de que aparezca una señal evidente.
Los datos muestran la dimensión del problema. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI citadas en el reporte, las enfermedades del corazón se mantienen como la primera causa de muerte en México. Entre enero y marzo de 2026 se contabilizaron 49 mil 252 fallecimientos, tanto en mujeres como en hombres.
La carga no es nueva. Durante 2024 se registró un promedio aproximado de 93 muertes por enfermedades del corazón cada hora en el país, según los datos incluidos en el informe.
A escala mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que 19.8 millones de personas murieron por enfermedades cardiovasculares en 2022, alrededor de 32% de todas las defunciones. Cerca de 85% estuvieron relacionadas con infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
Las enfermedades cardiovasculares comprenden distintos trastornos del corazón y los vasos sanguíneos, entre ellos enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y padecimientos cerebrovasculares.
El riesgo también puede ser silencioso
Uno de los principales problemas es que factores como la hipertensión arterial pueden mantenerse sin manifestaciones evidentes mientras incrementan progresivamente la posibilidad de sufrir complicaciones.
La doctora Maricarmen Martínez, gerente Médico de Adium, explica que una persona puede convivir durante años con hipertensión, colesterol elevado, diabetes, sobrepeso u obesidad sin sentirse enferma.
Por ello, señala, conocer indicadores como presión arterial, glucosa y colesterol, además de valorar el riesgo cardiovascular con un profesional de la salud, permite detectar problemas antes de que aparezca una emergencia.
Los principales factores de riesgo señalados por organismos internacionales incluyen hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, alimentación poco saludable, inactividad física y consumo nocivo de alcohol.
La prevención, por tanto, no se reduce a hacer ejercicio.
También implica realizar controles médicos cuando corresponda, evitar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada, controlar el peso y cumplir los tratamientos indicados cuando ya existe algún padecimiento.
Cuando el cuerpo sí avisa
Aunque algunos factores permanecen silenciosos, existen síntomas que requieren atención inmediata.
Dolor o molestia en el pecho, especialmente si aparece de manera repentina, puede ser una señal de alarma cuando se acompaña de dificultad para respirar, sudoración fría, náuseas, mareo o debilidad.
El dolor también puede extenderse hacia brazo, hombro, espalda, cuello o mandíbula.
En un accidente cerebrovascular, las señales pueden ser diferentes: alteración repentina del habla, dificultad para comprender, pérdida súbita de fuerza o sensibilidad en el rostro o en una extremidad, cambios inesperados en la visión, problemas de equilibrio o dolor de cabeza intenso y repentino.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, la recomendación es no esperar a que desaparezcan por sí solas ni recurrir únicamente a la automedicación.
“La atención oportuna es determinante y debe buscarse inmediatamente asistencia médica”, advierte Martínez.
Una enfermedad también marcada por desigualdades
La prevención cardiovascular depende de decisiones individuales, pero no únicamente de ellas.
Para conocer regularmente la presión arterial, glucosa o colesterol se necesita acceso a servicios de salud, estudios clínicos, diagnóstico oportuno y continuidad en los tratamientos.
Eso convierte a las enfermedades cardiovasculares también en un problema de acceso sanitario y prevención pública: detectar temprano resulta más difícil cuando las personas llegan al sistema de salud únicamente después de presentar síntomas graves.
El desafío consiste, entonces, en intervenir antes de la emergencia.
Medir la presión, atender diabetes o colesterol elevado, mejorar alimentación y actividad física, evitar el tabaco y mantener tratamientos prescritos son acciones que pueden reducir el riesgo.
Pero existe otra igual de importante: reconocer cuándo una molestia dejó de ser cotidiana y puede significar una urgencia.
Las enfermedades cardiovasculares pueden desarrollarse sin anunciarse claramente. Cuando aparecen las señales de alarma, ignorarlas puede costar tiempo que, en una emergencia cardíaca o neurológica, resulta decisivo.








