Después de décadas de cohetes que explotan antes de tiempo, yunques que caen donde no deben y planes que siempre terminan mal, Wile E. Coyote cambia de estrategia. Coyote vs. ACME convierte la persecución del Correcaminos en una comedia judicial que llega este 27 de agosto a los cines mexicanos
AquíNoticias Staff
Hay un momento en la vida en que uno tiene que aceptar que algo no está funcionando.
Para Wile E. Coyote ese momento tardó varias décadas, cientos de trampas, incontables caídas al vacío y una cantidad difícil de calcular de productos ACME explotándole directamente en la cara.
Después de intentarlo prácticamente todo para atrapar al Correcaminos, el Coyote finalmente encuentra una estrategia que nunca había probado: demandar a la empresa que le vendió todos esos artefactos.
De eso parte Coyote vs. ACME, la película dirigida por Dave Green que mezcla animación con actores reales y llega este jueves 27 de agosto a los cines de México. La premisa oficial es tan sencilla como irresistible para cualquiera que haya crecido viendo los cortos de Looney Tunes: cansado de que los productos ACME fallen una y otra vez durante su eterna persecución del Correcaminos, Wile E. Coyote contrata a un abogado para llevar a la compañía ante los tribunales.
Y aquí conviene detenerse, porque esto es lo único que necesitas saber de la historia antes de entrar a la sala.
El abogado es Kevin Avery, interpretado por Will Forte, un litigante que encuentra en aquel cliente peludo, golpeado y extraordinariamente difícil de matar un caso que podría cambiar su suerte. Del otro lado aparece ACME, una corporación enorme que tiene los recursos para defenderse y que encuentra en el personaje de John Cena a uno de sus principales hombres para enfrentar la demanda. Lana Condor completa el reparto principal.
La película toma entonces una de las bromas más antiguas de Looney Tunes y hace una pregunta que probablemente muchos espectadores nunca se habían formulado seriamente: ¿y si el problema no era únicamente el Coyote?, ¿qué tan buenos eran realmente esos productos ACME?
Porque los antecedentes están ahí.
Cohetes que cambian de dirección. Catapultas que golpean a quien las opera. Explosivos que detonan en el peor momento posible. Pinturas capaces de crear túneles que funcionan para el Correcaminos y misteriosamente se convierten en paredes cuando intenta atravesarlos el Coyote.
Después de tantos años, aquel catálogo parece menos una tienda de herramientas y más un voluminoso expediente para una demanda por daños.
Coyote vs. ACME juega precisamente con esa memoria colectiva. No necesita explicar quién es el Coyote ni por qué lleva media vida persiguiendo a un pájaro que responde “beep, beep” antes de desaparecer por la carretera. Parte de que conocemos ese ritual y lo utiliza para construir algo diferente: una comedia de tribunales atravesada por el humor físico, el absurdo y las reglas imposibles del universo Looney Tunes.
Eso también significa que quien espere simplemente una persecución del Correcaminos extendida durante hora y media encontrará otra cosa. La película conserva explosiones, golpes, accidentes y ese tipo de violencia caricaturesca de la que el Coyote puede levantarse después de quedar convertido prácticamente en acordeón, pero coloca todo alrededor de una batalla legal contra ACME.
Humanos y personajes animados comparten el mismo mundo sin que nadie parezca demasiado sorprendido por ello. Ahí está buena parte del juego: un abogado puede sentarse frente a un cliente que se comunica como personaje de caricatura y, al mismo tiempo, discutir seriamente quién debe responder por décadas enteras de accidentes absurdos. La cinta se mueve así entre la lógica de un juicio y la completa ausencia de lógica que siempre ha gobernado a los Looney Tunes.
Además del Coyote y el Correcaminos, el universo clásico vuelve a asomarse a la pantalla con otros personajes conocidos. Conviene mirar alrededor: parte del atractivo está en reconocer rostros, referencias y pequeños guiños construidos para quienes crecieron con Bugs Bunny, el Pato Lucas y compañía, sin exigirle al espectador un examen previo sobre historia de la animación.
Pero probablemente lo más curioso sea lo fácil que resulta ponerse del lado del demandante.
Durante décadas sabíamos perfectamente que Wile E. Coyote quería capturar —y presumiblemente comerse— al Correcaminos. Nunca fue exactamente la víctima de aquella persecución. El problema es que lo vimos fracasar tantas veces, levantarse después de tantos golpes y volver a abrir con tanta fe el catálogo de ACME, que terminó convirtiéndose en uno de esos perdedores incorregibles a los que cuesta no tomarles cariño.
Y ahora internet parece haber decidido que ya le toca una.
Entre seguidores de Looney Tunes y comunidades de cine se ha extendido el llamado a respaldar la película en salas y, de paso, abrazar una idea bastante sencilla: después de más de siete décadas viendo al Correcaminos escapar sin despeinarse mientras el Coyote terminaba debajo de una roca, quizá esta vez podamos cambiar de equipo.
No hace falta saber quién gana el juicio, qué ocurre con ACME ni si finalmente el Coyote consigue aquello que lleva toda su existencia buscando. Mejor llegar sin esas respuestas.
Basta saber que esta vez Wile E. Coyote tiene algo que nunca tuvo cuando encendía la mecha de una dinamita.
Un abogado.
Y nosotros ya elegimos bando.
Vamos, Coyote. Por una vez, que te salga una bien.








