El rebozo zoque conserva un lenguaje que aún habla en Tuxtla

La investigación de Juan Ramón Álvarez y Gonzalo Gurría Pérez documenta que esta prenda expresa cargos, respeto, ceremonias y memoria dentro de la tradición zoque

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.–

A simple vista, el rebozo puede parecer una prenda más de la indumentaria tradicional. Un tejido que descansa sobre los hombros y acompaña el andar de las mujeres zoques. Sin embargo, dentro de la memoria comunitaria de Tuxtla Gutiérrez, esta pieza nunca ha sido únicamente ropa: es un lenguaje.

La investigación desarrollada por Juan Ramón Álvarez y Gonzalo Gurría Pérez documenta que el rebozo tradicional zoque conserva códigos de uso que expresan respeto, cargos ceremoniales, responsabilidad comunitaria, fe y momentos significativos de la vida ritual.

Su significado no depende solo del color, la tela o el bordado. La forma de colocarlo, doblarlo o portarlo cambia según el momento, el contexto y la función que desempeña la mujer dentro de las festividades tradicionales.

Durante el ejercicio de investigación, se explicó que una priosta, mientras cumple con el cargo que le fue encomendado, porta el rebozo de una manera específica. No puede usarlo libremente ni colocarlo como cualquier otra persona, porque en ese momento representa a los santos y a la comunidad.

La prenda deja entonces de ser un accesorio y se convierte en parte de una investidura. Su uso exige serenidad, respeto y templanza, porque comunica una responsabilidad asumida ante la tradición.

Ese simbolismo también aparece en gestos pequeños que pueden pasar inadvertidos para quienes desconocen los códigos zoques. Llevar el rebozo de determinada forma puede reflejar espera, disposición o estado de ánimo. En cambio, cuando una mujer desempeña un cargo ceremonial, cada posición adquiere un significado propio.

Juan Ramón Álvarez señala que estos códigos forman parte de un lenguaje construido durante generaciones y transmitido de manera oral. Por ello, advierte que utilizar el rebozo sin conocer su simbolismo puede alterar el sentido de una tradición que conserva reglas precisas sobre cuándo y cómo debe portarse.

Gonzalo Gurría Pérez recuerda que muchas de estas normas comenzaron a perderse conforme disminuyó el uso cotidiano de la indumentaria tradicional. La discriminación, el desuso y el alto costo de las piezas artesanales llevaron a numerosas familias a sustituir el rebozo tejido a mano por materiales más económicos.

Con la pérdida del uso cotidiano también se debilitó el conocimiento asociado a la prenda. No se perdió solo una forma de vestir, sino una manera de comunicar pertenencia, jerarquía y respeto dentro de la vida comunitaria.

La investigación también revela que el rebozo acompaña algunos de los momentos más profundos de la tradición zoque, incluso después de la muerte. Cuando fallece una mujer que desempeñó cargos tradicionales, la prenda vuelve a ocupar un lugar central en las ceremonias funerarias.

En estos casos, el rebozo se coloca sobre ella como reconocimiento a su servicio dentro de la comunidad. Antes de partir hacia el panteón, un familiar lo retira cuidadosamente, lo dobla y le dirige palabras para comunicarle que su compromiso en la tierra ha concluido y que puede marcharse en paz.

Más que un gesto simbólico, se trata de una despedida arraigada en la cosmovisión zoque. El rebozo representa el vínculo entre la responsabilidad asumida en vida y el descanso definitivo.

La investigación también recupera otros conocimientos asociados a esta prenda. Durante festividades religiosas, mujeres mayores continúan cubriéndose con el rebozo al paso de las imágenes sagradas, como una muestra de respeto. También existen creencias que recomiendan no tocar las agujas del tejido durante una tormenta, por la relación que la tradición establece con la presencia de los rayos.

Para Juan Ramón Álvarez y Gonzalo Gurría Pérez, rescatar el significado del rebozo implica preservar mucho más que una pieza antigua. Significa conservar un lenguaje comunitario que durante generaciones permitió expresar compromiso, identidad y respeto sin necesidad de palabras.

El rebozo zoque no ha sido solamente un tejido sobre los hombros. Ha sido símbolo de servicio, señal de pertenencia y memoria viva de un pueblo que conserva, puntada tras puntada, una parte profunda de su historia.

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