Jonathan Meléndez estuvo en el origen de la banda, en sus primeros éxitos, en las giras y en la evolución de un sonido que terminó llevando sus sintetizadores a grandes escenarios
AquíNoticias Staff
Antes de los sintetizadores, los discos y los escenarios llenos, Jonathan “Honas” Meléndez tuvo una vida bastante más parecida a la de cualquier joven que todavía intenta descubrir a qué quiere dedicarse.
Trabajó en telemarketing. Vendía productos por teléfono y, según recordaría años después, era bueno haciéndolo. También estudió diseño publicitario.
La música terminó ganando.
“Después estudié diseño publicitario y de ahí pasé a la música”, contó al recordar aquella etapa anterior a Camilo Séptimo.
El cambio no lo llevó inmediatamente a los grandes escenarios. El camino comenzó en 2013, cuando Jonathan Meléndez, Manuel “Coe” Mendoza y Erik Vázquez dieron forma a Camilo Séptimo, una banda que encontró su lugar combinando rock, pop, indie alternativo y una presencia cada vez mayor de ambientes electrónicos.
Ahí apareció una de las contribuciones que acompañaría a Honas durante toda su carrera.
Los teclados y sintetizadores dejaron de funcionar simplemente como fondo. Se convirtieron en parte del lenguaje de la banda: capas, atmósferas y texturas que ayudaron a construir esa sensación espacial y melancólica que terminaría identificando muchas canciones de Camilo Séptimo. El propio grupo reconoce oficialmente a Meléndez como uno de sus fundadores y responsable de los teclados.
Los primeros años ocurrieron lejos de los grandes recintos.
Tocaron en pequeños foros y espacios universitarios, entre ellos planteles de la UNAM. En 2014 apareció Portales y también el EP Maya, donde canciones como No confíes en mí comenzaron a llevar el nombre de Camilo Séptimo más allá del circuito inmediato en el que habían nacido. Honas participó en aquella etapa como compositor y arreglista.
El crecimiento llegó poco a poco.
La banda pasó de presentaciones universitarias a festivales como Vive Latino, Pa’l Norte, Coordenada y Machaca. Abrió conciertos para Café Tacvba y Zoé, y también para Foals. Después llegaron giras por Estados Unidos, presentaciones en España y fechas en distintos países de América Latina.
Los recintos también fueron cambiando.
Lunario, Plaza Condesa, Teatro Metropólitan, Pepsi Center, Auditorio Nacional y Palacio de los Deportes fueron formando parte de una trayectoria que había comenzado con escenarios mucho más pequeños. El press kit oficial de Camilo Séptimo registra llenos en varios de esos espacios y coloca a Honas dentro del núcleo fundador que sostuvo ese recorrido.
Pero su evolución no ocurrió solamente frente al público.
Con los años, Jonathan Meléndez fue ocupando cada vez más espacio detrás de las canciones.
El tecladista comenzó a aparecer también como compositor, productor e ingeniero. Esa transición permite entender mejor su peso dentro de Camilo Séptimo: no era únicamente quien ejecutaba determinadas partes durante un concierto, sino uno de los músicos que intervenían en la manera en que las canciones terminaban sonando.
Su recorrido puede seguirse también a través de los discos.
Después de Maya llegaron materiales como Óleos, Navegantes, Ecos y Jardín de las almas. La banda fue ampliando su lenguaje sin abandonar ese equilibrio entre guitarras, melodías pop y paisajes electrónicos que había construido desde sus primeros años.
La etapa más reciente muestra hasta dónde había crecido el trabajo de Honas.
En MAPAS II, publicado el 15 de mayo de 2026, aparece acreditado como productor, ingeniero de grabación, ingeniero de mezcla e ingeniero de masterización, además de participar en la composición de distintas canciones.
En temas como Sombra, Abril, Órbita, Minutos y Cierro los ojos, su nombre figura dentro del proceso creativo que va de la escritura al sonido final.
Es quizá ahí donde puede verse con mayor claridad su recorrido.
El joven que entró a una banda como tecladista terminó entendiendo el estudio completo: composición, arreglos, grabación, mezcla, producción y acabado.
Para Honas, además, hacer música no consistía únicamente en encerrarse a buscar sonidos.
Durante el proceso creativo de MAPAS habló de la necesidad de salir, recorrer lugares y acumular experiencias antes de regresar al estudio.
“La verdadera inspiración se encuentra afuera, teniendo experiencias”, explicó.
La frase ayuda a entender una parte de su método.
Camilo Séptimo había construido buena parte de su imaginario alrededor del viaje, los portales, el espacio, las relaciones humanas y la búsqueda interior. En los últimos proyectos, esas ideas salieron literalmente del estudio: los músicos recorrieron lugares naturales e históricos de México como parte del proceso que alimentaba las canciones.
Honas hablaba también de encontrar tranquilidad en la naturaleza y de nutrir la mente antes de crear. No describía la música como un procedimiento técnico, aunque dominaba cada vez más esa dimensión. La entendía como el resultado de lo vivido.
Quizá por eso su camino resulta más amplio que una lista de discos.
Estuvo en el momento en que Camilo Séptimo todavía buscaba público. Estuvo cuando No confíes en mí ayudó a abrir camino. Estuvo en los festivales, en las giras internacionales, en el Auditorio Nacional y en el Palacio de los Deportes.
Y seguía ahí cuando el trabajo ya no terminaba al levantarse del teclado.
En 2026 todavía producía, grababa, mezclaba, masterizaba y componía para el proyecto que había ayudado a fundar trece años atrás.
Esa es probablemente la manera más completa de volver a Jonathan “Honas” Meléndez.
No únicamente como el tecladista de Camilo Séptimo.
Sino como uno de los músicos que estuvieron desde el primer foro hasta la construcción de un sonido capaz de llenar recintos, viajar fuera de México y acompañar a una generación que hizo suyas esas canciones.
Su camino empezó buscando qué hacer con su vida.
Terminó dejando una parte de ella grabada en discos.








