La tierra donde el cacao sigue contando la historia de Chiapas
Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón
El cacao forma parte de la memoria histórica, cultural y gastronómica de Chiapas. En el municipio de Tuxtla Chico, ubicado en la región del Soconusco, este fruto ancestral continúa siendo un símbolo de identidad, tradición y desarrollo comunitario, conservando prácticas heredadas de generaciones que han encontrado en el chocolate una forma de preservar su patrimonio.
Los antecedentes del cacao en esta región se remontan a tiempos prehispánicos. Las culturas olmeca y maya consideraban al cacao un alimento sagrado, empleado en ceremonias religiosas, intercambios comerciales y como símbolo de prestigio. Muy cerca de Tuxtla Chico se encuentra la zona arqueológica de Izapa, uno de los centros ceremoniales más importantes de Mesoamérica, donde el cacao tuvo un papel relevante dentro de la vida económica y espiritual de los antiguos pueblos.
La importancia histórica de la región también se refleja en el propio nombre de Tuxtla, derivado del náhuatl Toch-tlan, que significa “Lugar de los Conejos”, una muestra de la presencia y riqueza cultural de los pueblos originarios que habitaron estas tierras y que desarrollaron sistemas agrícolas donde el cacao ocupaba un lugar privilegiado.
Con la llegada de los españoles, el cacao mantuvo su relevancia económica en el Soconusco. Durante la época colonial se incorporaron nuevas técnicas para la elaboración del chocolate, aunque las comunidades conservaron procesos tradicionales como la fermentación, el secado y el tostado artesanal. De esta manera, el cacao no solo sobrevivió al paso del tiempo, sino que se convirtió en un símbolo de resistencia cultural y de continuidad de los saberes ancestrales.
Actualmente, Tuxtla Chico es reconocido como una de las principales zonas productoras de cacao en Chiapas. Estudios del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) destacan la calidad aromática y gustativa del cacao producido en la región, características que permiten la elaboración de chocolates artesanales apreciados por consumidores nacionales e internacionales.
Uno de los atractivos turísticos más singulares del municipio es la experiencia que ofrecen grupos de mujeres productoras locales, quienes han convertido la tradición chocolatera en un recorrido lleno de historia, aromas y sabores. Los visitantes pueden conocer de cerca cada etapa de la producción, desde el cultivo de las plantas de cacao criollo y el cuidado de los árboles, hasta la cosecha, el tostado en comal tradicional, el molido artesanal y la preparación de las distintas variedades de chocolate.
Durante el recorrido, los paseantes descubren cómo cada tableta conserva técnicas transmitidas de generación en generación y cómo la combinación de ingredientes regionales aporta personalidad única a cada producto. Más allá del proceso de elaboración, la experiencia permite comprender la estrecha relación entre el cacao y la vida cotidiana de las familias de Tuxtla Chico.
La elaboración de chocolate en casa sigue siendo una costumbre vigente en numerosas familias de la región, fortaleciendo los lazos comunitarios y manteniendo vivo un conocimiento que ha trascendido siglos. Este legado convierte al cacao en mucho más que un producto agrícola: es una expresión cultural que conecta el pasado prehispánico con el presente.
Considerado por las antiguas civilizaciones como un alimento reservado para gobernantes y personajes distinguidos, el cacao fue también una valiosa moneda de intercambio en los mercados mesoamericanos. Hoy, ese mismo fruto continúa generando admiración entre quienes visitan el Soconusco y buscan experiencias auténticas vinculadas con la historia, la gastronomía y las tradiciones de Chiapas.
Entre plantaciones, molinos, comales y el inconfundible aroma del chocolate recién elaborado, Tuxtla Chico ofrece un viaje sensorial que permite descubrir una de las herencias más valiosas del sur de México, donde el ingrediente secreto sigue siendo el mismo que ha acompañado esta tradición durante generaciones: el amor y la dedicación de las manos que la mantienen viva.








