Estudios vinculan comer cerca de la hora de dormir con mayor riesgo colorrectal

Investigaciones recientes apuntan a que dejar poco tiempo entre la última comida y el sueño podría relacionarse con adenomas y cáncer colorrectal, aunque los científicos advierten que todavía no se ha demostrado una relación de causa y efecto

AquíNoticias Staff

La cena puede importar por algo más que lo que llega al plato. La hora en que comemos y, particularmente, cuánto tiempo dejamos entre la última comida y el momento de dormir están comenzando a estudiarse como posibles factores relacionados con el cáncer colorrectal.

Eso no significa que cenar tarde una noche vaya a provocar cáncer ni que exista una hora exacta después de la cual comer resulte cancerígeno. La evidencia actual apunta hacia algo más complejo: mantener durante años determinados patrones de alimentación nocturna podría alterar procesos metabólicos y circadianos que también intervienen en la salud intestinal.

Una revisión sistemática publicada en 2025 reunió 20 investigaciones sobre los horarios de alimentación y el cáncer colorrectal. Los autores encontraron que un intervalo corto entre la última comida y acostarse se había asociado con mayor riesgo de cáncer colorrectal y de mortalidad relacionada con esta enfermedad. Sin embargo, reconocieron que los estudios disponibles todavía son pocos, utilizan definiciones distintas y hacen falta investigaciones prospectivas que permitan determinar mejor cuánto influye realmente el horario.

El dato que encendió la alerta: comer dentro de las tres horas antes de dormir

Una de las investigaciones más específicas analizó a personas sometidas a colonoscopias de detección.

El estudio incluyó a 644 participantes y consideró como consumidores tardíos a quienes comían o tomaban algún refrigerio durante las tres horas anteriores a dormir, al menos cuatro días por semana.

Los investigadores encontraron que estas personas presentaban mayores probabilidades de tener adenomas tubulares, un tipo de pólipo del colon que puede actuar como lesión precancerosa. Después de ajustar otros factores que podían influir en los resultados, quienes comían tarde tuvieron casi el doble de probabilidades de presentar estos adenomas: OR de 1.98.

Aquí hay una distinción importante: un adenoma no es cáncer.

Muchos adenomas nunca progresarán hasta convertirse en tumores malignos. Su importancia está en que determinados cánceres colorrectales pueden comenzar a partir de estas lesiones, razón por la cual suelen retirarse durante las colonoscopias.

Por eso el estudio aporta una señal interesante, pero no demuestra que comer antes de dormir produzca directamente cáncer.

No parece tratarse simplemente de “cenar después de las nueve”

La hora marcada por el reloj puede ser una simplificación excesiva.

La revisión publicada en 2025 encontró que uno de los elementos que más se repite en las investigaciones es la distancia entre la última comida y el sueño, más que una hora universal para cenar. Uno de los estudios incluidos encontró una asociación especialmente elevada cuando transcurrían menos de dos horas entre la cena y acostarse.

Esto importa porque las rutinas son diferentes. Una persona puede cenar a las nueve de la noche y permanecer despierta cuatro horas; otra puede cenar a las ocho y acostarse media hora después.

Desde la perspectiva de la crononutrición, ambas situaciones no necesariamente producen el mismo efecto biológico.

¿Qué tendría que ver el reloj del cuerpo con el colon?

El organismo funciona mediante ritmos circadianos, ciclos de aproximadamente 24 horas que coordinan el sueño, las hormonas, el metabolismo y numerosos procesos celulares.

La alimentación también funciona como una señal para esos relojes biológicos. Comer repetidamente durante periodos destinados fisiológicamente al descanso podría generar una desalineación entre el horario externo y diversos procesos metabólicos internos.

Los investigadores plantean como posibles mecanismos la alteración circadiana, el estrés oxidativo y procesos inflamatorios. Son explicaciones biológicamente plausibles, pero todavía se investigan y no prueban que una cena tardía sea responsable de desarrollar cáncer colorrectal.

También existe una vía indirecta que merece atención. La obesidad es un factor establecido de mayor riesgo de cáncer colorrectal y se asocia con alteraciones metabólicas, entre ellas concentraciones elevadas de insulina e IGF-1, mecanismos que se estudian por su relación con la proliferación celular.

Por eso resulta difícil separar completamente cuándo se come, cuánto se come, qué alimentos se consumen, el peso corporal, el sueño y la actividad física.

La evidencia todavía presenta contradicciones

Los propios estudios muestran por qué todavía sería prematuro establecer una regla como “no cenes después de las ocho para prevenir cáncer”.

Una investigación publicada en 2026 analizó datos de más de 197 mil adultos mayores residentes en comunidades de China. Dormirse después de las 22:30 se asoció con mayores probabilidades de cáncer colorrectal, pero cenar después de las 18:30 apareció, paradójicamente, asociado con menores probabilidades en esa población. Los autores también encontraron resultados inesperados respecto al ayuno nocturno prolongado.

El trabajo fue transversal, por lo que tampoco puede establecer qué ocurrió primero ni demostrar causalidad.

Esa disparidad sirve como advertencia: la relación entre horarios, sueño y cáncer probablemente es más compleja que dividir a las personas entre quienes cenan temprano y quienes cenan tarde.

Entonces, ¿debería dejar de comer de noche?

No existe actualmente una recomendación oncológica que establezca que cenar después de determinada hora provoca cáncer colorrectal.

Lo que sí puede extraerse de esta evidencia es una medida prudente: cuando la rutina lo permita, evitar convertir en hábito las comidas abundantes inmediatamente antes de dormir y mantener horarios relativamente regulares. La revisión científica más reciente considera particularmente interesante el intervalo entre la última comida y el sueño, pero señala que todavía hacen falta estudios mejor diseñados antes de convertirlo en una recomendación específica de prevención del cáncer.

Y hay una razón para no perder de vista el panorama completo.

Mientras el horario de las comidas continúa bajo investigación, existen factores de riesgo de cáncer colorrectal mucho mejor establecidos, entre ellos la obesidad, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, antecedentes personales o familiares y la edad; la actividad física se relaciona con menor riesgo.

La carne procesada también está asociada con cáncer colorrectal y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer la clasifica como carcinógena para los seres humanos; la carne roja está clasificada como probablemente carcinógena.

No es solamente qué comes: la ciencia empieza a mirar cuándo

Durante décadas, buena parte de las investigaciones sobre alimentación y cáncer preguntaron qué había en el plato.

La crononutrición está agregando otra pregunta: ¿a qué hora llegó ese plato?

Los primeros resultados sugieren que nuestro intestino posiblemente no sea indiferente al horario. Comer habitualmente muy cerca del sueño aparece asociado con señales que merecen atención, desde adenomas hasta mayor riesgo colorrectal en determinados estudios.

Pero la diferencia entre una asociación y una causa es fundamental.

Por ahora, la evidencia permite decir que comer tarde podría formar parte de un patrón relacionado con el riesgo colorrectal. No permite afirmar que una cena nocturna provoque cáncer.

Y esa precisión cambia por completo el mensaje: no se trata de tener miedo a la cena, sino de empezar a entender que la salud también tiene horarios.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *