Una petición ciudadana busca que esta región sea declarada zona hídrica y biocultural de prioridad nacional ante la tala ilegal, la presión inmobiliaria y la pérdida de cobertura forestal
AquíNoticias Staff
El agua que llega a millones de personas en el centro de México no nace en las tuberías, ni en las plantas de bombeo, ni en los discursos sobre infraestructura. Nace antes: en los bosques, en las montañas, en los suelos que todavía permiten que la lluvia se infiltre y alimente manantiales, ríos y acuíferos.
Por eso, organizaciones, especialistas y ciudadanos impulsan una petición para que el Gran Bosque de Agua sea reconocido como una región hídrica y biocultural de prioridad nacional, una figura que busca fortalecer la protección de uno de los territorios más importantes para la seguridad ambiental del país. La petición, alojada en Change.org, registra más de 4 mil 500 firmas verificadas y plantea que la conservación de este corredor ya no puede depender de medidas aisladas.
El Bosque de Agua comprende zonas estratégicas de la Ciudad de México, Estado de México, Morelos, Puebla y Michoacán. En su polígono se encuentran regiones como la Sierra de las Cruces, la Sierra Nevada, el Chichinautzin, el Nevado de Toluca, la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca y diversas áreas naturales protegidas federales, estatales, comunitarias y privadas.
La dimensión del territorio varía según la definición usada. Especialistas citados por la UNAM ubican el núcleo del Bosque de Agua en alrededor de 250 mil hectáreas, fundamentales para la provisión de agua a más de 25 millones de personas; la petición ciudadana amplía la mirada regional a cerca de 1.25 millones de hectáreas, al integrar bosques, pastizales, barrancas, humedales, sistemas agroforestales y territorios bioculturales conectados.
El problema es que esa fábrica natural de agua está bajo presión. La tala ilegal, la expansión urbana desordenada, el cambio de uso de suelo, la extracción irregular de recursos y el deterioro de ecosistemas fragmentan el territorio que permite la captación, infiltración y almacenamiento del agua. La propia petición advierte que, en las últimas tres décadas, se habría perdido cerca del 30 por ciento de la cobertura forestal de la región.
El riesgo no es menor. De acuerdo con información difundida por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, 24 millones de habitantes de zonas urbanas dependen de este ecosistema, mientras que desarrolladores inmobiliarios, tala clandestina y grupos del crimen organizado amenazan su existencia. En febrero de 2026, instituciones de ciencia y tecnología de CDMX, Morelos, Estado de México y Michoacán firmaron un acuerdo para desarrollar protocolos orientados a preservar este corredor.
La petición no plantea expropiaciones ni restricciones arbitrarias sobre comunidades, ejidos o propietarios. Su propuesta central es crear una figura complementaria de coordinación territorial que permita ordenar esfuerzos entre Federación, estados, municipios, instituciones ambientales, comunidades agrarias, pueblos originarios, universidades y centros de investigación.
El punto de fondo es político y ambiental: México suele discutir la crisis hídrica cuando el agua falta en las casas, pero pocas veces mira el territorio que la produce. Sin bosque, la lluvia escurre, erosiona y se pierde. Con bosque, el agua se infiltra, se almacena y vuelve en forma de manantial, río o acuífero.
Defender el Gran Bosque de Agua no es una causa romántica. Es una decisión de supervivencia urbana. La región más poblada del país depende de un sistema natural que está siendo reducido, fragmentado y presionado por intereses económicos que avanzan más rápido que la vigilancia ambiental.
La petición ciudadana coloca una pregunta inevitable: ¿puede México hablar de seguridad hídrica mientras deja desprotegido el territorio que produce el agua?








