Infarto o ansiedad: identifica las señales que requieren atención urgente

Palpitaciones, falta de aire, mareo, sudoración y dolor en el pecho pueden aparecer en una crisis de pánico y también durante un infarto. Hay pistas que orientan, pero ninguna permite descartar en casa una emergencia cardíaca

AquíNoticias Staff

El corazón se acelera. Falta el aire. Aparece presión en el pecho y una sensación difícil de controlar: algo está mal.

Puede tratarse de una crisis de ansiedad o pánico, pero algunos de esos mismos síntomas también aparecen durante un infarto. Esa coincidencia explica por qué intentar distinguirlos únicamente por cómo se sienten puede convertirse en un riesgo.

Una crisis de pánico puede provocar palpitaciones, sudoración, dificultad para respirar, mareo, dolor en el pecho, náuseas y miedo intenso. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos incluye todos esos síntomas entre las manifestaciones posibles de un ataque de pánico.

El problema es que varios también forman parte de las señales reconocidas de un ataque cardíaco. La American Heart Association advierte que un infarto puede causar presión o dolor en el pecho, dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, mareo y molestias que se extienden hacia brazos, espalda, cuello, mandíbula o estómago.

La presión en el pecho puede orientar, pero no resolver la duda

Durante un infarto, una de las manifestaciones más frecuentes es una molestia en el centro del pecho que puede sentirse como presión, opresión, pesadez o compresión.

Puede durar varios minutos, desaparecer y regresar o mantenerse.

Pero aquí aparece la dificultad: una crisis de pánico también puede causar dolor o presión torácica. Por eso, sentir molestias en el pecho no basta para concluir que se trata de ansiedad.

Si el dolor es nuevo, intenso o inexplicable, necesita valoración médica.

Cuando el dolor se mueve, aumenta la alerta

Una señal que merece particular atención es que las molestias se extiendan hacia uno o ambos brazos, hombros, espalda, cuello, mandíbula o la parte superior del abdomen.

No significa automáticamente que exista un infarto, pero la preocupación aumenta cuando ocurre junto con presión en el pecho, falta de aire, sudor frío, náuseas o mareo.

En esa situación, esperar a comprobar si “se pasa” puede retrasar una atención que depende del tiempo.

La falta de aire aparece en los dos

La sensación de no poder respirar correctamente es común durante una crisis de pánico. Puede presentarse junto con respiración rápida, hormigueo, mareo y sensación de pérdida de control.

Pero la falta de aire también puede acompañar un infarto incluso sin un dolor intenso en el pecho.

Por eso, cuando aparece por primera vez, es especialmente intensa o viene acompañada de otros síntomas, atribuirla automáticamente a “los nervios” resulta arriesgado.

Tener mucho miedo tampoco demuestra que sea ansiedad

Una crisis de pánico puede producir miedo abrumador, sensación de perder el control o la impresión de que algo terrible está por ocurrir.

Sin embargo, la ansiedad también puede aparecer durante un ataque cardíaco, especialmente entre mujeres.

El estado emocional, por sí mismo, no permite diferenciar las dos situaciones.

Sudor frío, náuseas y mareo también cuentan

El imaginario del infarto suele reducirse a una persona sujetándose fuertemente el pecho. La realidad puede ser menos evidente.

Sudor frío repentino, náuseas, vómito, mareo o sensación de desvanecimiento también forman parte de las señales descritas por organizaciones cardiovasculares.

Un desmayo acompañado de molestias torácicas, falta de aire o palpitaciones cambia especialmente el nivel de preocupación y requiere atención médica.

El infarto no siempre llega con un dolor espectacular

Este punto es importante porque puede provocar retrasos.

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos advierte que algunos ataques cardíacos comienzan lentamente y presentan síntomas leves; incluso pueden aparecer y desaparecer durante varias horas.

Además, los infartos con síntomas muy leves o incluso sin manifestaciones claras son más frecuentes entre adultos mayores y personas con diabetes.

En las mujeres, el dolor o malestar en el pecho continúa siendo frecuente, pero pueden aparecer también falta de aire, cansancio inusual, náuseas y molestias en espalda, hombros, brazos o mandíbula.

Eso explica por qué algunos episodios pueden confundirse inicialmente con ansiedad, indigestión o agotamiento.

Entonces, ¿cómo saber cuál de los dos es?

Hay señales que pueden orientar, pero no existe una prueba casera capaz de descartar con seguridad un infarto.

Ese es el dato más importante.

Si aparece presión o dolor nuevo en el pecho, especialmente cuando se acompaña de falta de aire, sudor frío, náuseas, mareo o molestias que se extienden hacia brazos, espalda, cuello o mandíbula, la recomendación es buscar atención de emergencia. La American Heart Association insiste en recibir valoración incluso cuando la persona no esté segura de que se trata de un infarto.

La ansiedad existe y puede producir síntomas físicos muy intensos.

El error peligroso aparece cuando esa explicación se utiliza antes de descartar una emergencia cardíaca.

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