La escuela también se vuelve consultorio preventivo: 10.8 millones de niñas y niños ya tienen registro de salud

La estrategia “Vive saludable, vive feliz” cerró sus jornadas escolares con 10 millones 826 mil niñas y niños censados en 83 mil 728 primarias públicas. El siguiente reto será convertir esa información en prevención, seguimiento y mejores hábitos

AquíNoticias Staff

Durante años, la salud infantil y la educación caminaron por carriles que apenas se tocaban. El aula atendía aprendizajes; el consultorio, enfermedades. La estrategia nacional “Vive saludable, vive feliz” intenta borrar parte de esa frontera y convertir a las escuelas en uno de los primeros espacios para detectar riesgos antes de que se conviertan en problemas de salud.

La dimensión del esfuerzo ya permite medir su alcance: 10 millones 826 mil 294 niñas y niños fueron censados en 83 mil 728 escuelas primarias públicas del país, de acuerdo con los datos presentados durante el Congreso Nacional “Vive saludable, vive feliz”, realizado antes del inicio del ciclo escolar 2026-2027.

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, explicó que el proyecto impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum busca vincular el derecho a la educación con el derecho a la salud y mantener esa relación dentro de la Nueva Escuela Mexicana.

La apuesta no termina en levantar información. Tener un expediente o registro de salud de millones de estudiantes puede servir para identificar patrones, dar seguimiento y orientar decisiones, siempre que esos datos terminen convertidos en atención y prevención efectivas.

Ese será, precisamente, uno de los desafíos posteriores.

En las jornadas escolares también se realizaron 293 mil 769 sesiones educativas sobre estilos de vida saludables, mientras que 738 promotores de salud fueron incorporados a las brigadas desplegadas en las 32 entidades federativas desde el arranque formal de la estrategia, el 12 de marzo de 2025.

La prevención pretende comenzar donde niñas y niños pasan buena parte del día.

Eso incluye alimentación, actividad física y hábitos cotidianos, pero también asuntos que durante mucho tiempo ocuparon menos espacio en las políticas escolares: salud mental y prevención de adicciones.

La estrategia contempla además reducir el consumo de productos de bajo valor nutricional dentro de las escuelas, una línea que busca modificar algo bastante más complejo que un menú: hábitos construidos en las familias, comunidades y entornos comerciales que rodean a los planteles.

Desde Chiapas, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar sostuvo que la vinculación entre educación y salud puede marcar un cambio en la manera de atender a niñas, niños y adolescentes, y llamó a utilizar el Congreso Nacional para intercambiar experiencias que puedan fortalecerse posteriormente en las comunidades.

Su participación coloca también una tarea sobre los estados. Una estrategia nacional puede definir lineamientos y movilizar instituciones, pero buena parte de su funcionamiento cotidiano dependerá de escuelas, brigadas, sistemas estatales de salud y autoridades locales.

El tamaño de esa coordinación puede verse en los organismos involucrados.

El IMSS informó que su personal de enfermería ha participado en más de 800 brigadas y que las jornadas alcanzaron más de 82 mil escuelas primarias públicas.

El Sistema Nacional DIF añadió otra pieza al engranaje: actualmente entrega alrededor de 6.5 millones de raciones alimentarias cada día mediante 39 mil cocinas escolares distribuidas en las 32 entidades federativas.

La meta planteada hacia el final del sexenio es que 85 por ciento de los desayunos escolares sean preparados en modalidad caliente, lo que implica no solamente aumentar cobertura, sino mejorar calidad nutricional, infraestructura y participación comunitaria.

UNICEF México también acompañó el Congreso y destacó el enfoque de derechos de la estrategia, además de ofrecer cooperación técnica y experiencia internacional.

El programa reúne así una cantidad considerable de información, personal e instituciones. Pero la cifra de estudiantes censados, por sí misma, todavía no permite afirmar cuánto mejoró la salud de la niñez.

Ese resultado necesitará otros indicadores.

Habrá que conocer cuántos problemas fueron detectados oportunamente, cuántos estudiantes recibieron seguimiento, qué cambios hubo en alimentación, peso, salud bucal, visión, actividad física o bienestar emocional y qué ocurrió con quienes necesitaban atención especializada.

Ahí estará la diferencia entre haber revisado a millones de niñas y niños y haber conseguido que estén más sanos.

La escuela puede convertirse en un punto privilegiado para anticiparse a enfermedades que suelen manifestarse años después. El desafío es que cada registro termine conduciendo a una decisión útil y que cada diagnóstico encuentre una ruta de atención.

Los 10.8 millones de estudiantes ya ofrecen una fotografía enorme de la salud escolar mexicana.

Ahora toca conseguir que esa fotografía sirva para cambiar la historia que viene después.

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