La IA no sustituye la educación; la pone a prueba

Por Claudia Corichi

La expansión de la Inteligencia Artificial (IA) ha abierto una nueva discusión global: ¿qué tanto pueden estas herramientas transformar la educación y el trabajo?

Sin embargo, el verdadero debate no es si la IA reemplazará el aprendizaje humano, sino hasta qué punto nuestra capacidad de comprender, analizar y razonar está preparada para convivir con ella.

La IA representa una oportunidad sin precedentes para ampliar el acceso al conocimiento, automatizar tareas repetitivas y fortalecer procesos educativos y productivos. Pero sigue siendo una tecnología en consolidación: puede generar respuestas incorrectas, reproducir sesgos presentes en los datos con los que fue entrenada o responder con base en intereses comerciales, construir información falsa con apariencia de veracidad o generar alucinaciones. Por ello, el factor decisivo sigue siendo el juicio humano.

En este contexto, la educación no pierde relevancia; al contrario, se vuelve más exigente. Para usar de manera adecuada estas herramientas se requieren habilidades que ninguna aplicación puede sustituir: comprensión lectora, pensamiento crítico, razonamiento lógico y competencias matemáticas básicas. Sin ellas, la IA no amplía capacidades, sino que puede amplificar desigualdades.

México enfrenta retos importantes en este terreno. De acuerdo con los últimos resultados del programa PISA, publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2023, apenas alrededor de la mitad de las y los estudiantes de 15 años alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, y solo una tercera parte logra ese nivel en matemáticas. Esto significa que una proporción significativa de adolescentes tiene dificultades para interpretar textos complejos, seguir instrucciones o resolver problemas básicos de la vida cotidiana.

De acuerdo con la UNESCO, el Banco Mundial y UNICEF, alrededor del 70 por ciento de las niñas y los niños en países de ingresos medios y bajos no logra comprender un texto simple, condición conocida como pobreza de aprendizaje.

La comprensión lectora y las habilidades matemáticas son fundamentales: permiten ejercer derechos, detectar noticias falsas, tomar decisiones financieras y adaptarse a la economía digital.

Paradójicamente, mientras la IA exige personas capaces de formular mejores preguntas, verificar respuestas y contrastar fuentes, una parte importante de la población aún enfrenta dificultades para comprender textos complejos o realizar operaciones básicas. La tecnología no elimina la necesidad de pensar; la vuelve aún más indispensable.

Un ejemplo reciente es Noruega, que anunció que, a partir del siguiente ciclo escolarrestringirá el uso de la IA en la educación primaria con el argumento de proteger las habilidades de lectura, escritura y matemáticas durante la infancia. Otros países siguen la misma lógica, y las personas con mayores recursos también están apostando por este modelo en la educación de sus hijas e hijos.

El futuro no será de quienes deleguen sus decisiones a una máquina, sino de quienes sepan dialogar con ella desde el conocimiento. Por ello, el reto para México es fortalecer, desde la educación básica, la lectura, la escritura, las matemáticas y el pensamiento crítico. Solo así, la IA dejará de ser un factor de desigualdad para convertirse en una herramienta de aprendizaje compatible con el desarrollo tecnológico.

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