La Niurka de Suchiate

Artículo de Gambito

Sale a los reflectores, una vez más, Sonia Eloina Hernández Aguilar, con un discurso argumentado desde su “mi veldad” sobre supuesta violencia en razón de género. Honestamente, no sé qué da más pena: si el argüende y drama de Arleth y el Pulpo, o esta señora que se escuda entre el drama y la farsa.

Existe en la sabiduría popular un dicho: “No hagas lo que no quieres que te hagan”. Si usted sembró vientos, va a cosechar tempestades.

Explíquenle a la “Chona” que la premisa implícita es clara: si los personajes mencionados dan pena por sus escándalos, la supuesta mujer política da la misma pena porque su conducta es un símil.

Causa y efecto: ése es el resultado. Explíquenle. Habrá que sostener, entonces, que lo que hoy se vive en Suchiate —los supuestos ataques o críticas— no es violencia de género, sino la consecuencia lógica y merecida de sus acciones previas.

No a la polarización social que busca imponer. No al sesgo de excusarse en su calidad de mujer. Si existen prejuicios y falsedades, que se expongan ante los tribunales correspondientes, no en los lavaderos cibernéticos.

¡No desvíen el foco!

Debe recordar la “Niurka de Suchiate” que ella ha construido un personaje público disruptivo, folclórico y confrontativo, sostenido entre el drama y la simulación.

En un escenario político hostil y bajo el escrutinio de las autoridades judiciales, apelar a la violencia en razón de género funciona como un último recurso retórico para retener capital político y simpatías morales. Sin embargo, el peso de la realidad territorial en Suchiate termina por restarle credibilidad ante la mirada ciudadana, que no olvida el clima de inseguridad e impunidad durante su mandato.

¡Ya siéntese, señora!

Jaque Mate.

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