El monitoreo de 2025 confirmó entre siete y diez vaquitas distintas dentro del área estudiada y observó nuevas crías. La especie aún puede recuperarse, pero científicos advierten que necesita un hábitat prácticamente libre de redes de enmalle
AquíNoticias Staff
La vaquita marina sigue viva. A estas alturas, esa frase contiene al mismo tiempo una buena noticia y una advertencia.
Durante el monitoreo visual y acústico realizado en 2025 en el Alto Golfo de California, especialistas estimaron una probabilidad de 67 % de haber observado entre siete y diez individuos distintos dentro del área estudiada. El dato no significa que ésa sea toda la población existente: los propios investigadores advierten que el método no permite convertir esos avistamientos en un censo total de la especie.
Pero hay algo todavía más importante. Los recorridos permitieron observar al menos una y posiblemente dos crías, además de ejemplares juveniles nacidos en años recientes. Algunas vaquitas continúan reproduciéndose y sus crías están sobreviviendo más allá de sus primeros meses, una señal que mantiene abierta la posibilidad biológica de recuperación.
La especie, por tanto, no está condenada por su escaso número. Está amenazada principalmente por una causa que México sí puede reducir: las redes de enmalle.
La vaquita no es el objetivo de esas pesquerías. Muere cuando queda atrapada accidentalmente y, como cualquier mamífero, necesita regresar a la superficie para respirar. NOAA identifica la captura incidental en redes de enmalle utilizadas para peces y camarón como la amenaza determinante para su supervivencia.
Entre esas redes se encuentran las utilizadas ilegalmente para capturar totoaba, especie cuya vejiga natatoria alimenta un mercado clandestino internacional. Sin embargo, concentrar todo el problema en la totoaba sería insuficiente: otras redes empleadas en pesquerías legales o irregulares también pueden matar vaquitas.
México ya demostró que es posible reducir ese peligro.
Desde 2022, bloques de concreto equipados con estructuras diseñadas para impedir el tendido de redes, combinados con vigilancia de la Secretaría de Marina y trabajos de organizaciones de conservación, han conseguido que la llamada Zona de Tolerancia Cero permanezca prácticamente libre de redes. Durante el monitoreo visual de septiembre de 2025 no se observó pesca con redes de enmalle dentro de esa zona protegida.
El problema es que las vaquitas no conocen las fronteras administrativas dibujadas sobre el mar.
Los registros de 2025 mostraron un uso significativo de aguas situadas al noroeste del área actualmente protegida, todavía dentro del Refugio de la Vaquita. Es precisamente ahí donde los especialistas han pedido ampliar la protección efectiva porque los animales están saliendo de la zona donde los bloques y la vigilancia reducen el riesgo de encontrar una red.
Y la advertencia sigue vigente en 2026. El Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita, CIRVA, reconoció los intentos por modificar las reglas pesqueras del Alto Golfo, pero manifestó preocupación porque las propuestas todavía no protegen plenamente las áreas donde fueron detectadas vaquitas durante 2025, especialmente esa zona noroccidental.
Ahí debería comenzar la siguiente fase de protección.
El Gobierno de México puede ampliar de inmediato la protección efectiva hacia las áreas donde la ciencia ya confirmó presencia reciente de vaquitas, reforzando vigilancia, retiro de redes y dispositivos contra redes en los sitios de mayor utilización. Pretender cubrir todo el Alto Golfo exclusivamente con bloques sería poco realista; el propio CIRVA advierte que una superficie extensa requeriría recursos humanos y tecnológicos considerables. La prioridad puede establecerse con los datos acústicos y visuales disponibles.
La segunda tarea es más complicada y probablemente más decisiva: conseguir que pescar sin matar vaquitas también sea económicamente viable para quienes viven del mar.
No se parte de cero. En el Alto Golfo se han desarrollado y probado redes suriperas, pequeños arrastres para camarón, trampas, líneas de mano, palangres y otras técnicas que evitan las redes de enmalle. Datos presentados por México ante autoridades estadounidenses señalan que se han distribuido centenares de suriperas y capacitado a pescadores en su utilización. Organizaciones locales como Pesca ABC también han ensayado artes alternativas con pescadores de San Felipe.
Pero tener una alternativa técnica no basta.
Si un arte de pesca seguro captura menos, cuesta más, encuentra dificultades para vender el producto o no responde a las necesidades de cada pesquería, la transición difícilmente será duradera. Por eso CIRVA ha insistido en combinar desarrollo tecnológico con participación de pescadores, mercados para productos obtenidos de manera segura y condiciones económicas que permitan mantener los ingresos de las comunidades.
Ese punto es central para evitar que conservación y bienestar de las comunidades pesqueras sean presentados como enemigos.
Salvar a la vaquita requiere retirar las redes peligrosas del mar, pero también construir una economía pesquera que haga rentable no utilizarlas.
La tercera ruta conduce fuera del agua.
México cuenta desde 2023 con un plan de cumplimiento ante CITES que incluye vigilancia de sitios autorizados de salida y desembarque, prevención de ingreso de embarcaciones a zonas restringidas, combate al crimen organizado relacionado con el tráfico de totoaba, transición hacia artes alternativas y monitoreo de la vaquita.
La vejiga de totoaba atraviesa redes internacionales de tráfico. Por ello, detener únicamente al pescador que coloca una red no rompe el negocio. Se requiere perseguir compradores, intermediarios, rutas de transporte, financiamiento y mercados de destino. CITES ha insistido en que países de origen, tránsito y consumo deben trabajar también sobre la demanda y el comercio ilegal.
También debe mantenerse el retiro permanente de redes abandonadas. Una red fantasma puede continuar capturando fauna mucho después de que quien la colocó desapareció. Proyectos desarrollados en el Alto Golfo han localizado y retirado este tipo de aparejos precisamente por el riesgo que representan para la vaquita y otras especies.
Y existe una última herramienta que no debería perderse: incorporar a las comunidades locales a la vigilancia y la ciencia.
Pescadores de San Felipe ya participan en la instalación y recuperación de detectores acústicos utilizados para conocer la distribución de las vaquitas. En 2025, jóvenes locales también fueron capacitados para participar directamente en los trabajos de monitoreo. La conservación puede ganar aliados cuando quienes viven en el territorio dejan de ser observados únicamente como parte del problema y comienzan a formar parte de la solución.
La situación continúa siendo extrema. Con tan pocos animales conocidos, la muerte de una sola vaquita importa.
Pero la presencia de madres, crías y juveniles cambia la conversación. No estamos ante una especie de la que solamente quede documentar su desaparición.
Todavía hay reproducción. Todavía existen animales aparentemente saludables. Y ya existe evidencia de que, donde las redes desaparecen, las vaquitas pueden utilizar el hábitat sin esa amenaza inmediata.
Por eso, la petición al Gobierno de México debe ser concreta: proteger inmediatamente las nuevas áreas donde se detectaron vaquitas, hacer cumplir la prohibición de redes de enmalle, acelerar una transición pesquera económicamente viable, combatir toda la cadena del tráfico de totoaba y mantener el monitoreo científico y comunitario.
No hace falta esperar una tecnología futura para comenzar.
Gran parte de lo necesario ya se conoce.
Lo que falta es conseguir que ninguna de las últimas vaquitas tenga que encontrar una red para que las reglas se hagan cumplir.








