La grasa visceral, que se acumula alrededor de órganos vitales, es metabólicamente activa y puede tener efectos perjudiciales para la salud
AquíNoticias Staff
No toda la grasa del abdomen se comporta igual. La que podemos pellizcar bajo la piel es distinta de aquella que se instala más profundamente, alrededor del hígado, el páncreas y los intestinos.
Esta última se conoce como grasa visceral y su importancia rebasa la cuestión estética: funciona como tejido metabólicamente activo y su acumulación se relaciona con resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y mayor riesgo cardiovascular.
Reducirla exige actuar sobre alimentación, actividad física, sueño y otros factores metabólicos. Pero existe un ingrediente cotidiano que desde hace años atrae la atención de investigadores porque algunos estudios han encontrado efectos modestos sobre el peso, la cintura y el metabolismo de la glucosa.
La cantidad estudiada cabe en una medida muy sencilla: hasta dos cucharadas al día.
Está en muchas cocinas
Se trata del vinagre de sidra de manzana, producto obtenido mediante la fermentación de las manzanas y cuyo principal componente activo de interés es el ácido acético.
Un ensayo realizado en Japón con personas con obesidad dividió a los participantes entre quienes consumieron diariamente 15 mililitros de vinagre, 30 mililitros —aproximadamente dos cucharadas— o placebo durante 12 semanas.
Al terminar el periodo, los grupos que tomaron vinagre mostraron reducciones en peso corporal, índice de masa corporal, circunferencia de cintura, triglicéridos y área de grasa visceral frente al grupo placebo.
El resultado llamó la atención porque la grasa visceral está estrechamente relacionada con alteraciones metabólicas. Sin embargo, un solo ensayo no permite convertir el vinagre en un producto “quemagrasa” ni garantizar que el efecto sea igual para todas las personas.
¿Qué dice la evidencia más reciente?
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 reunió diez ensayos clínicos con 789 participantes. Encontró que el consumo de vinagre de manzana se asoció con reducciones modestas de peso, índice de masa corporal y circunferencia de cintura, particularmente en intervenciones de hasta 12 semanas y con dosis cercanas a 30 mililitros diarios.
Pero la fotografía científica todavía tiene matices.
Una revisión global de metaanálisis publicada en 2026 encontró evidencia más consistente de pequeños beneficios sobre el peso corporal y algunos indicadores de glucosa, pero no confirmó efectos significativos sobre circunferencia de cintura ni sobre la resistencia a la insulina medida mediante HOMA-IR.
En otras palabras: hay señales interesantes, pero hablar de que el vinagre simplemente “rompe” la grasa abdominal exageraría lo que hoy puede sostener la evidencia.
La otra pista está en la glucosa
El interés también proviene del ácido acético.
Diversos ensayos han observado que el consumo de vinagre junto con los alimentos puede moderar la elevación de glucosa e insulina después de comer. Un metaanálisis encontró reducciones en ambas respuestas posprandiales frente a los grupos de control.
Otra revisión de 2025 centrada en personas con diabetes tipo 2 encontró disminuciones de glucosa en ayuno y hemoglobina glucosilada, aunque no demostró una mejora significativa en el indicador HOMA-IR de resistencia a la insulina.
Esto importa porque la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa visceral suelen retroalimentarse: el exceso de tejido adiposo abdominal se encuentra fuertemente asociado con una menor sensibilidad a esta hormona.
¿Y las enfermedades autoinmunes?
Aquí conviene separar dos asuntos.
Las alteraciones metabólicas pueden coexistir con determinadas enfermedades crónicas y el control adecuado de glucosa, peso y composición corporal puede formar parte del cuidado integral de algunos pacientes.
Sin embargo, no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que tomar vinagre de sidra de manzana fortalezca el sistema inmunitario o trate una enfermedad autoinmune. Tampoco debe sustituir medicamentos, seguimiento médico o tratamientos indicados para esas patologías.
Por ello, atribuirle un efecto directo sobre enfermedades autoinmunes iría más allá de lo que actualmente demuestran los estudios disponibles.
Entonces, ¿cómo se consume?
Las investigaciones que han observado posibles beneficios utilizan cantidades variables. La dosis de 30 mililitros diarios, equivalentes aproximadamente a dos cucharadas, aparece en varios estudios de corto plazo.
Una manera habitual de tomarlo consiste en diluirlo ampliamente en agua o incorporarlo a los alimentos, por ejemplo, como parte de un aderezo.
No debe beberse directamente debido a su elevada acidez.
Y hay una precisión importante frente a algunas recomendaciones que circulan en internet: dos cucharadas tres veces al día equivaldrían a unos 90 mililitros diarios, una cantidad mucho mayor que la utilizada en los estudios citados. No hay razones para asumir que consumir más aumentará los beneficios.
Más no significa mejor
El vinagre de manzana puede irritar la garganta y favorecer el desgaste del esmalte dental cuando se consume de manera frecuente o sin diluir.
También puede interactuar con insulina, diuréticos y otros medicamentos y contribuir a que disminuyan los niveles de potasio en determinadas circunstancias. Mayo Clinic recomienda precaución especialmente entre quienes reciben tratamientos para diabetes o hipertensión.
Las personas con enfermedades crónicas, quienes toman medicamentos para controlar la glucosa o el potasio y quienes pretenden incorporarlo diariamente deberían consultarlo previamente con un profesional de la salud.
El vinagre de sidra de manzana, por tanto, tiene detrás algo más que una moda: existe investigación clínica que apunta a efectos metabólicos modestos.
Pero dos cucharadas no sustituyen una alimentación adecuada ni el ejercicio. La grasa visceral responde a un problema más complejo y ninguna cucharada, por prometedora que parezca, funciona de manera aislada.








