El restaurante fundado en 1974 se convirtió durante décadas en un punto de encuentro con la gastronomía zoque. Su creador, maestro y promotor cultural, dejó un legado que todavía atraviesa la memoria del Pueblo Mágico
AquíNoticias Staff
En Copainalá hay historias que también se conservan en la cocina. Una de ellas comenzó en 1974, cuando el maestro Luciano Vázquez Pérez fundó el restaurante El Bambú, en la Primera Poniente Norte, en pleno centro del municipio.
Lo que inició como un establecimiento para comer terminó convirtiéndose en algo más amplio: un espacio donde podían encontrarse los sabores cotidianos de la cultura zoque, las conversaciones sobre las tradiciones locales y parte de la memoria reciente de una comunidad que desde 2023 forma parte del programa federal de Pueblos Mágicos.
Luciano Vázquez fue profesor, investigador y promotor cultural. Su trabajo no quedó limitado al restaurante. Durante buena parte de su vida documentó, preservó y difundió expresiones vinculadas con la historia, las danzas, las costumbres y los conocimientos tradicionales de Copainalá.
La cocina de El Bambú fue una extensión de esa labor.
En sus mesas aparecieron recetas construidas con ingredientes disponibles en la región y conocimientos transmitidos de generación en generación. Entre los platillos más representativos se encontraban la tzata, el pimbu, la carne adobada de res o cerdo y distintas variedades de tamales.
La tzata resume buena parte de esa cocina. Su preparación tradicional combina frijol y guineo verde y, según la receta, puede incorporar chicharrón. No necesita una elaboración sofisticada para explicar su importancia: forma parte de los sabores que han acompañado durante generaciones a las familias de Copainalá.
El pimbu sigue otra lógica del territorio. Se prepara con elote molido, chipilín y masa y mantiene una relación directa con la temporada del maíz, ingrediente alrededor del cual se organiza una parte esencial de la alimentación y de la cultura zoque.
A esos platillos se suman los tamales de chipilín, hierba santa, bola y mole, además del pozol blanco, el pozol de cacao y el atol agrio. La gastronomía copainalteca permite así leer el territorio desde los ingredientes: maíz, frijol, hierbas, plantas y productos disponibles en cada temporada.
En El Bambú, esa cocina convivía con otra actividad: compartir conocimiento.
Luciano Vázquez hablaba sobre las tradiciones de su municipio, explicaba el origen de distintas prácticas y participaba en actividades destinadas a conservar y divulgar la identidad zoque. El restaurante funcionaba entonces como punto de encuentro entre comida y memoria.
Su fallecimiento, ocurrido en junio de 2025, cerró una etapa personal, pero no borró el trabajo acumulado durante décadas.
El legado permanece en las recetas, en las historias compartidas y en la manera en que El Bambú ayudó a presentar la gastronomía local como algo más que una oferta para visitantes. En esa cocina también había identidad, transmisión cultural y una forma de explicar quiénes son los habitantes de Copainalá.
El reconocimiento como Pueblo Mágico abrió una nueva ventana turística para el municipio. Sin embargo, buena parte de aquello que hoy se presenta como patrimonio llevaba décadas siendo cuidado por personas como Luciano Vázquez, mucho antes de que existiera una denominación oficial.
Por eso conocer la historia de El Bambú también permite entender otra dimensión del turismo en Copainalá: la que no comienza con una fotografía ni termina con una visita rápida, sino con el reconocimiento de las personas que conservaron sus tradiciones cuando todavía no existían reflectores sobre ellas.
En Copainalá, la cocina sigue siendo una de las maneras más directas de acercarse a la cultura zoque. Y detrás de algunos de esos sabores permanece la historia de Luciano Vázquez Pérez, un hombre que entendió que preservar una tradición también significa enseñarla, cocinarla y compartirla.








