La expansión de comunidades, caminos y actividades humanas acerca perros y gatos a las áreas protegidas, donde sarna, moquillo y otros patógenos amenazan poblaciones silvestres vulnerables
AquíNoticias Staff
Durante años, la conservación de los grandes felinos mexicanos se concentró en detener la deforestación, la cacería y la fragmentación de sus territorios. Sin embargo, una amenaza menos visible comienza a cruzar los límites de las reservas: las enfermedades transportadas por animales domésticos.
La cercanía creciente entre pueblos, carreteras, ganado, perros, gatos y ecosistemas conservados facilita que parásitos y virus lleguen hasta poblaciones de jaguares, pumas y ocelotes. Científicos han documentado casos en los que la sarna debilita severamente a estos depredadores y puede provocarles la muerte.
El problema no radica en la convivencia cotidiana con las mascotas, sino en la falta de vacunación, desparasitación, esterilización y control de los animales que deambulan libremente. Cuando ingresan a zonas forestales, buscan alimento en tiraderos o comparten fuentes de agua con la fauna, pueden convertirse en vehículos involuntarios de enfermedades.
La sarna también puede matar
En la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, en Jalisco, cámaras trampa permitieron identificar desde 2011 a un ocelote afectado por sarna. El monitoreo mostró cómo el parásito deterioró su salud y su capacidad para cazar hasta causarle la muerte. Posteriormente fueron observados más ocelotes y pumas con afectaciones semejantes.
Para un perro o gato doméstico, la sarna puede ser tratable cuando dispone de alimento, refugio y atención veterinaria. Para un felino silvestre, la comezón permanente, las lesiones y la pérdida de pelo dificultan permanecer inmóvil mientras acecha a sus presas.
Además del desgaste físico, la pérdida del pelaje reduce el camuflaje natural. Un ocelote enfermo deja de ocultar sus manchas entre la vegetación, mientras un puma pierde la uniformidad de color que le permite confundirse con su entorno. La infección puede convertir a un depredador en un animal incapaz de alimentarse.
Perros sin atención entran a las reservas
El biólogo Rodrigo Núñez Pérez, integrante de Alianza Jaguar, explica que las reservas no están aisladas. Muchas se encuentran rodeadas por comunidades, zonas ganaderas, carreteras y desarrollos turísticos donde perros y gatos sin cuidados sanitarios ingresan al bosque y pueden contagiar directa o indirectamente a la fauna.
Los desperdicios urbanos agravan la situación. Coatíes y tejones se acercan a basureros o sitios turísticos para alimentarse y, después, regresan a las zonas conservadas, donde pueden propagar parásitos entre otras especies.
El riesgo aumenta durante las temporadas de sequía. Cuando disminuye la disponibilidad de agua, animales domésticos y silvestres coinciden con mayor frecuencia en arroyos, charcas y bebederos. El cambio climático, al prolongar el calor y reducir las fuentes naturales, amplía estos puntos de contacto.
El moquillo puede propagarse sin ser visto
La amenaza no se limita a la sarna. El moquillo o distemper canino puede transmitirse mediante secreciones, restos de alimento y agua contaminada. Un perro infectado puede dejar el virus en un sitio que posteriormente sea utilizado por otro carnívoro, sin que las cámaras trampa permitan identificar inmediatamente el contagio.
La vacunación de perros representa una barrera sanitaria sencilla y efectiva. El problema aparece cuando permanecen sin atención, entran al monte para buscar comida y trasladan sus enfermedades hasta zonas donde habitan especies amenazadas.
En poblaciones pequeñas, la muerte de un solo ejemplar puede tener consecuencias considerables. En Chamela-Cuixmala se estima la presencia de entre cinco y seis jaguares y una cantidad similar de pumas; perder uno podría representar alrededor de una quinta parte de la población local.
Vacunar mascotas también conserva la fauna
México registró un crecimiento de la población de jaguares, de 4 mil 800 ejemplares en 2018 a 5 mil 326 en 2024. Sin embargo, los investigadores advierten que el aumento no elimina las amenazas: las poblaciones concentradas en áreas protegidas rodeadas por asentamientos humanos pueden quedar expuestas a brotes sanitarios.
La experiencia internacional muestra la magnitud posible del riesgo. Durante la década de 1990, un brote de distemper transmitido por perros domésticos provocó la muerte de aproximadamente un tercio de los leones del Parque Nacional Serengueti, en Tanzania.
Vacunar, desparasitar, esterilizar y evitar que perros y gatos deambulen dentro de áreas naturales no constituye únicamente una medida de bienestar animal. También protege a jaguares, pumas, ocelotes y otras especies que no poseen acceso a medicamentos ni atención veterinaria.
La conservación ya no termina en los límites de una reserva. También comienza en los hogares, comunidades, ranchos y centros turísticos que comparten territorio con la vida silvestre.








