Melatonina todas las noches: los riesgos de convertir las gomitas para dormir en una rutina

La melatonina suele considerarse segura a corto plazo, pero su seguridad durante meses o años todavía no está bien establecida. Somnolencia diurna, mareos, dolor de cabeza e interacciones con medicamentos están entre los riesgos conocidos

AquíNoticias Staff

Las gomitas de melatonina se han convertido en una solución cotidiana para quienes tienen problemas para conciliar el sueño. Son fáciles de comprar, parecen inofensivas y, por tratarse de una hormona que el propio organismo produce, pueden generar la impresión de que tomarlas cada noche no implica mayor riesgo.

La evidencia disponible obliga a poner algunos matices.

La melatonina es una hormona que participa en la regulación del ciclo sueño-vigilia. El organismo aumenta su producción cuando disminuye la luz ambiental, enviando una señal biológica de que se aproxima la noche. Los suplementos intentan aprovechar ese mecanismo, pero eso no significa que una dosis mayor produzca necesariamente un sueño mejor.

Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que consumir melatonina durante largos periodos sea completamente seguro. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos, dependiente de los Institutos Nacionales de Salud, señala que su uso a corto plazo parece seguro para la mayoría de las personas, pero todavía falta información sobre sus efectos a largo plazo.

Ese punto es importante porque cambia la pregunta. El problema no es que tomar melatonina todas las noches produzca inevitablemente daño, sino que convertirla en una rutina indefinida puede significar consumir durante meses o años una sustancia cuyos efectos prolongados todavía no están suficientemente estudiados.

Entre los efectos secundarios conocidos aparecen dolor de cabeza, mareos, náuseas y somnolencia durante el día. También se han reportado, con menor frecuencia, sueños intensos o pesadillas, irritabilidad, malestar gastrointestinal, confusión, reducción de la lucidez y cambios en el estado de ánimo.

La somnolencia residual merece especial atención. Mayo Clinic recomienda evitar conducir o utilizar maquinaria durante las cinco horas posteriores a la toma, precisamente porque el efecto sedante puede mantenerse después de levantarse o cuando todavía se necesita permanecer alerta.

Otro problema está dentro del frasco.

Un estudio publicado en JAMA analizó 25 productos de melatonina en forma de gomitas vendidos en Estados Unidos y encontró que 22 estaban etiquetados de manera inexacta. En los productos que sí contenían melatonina, la cantidad real osciló entre 74% y 347% de lo indicado en la etiqueta. Es decir, algunas gomitas aportaban hasta casi tres veces y media la dosis anunciada.

El hallazgo no permite afirmar que todas las marcas comercializadas en otros países tengan el mismo problema, pero sí evidencia uno de los riesgos de tratar estos suplementos como si fueran productos completamente estandarizados.

A ello se suman las interacciones medicamentosas. La melatonina puede interferir con anticoagulantes, anticonvulsivos, medicamentos para la presión arterial o la diabetes, depresores del sistema nervioso central y algunos anticonceptivos, entre otros tratamientos. Por eso el hecho de venderse sin receta en determinados mercados no equivale a que sea adecuada para cualquier persona.

También conviene desmontar otra idea frecuente: la melatonina no suele producir una dependencia física comparable con la de algunos medicamentos hipnóticos ni existe evidencia sólida de que necesariamente pierda eficacia por tolerancia con el uso habitual. Mayo Clinic señala precisamente que es poco probable desarrollar adicción a ella.

Otra cosa es la rutina. Una persona puede acostumbrarse psicológicamente a asociar el momento de dormir con tomar una gomita y llegar a sentir que no podrá conciliar el sueño sin ella. Esa percepción puede terminar ocultando el problema que originalmente provocó el insomnio.

Y ahí está otra de las advertencias centrales: la melatonina no es el tratamiento principal para el insomnio crónico.

Las guías clínicas citadas por el NCCIH han recomendado no utilizarla de manera rutinaria para tratar este trastorno debido a que la evidencia sobre su eficacia es insuficiente. Para los problemas persistentes de sueño, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, conocida como CBT-I, continúa siendo considerada tratamiento de primera línea.

Este abordaje busca identificar conductas, horarios, pensamientos y condiciones que mantienen el problema del sueño, en lugar de limitarse a inducir somnolencia. Mayo Clinic señala que puede resultar tan eficaz o más que los medicamentos para dormir y que sus beneficios suelen mantenerse después del tratamiento.

Por eso, tomar melatonina ocasionalmente no equivale a mantener una gomita cada noche durante meses sin saber por qué sigue siendo necesaria.

Si los problemas para dormir se mantienen durante semanas, interfieren con la vida diaria o hacen necesario recurrir constantemente a suplementos, la señal relevante puede no estar en el frasco, sino en averiguar qué está impidiendo dormir.

La melatonina puede ser útil en circunstancias específicas. Lo que la evidencia no respalda es convertirla, simplemente porque se vende con facilidad, en una solución automática e indefinida para cualquier problema de sueño.

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