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“New Fire”, el luchador de diferentes generaciones

“New Fire”, el luchador de diferentes generaciones

Inició a subirse a los cuadriláteros desde los 5 años como mascota y a los 14 años como una estrella profesional 

Texto: Sandra de los Santos

Fotos: Ariel Silva

El personaje que conversa conmigo después de haber estado en el cuadrilátero una hora atrás es otro, que poco se parece al que se avienta de las cuerdas, el que castiga a su adversario. El hombre que está en frente de mí es amable, abraza a su hijo y saluda a todos los que van saliendo de esta improvisada arena.

El lugar donde se realiza la entrevista no es la recién reinaugurada arena Roma, donde se están realizando la mayoría de las funciones de lucha libre en Tuxtla Gutiérrez, sino es un estacionamiento del centro de la ciudad.

Este lugar se convirtió en refugio para luchadores y el público cuando no había un espacio idóneo para hacer las funciones porque la arena Roma estaba cerrada y la Metropolitana nació siendo un elefante blanco. Al centro del estacionamiento  se coloca el ring y a los costados se ponen sillas en donde el público se reúne a ver el espectáculo, una combinación entre deporte, algo de arte circense y hasta teatro. El referí, la máxima autoridad en el cuadrilátero, cuando baja de él se pone una franela roja en el hombro y ayuda a que los carros salgan del lugar a cambio de una propina. Pero, el sitio está cayendo desuso desde que empezó a funcionar de nuevo la arena Roma.

Estas fotos son parte del proyecto “Espaldas Planas” del fotógrafo Ariel Silva. Fueron tomadas cuando “New Fire” todavía tenía su máscara.

No cualquiera se puede subir a un ring. Se requiere entrenamiento y también estar dispuesto a recibir una serie de insultos de todo tipo. Una buena parte del espectáculo está en el cuadrilátero, pero otra se libra en las butacas, en donde las personas gritan a placer, cualquier grosería que se pudiera imaginar acá es pronunciada sin ningún tipo de miramiento. A esto también se viene a la lucha libre: a gritar, a desfogarse a ser parte de la función.

New Fire Jr. conoce este ambiente muy bien, aquí creció. Tiene 25 años de edad, pero desde que tenía 5 años empezó a subirse al ring, primero como mascota y luego a luchar. Ahora también se dedica a entrenar a quienes empiezan en este oficio.

Su padre, el luchador “Fuego Nuevo”, inició en este oficio porque de esa forma logró salir de las bandas. “Mi papá era un chavo banda y después entró a una organización de chavos y chavas banda y se regeneró. Lo metieron a clases de lucha en el Roma y ahí cambió” cuenta New Fire, que sigue con la tradición de dedicarse a pelear en el cuadrilátero.

Foto: Ariel Silva.

La lucha libre exige entrenamiento y disciplina, cuando se sube al ring hay que velar por la seguridad propia y la de los compañeros por eso es necesario que ninguna persona improvisada se meta a esta profesión. “Uno sabe cómo sube, pero nunca sabe cómo va a bajar porque siempre pueden suceder accidentes, pero pasa en todos los oficios un albañil se cae de una azotea, alguien que corta salchichas se puede rebanar un dedo” dice este joven, que convive muy bien con las diferentes generaciones de luchadores que hay en Tuxtla.

A los 14 años debutó como luchador profesional en el barrio San Roque en Tuxtla Gutiérrez, pero desde los 5 años se subía al ring como mascota así que el cuadrilátero lo conoce muy bien. Es técnico, pero conoce también todo lo que se necesita para ser rudo porque su padre estuvo en ese bando toda su vida profesional.

El haber iniciado tan joven en este oficio le permite conocer a los luchadores de todas las generaciones, ha vivido los mejores tiempos de este deporte en Tuxtla, pero también cuando ha decaído. Ahora parece que está en otro apogeo, se abrió del nuevo el Roma, las luchas son más cotidianas.

Foto: Ariel Silva.

“Yo estoy contento porque a todos nos conviene a los promotores, los luchadores, a las familias que vienen a ver las funciones. Yo amo la lucha libre si volviera a nacer me dedicaría otra vez a lo mismo” dice New Fire y no se puede menos que creerle con la convicción que lo dice.

La gente quiere ver a sus luchadores de cerca, escuchar las caídas, gritar con el sonido de los golpes, la gente sabe que la lucha libre se disfruta mejor viéndola en vivo, siendo parte del espectáculo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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