Olfato que protege: los perros que trabajan por la seguridad de Chiapas

Binomios caninos participan en búsquedas, emergencias y operativos preventivos; detrás de sus resultados existen meses de preparación, cuidados permanentes y coordinación con personal especializado

AquíNoticias Staff

En medio de una búsqueda, un desastre o un operativo de seguridad, el olfato de un perro entrenado puede encontrar aquello que los ojos humanos no alcanzan a distinguir. No trabaja solo: forma un binomio con una persona que aprende a interpretar cada movimiento, cambio de conducta y señal.

En Chiapas, estos equipos participan principalmente en dos áreas: la localización y el rescate de personas, bajo la coordinación de Protección Civil, y las tareas preventivas y de detección que realizan las unidades K9 de seguridad pública.

Los perros de búsqueda pueden intervenir ante derrumbes, desapariciones, inundaciones o accidentes ocurridos en zonas de difícil acceso. Su función consiste en rastrear el olor humano y señalar al manejador el lugar donde detectan una posible presencia. El Centro Nacional de Prevención de Desastres considera a los binomios caninos una herramienta fundamental para localizar personas durante emergencias.

Una radiografía publicada en julio de 2025 indicaba que la Unidad Canina de Búsqueda y Rescate de Chiapas estaba integrada por diez binomios y doce elementos humanos, y había participado en 23 búsquedas. El proceso de preparación de cada perro podía prolongarse entre un año y año y medio. Estas cifras corresponden a ese corte informativo y podrían haber cambiado desde entonces.

En el ámbito de la seguridad, los perros pueden ser capacitados para detectar sustancias prohibidas y acompañar filtros, recorridos de vigilancia y operativos conjuntos. La Secretaría de Seguridad del Pueblo también les asigna actividades preventivas en escuelas, parques, centros comerciales, espacios públicos y eventos concurridos.

Su presencia no debe interpretarse solamente como capacidad de ataque. Dependiendo de su especialidad, un perro puede ser entrenado para detección, rastreo, búsqueda de personas, guardia, protección o proximidad social. El objetivo del entrenamiento determina su conducta durante una intervención.

El vínculo también forma parte del trabajo

La palabra binomio expresa una condición operativa: el perro y su manejador funcionan como una sola unidad. La eficacia no depende exclusivamente del olfato, sino de la confianza construida durante los entrenamientos, la repetición de ejercicios y la capacidad humana para reconocer las señales del animal.

El perro aprende mediante estímulos y recompensas. Para él, localizar un olor específico suele representar completar una actividad asociada con el juego. El manejador, en cambio, debe conocer su nivel de concentración, cansancio, estrés y disposición antes de permitirle entrar a una zona operativa.

En 2026, Protección Civil de Chiapas abrió espacios para que las familias conocieran la historia, formación, razas y labores de sus perros rescatistas. La dependencia calificó a esta unidad como un componente relevante para la seguridad y el cuidado de las familias chiapanecas.

No son herramientas desechables

Reconocer su servicio también exige revisar las condiciones en las que trabajan. Alimentación, atención veterinaria, hidratación, descanso, instalaciones adecuadas y retiro digno deben formar parte de cualquier unidad institucional.

Las dependencias públicas podrían transparentar periódicamente cuántos perros se encuentran activos, qué certificaciones poseen, cuántas intervenciones realizan, cuáles son sus protocolos veterinarios y qué ocurre con ellos cuando termina su vida operativa.

El Día Mundial del Perro también permite mirar a quienes no permanecen en casa esperando a su familia. Algunos salen junto a rescatistas y policías para buscar desaparecidos, prevenir riesgos o intervenir cuando cada minuto puede definir el resultado de una emergencia.

Proteo, una huella que también pasó por Chiapas

La historia de estos equipos tiene nombres concretos. Uno de ellos fue Proteo, perro rescatista de la Secretaría de la Defensa Nacional e integrante de la Primera Brigada de Policía Militar. En 2017 participó en Chiapas en la búsqueda de personas sepultadas por un deslave, una misión que vinculó su trayectoria directamente con la población del estado.

Para entonces, Proteo ya había intervenido en una misión humanitaria en Guatemala, en 2015, y en la atención del terremoto de Ecuador, en 2016. Después de su paso por Chiapas participó en las labores posteriores al sismo del 19 de septiembre de 2017 en la Ciudad de México, en Haití durante 2021 y en Oaxaca tras los daños provocados por el huracán Agatha, en 2022.

Su última misión ocurrió en 2023, cuando viajó con la delegación mexicana para apoyar las tareas de búsqueda entre los edificios colapsados por los terremotos de Turquía y Siria. Proteo murió durante aquel despliegue, dejando una trayectoria que convirtió su nombre en símbolo del trabajo realizado por los binomios caninos mexicanos.

Su historia permite entender lo que ocurre detrás de cada operación: el perro no actúa como un recurso aislado, sino como integrante de un equipo cuya preparación requiere años, confianza con su manejador, atención veterinaria y condiciones dignas durante y después de su vida de servicio. En el Día Mundial del Perro, recordar su paso por Chiapas también significa reconocer a los caninos que actualmente permanecen listos para intervenir cuando una emergencia pone vidas en riesgo.

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