Qué más pue… / Carlos Coutiño

ERA y Albania

Chiapas transita por una etapa de transformación social guiada por un compromiso con la dignidad de las personas. Esa visión ha sido impulsada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar a través de distintas dependencias estatales y, según ha referido el propio mandatario, también nace de conversaciones familiares con doña Sofía Espinoza, con quien comparte reflexiones sobre diversos temas de la vida pública.

Bajo ese liderazgo, la agenda de género en Chiapas ha dejado de ser una promesa discursiva para convertirse en una política gubernamental activa. El gobernador ha optado por recorrer el territorio, subir al transporte público, conversar con la gente, caminar las calles y palpar de manera directa las condiciones en que viven las familias chiapanecas. Esa cercanía le permite distinguir qué puede cambiarse, dónde están los rezagos y cuáles son las urgencias reales de la población.

En ese contexto, las acciones dirigidas a fortalecer la seguridad de las mujeres marcan una pauta relevante para reducir los índices de violencia y devolver tranquilidad a miles de hogares chiapanecos.

Uno de los frentes más complejos de esta estrategia es la movilidad urbana. Durante años, el transporte público fue visto más como negocio que como derecho, y por eso muchos problemas permanecieron sin resolverse. Las rutas, los horarios, las paradas y la seguridad de las usuarias se convirtieron en asuntos postergados, pese a que afectan todos los días la vida de trabajadoras, estudiantes y madres de familia.

El transporte público representaba una zona de vulnerabilidad para las mujeres debido a problemas estructurales como asaltos recurrentes, desvíos arbitrarios de rutas, horarios desprotegidos y paradas solitarias. En ese escenario, la participación de Albania González Pólito, titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte, resulta fundamental.

Su gestión ha impulsado medidas de vigilancia y reordenamiento en colectivos y zonas de espera. A través del programa implementado por la dependencia, se han revisado rutas y condiciones de operación, con el propósito de dignificar el servicio y reducir factores de riesgo para las usuarias.

Este esfuerzo de seguridad física encuentra un sustento institucional en la labor de Marian Vázquez González, titular de la Secretaría de las Mujeres. Su trabajo representa un punto de inflexión en la administración pública, al colocar la atención a las mujeres no solo en las oficinas gubernamentales, sino también en el territorio.

Con una visión transversal y empática, la Secretaría de las Mujeres ha fortalecido los mecanismos de protección comunitaria mediante la red de Centros Libres, espacios orientados al acompañamiento, la orientación y la atención de mujeres que enfrentan distintos tipos de violencia.

El liderazgo de mujeres como Albania González y Marian Vázquez articula políticas preventivas que fortalecen la denuncia, amplían la atención institucional y ofrecen espacios de acompañamiento legal y comunitario para las chiapanecas, así como para mujeres en tránsito y connacionales que requieren apoyo.

La coordinación interinstitucional demuestra que erradicar la violencia de género exige una estrategia articulada. La suma del liderazgo del gobernador Eduardo Ramírez, la visión de movilidad segura de Albania González y el trabajo territorial de Marian Vázquez contribuye a construir un Chiapas más justo.

Hoy, muchas mujeres cuentan con mejores condiciones para moverse en el espacio público y saben que su seguridad debe ocupar un lugar central en la agenda del Estado.

Planificación familiar

Hoy se conmemora el Día de la Planificación Familiar, una fecha que invita a reflexionar sobre la vida, la responsabilidad y la construcción social de las familias.

La planificación familiar no debe reducirse a una discusión simplista. No se trata de oponer maternidad y libertad, ni de promover familias numerosas sin condiciones dignas. Tampoco debe entenderse como una fórmula única para todos. Planificar implica tomar decisiones responsables sobre el momento, las condiciones y los cuidados necesarios para formar una familia.

En los años ochenta se decía que “la familia pequeña vive mejor”. Sin embargo, el bienestar no depende únicamente del número de integrantes, sino de la manera en que se educa, se acompaña y se sostiene el hogar. Una familia con pocos recursos puede vivir con amor y armonía, mientras que una familia con riqueza puede enfrentar conflictos profundos por la ausencia de comunicación, respeto o estabilidad emocional.

La planificación familiar debe entenderse como una responsabilidad integral. Implica preguntarse cuándo se está en condiciones de tener hijos, cómo se les garantizarán sus derechos, qué obligaciones asumirán los padres y qué tipo de ambiente se construirá para ellos.

No basta con hablar de libertad o de amor si no existe responsabilidad. Educar no significa permitirlo todo para evitar que los hijos se sientan reprimidos. Educar también implica poner límites, transmitir valores, acompañar decisiones y formar personas capaces de vivir en comunidad.

Planificar debe ser un acto ético, de amor, respeto, comprensión y atención. La familia es la primera comunidad de cualquier persona. Si la familia está bien, la sociedad tiene mejores condiciones para estar bien. Si en casa hay violencia, abandono o desorden, tarde o temprano esas heridas también se reflejan en la calle.

Planificar en el trabajo significa ordenar esfuerzos para obtener mejores resultados, no reducir responsabilidades. En la familia ocurre algo similar: planificar no significa limitar la vida, sino asumirla con mayor conciencia.

Por eso esta fecha debe servir para reflexionar sobre los cambios necesarios en los hogares. Muchas familias viven procesos de desintegración, presión social y conflictos que también provienen de lo que ocurre en otros entornos. Hablar de planificación familiar es hablar de salud, educación, responsabilidad y futuro.

Sacerdotes

Este 4 de agosto va una felicitación a los sacerdotes, desde luego al arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, a los sacerdotes de Chiapa de Corzo, de la capital y de otros municipios a quienes conozco y reconozco por su labor pastoral.

Muchos de ellos han realizado tareas importantes en beneficio de la sociedad, más allá de lo visible y de aquello que muchas veces no aparece en los discursos públicos. Por eso, reconocer su trabajo no debe quedarse en aplausos, sino traducirse en atención a su mensaje, respeto a su vocación y apertura al acompañamiento espiritual que ofrecen.

Los sacerdotes también han tenido que cambiar para encontrar nuevas formas de acercarse a una sociedad cada vez más estresada, compleja y bombardeada por múltiples mensajes. En tiempos de violencia, incertidumbre y cansancio social, su labor puede contribuir a desalentar conductas destructivas y a promover caminos de reconciliación, paz y responsabilidad personal.

La labor pastoral representa, para muchas personas, una guía para mejorar su calidad de vida y fortalecer espacios familiares de convivencia armoniosa. La Iglesia, con sus comunidades y servicios, ha sido para muchos un punto de orientación, consuelo y encuentro.

Aunque no todos formen parte activa del catolicismo, es importante reconocer el papel social que desempeñan los sacerdotes en distintas comunidades. Su presencia acompaña duelos, orienta familias, fortalece valores y recuerda la necesidad de vivir con mayor sentido humano.

En una época en la que la fe también enfrenta cuestionamientos y ataques, vale la pena mirar con serenidad el trabajo de quienes, desde su vocación, siguen sirviendo a la sociedad.

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