Salud cardiometabólica femenina exige atención con perspectiva de género

Especialistas advirtieron que enfermedades del corazón, diabetes y cáncer siguen marcando la mortalidad de las mexicanas; piden prevención, diagnóstico oportuno y políticas públicas diferenciadas

AquíNoticias Staff

La salud cardiometabólica de las mujeres no puede seguir atendiéndose con criterios generales que ignoren las diferencias biológicas, hormonales y sociales que atraviesan cada etapa de la vida femenina, advirtieron especialistas durante el conversatorio virtual “Reflexiones sobre la salud cardio-metabólica de las mujeres”.

El llamado parte de un dato de salud pública: en México, las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos se mantienen entre las principales causas de muerte registradas por el INEGI. En 2024, las defunciones por enfermedades del corazón ocuparon el primer lugar nacional, seguidas por diabetes mellitus y tumores malignos.

En el caso del cáncer, el de mama concentra una carga específica para las mujeres. El INEGI reportó que en 2024 el cáncer de mama fue la primera causa de muerte entre los tumores malignos y que 99.2 por ciento de esos fallecimientos ocurrieron en mujeres; además, la tasa de defunción en mujeres de 20 años y más fue de 18.7 por cada 100 mil.

Durante el encuentro, la endocrinóloga Ma. de Lourdes Basurto explicó que la influencia hormonal acompaña a las mujeres desde etapas tempranas y participa en procesos como el desarrollo, el ciclo menstrual, la fertilidad y la menopausia. Los estrógenos, señaló, cumplen un papel relevante en la protección y regulación metabólica, por lo que sus desequilibrios pueden afectar tanto el bienestar físico como emocional.

La cardióloga Alejandra Madrid Miller puso énfasis en la obesidad visceral, es decir, la grasa acumulada alrededor de órganos como hígado, corazón y páncreas. De acuerdo con la especialista, este factor favorece resistencia a la insulina y puede abrir paso a diabetes, hipertensión, dislipidemias, aterosclerosis y algunos tipos de cáncer.

La relación entre obesidad y riesgo cardiovascular cuenta con amplio respaldo médico. La American Heart Association ha señalado que la obesidad contribuye directamente a factores de riesgo como dislipidemia, diabetes tipo 2, hipertensión y trastornos del sueño; además, identifica la obesidad abdominal como un marcador relevante de riesgo cardiovascular.

El conversatorio también abordó la relación entre alimentación, inflamación crónica y envejecimiento, fenómeno conocido como inflammaging. La especialista en nutrición Astrid Ruíz Margaín recomendó priorizar alimentos ricos en antioxidantes, como frutos rojos y hojas verdes, además de reducir ultraprocesados y grasas nocivas. Subrayó que alimentación, ejercicio y sueño son pilares para disminuir la carga cardiometabólica.

Por su parte, el ginecobstetra Alejandro Rosas Balán sostuvo que la atención médica debe integrar salud reproductiva y salud metabólica desde la menarca hasta la postmenopausia. La transición a la menopausia es una etapa clínicamente relevante: una declaración científica de la American Heart Association advierte que el riesgo cardiovascular en mujeres aumenta de manera notable después de la menopausia.

Las y los especialistas coincidieron en que la salud femenina requiere criterios de diagnóstico, tratamiento y seguimiento diferenciados. No se trata de establecer privilegios clínicos, sino de reconocer que la biología, las hormonas, el embarazo, la menopausia, los determinantes sociales y las barreras de acceso modifican el riesgo y la oportunidad de atención.

Marcela Vázquez, directora general y fundadora de Mujer, Hormonía y Salud, A.C., planteó que la salud de las mujeres no puede seguir atendiéndose con un enfoque neutro, sino como una prioridad pública basada en evidencia y sensible al género.

El conversatorio cerró con un llamado a autoridades sanitarias, profesionales de la salud y sociedad civil para avanzar hacia políticas públicas incluyentes, educación preventiva y acceso oportuno a servicios integrales. El reto no es menor: detectar antes, tratar mejor y reconocer que la salud cardiometabólica femenina exige una mirada propia, no una adaptación tardía de modelos diseñados sin perspectiva de género.

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