San Juan Bautista y el cempoalxóchitl: el inicio del ciclo sagrado del Xantolo en la Huasteca

Cada 24 de junio, familias huastecas siembran la flor que meses después guiará simbólicamente el regreso de las almas durante la celebración del Día de Muertos

Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón

Cada 24 de junio, la celebración de la Natividad de San Juan Bautista marca una fecha de profundo significado religioso y cultural en México. Además de conmemorar el nacimiento del precursor de Jesucristo, esta festividad coincide con el inicio de la temporada de lluvias y de los ciclos agrícolas, dando origen a una de las tradiciones más representativas de la región Huasteca: la siembra del cempoalxóchitl, la emblemática flor que meses después acompañará la celebración del Xantolo.

San Juan Bautista es el único santo cuya natividad se celebra dentro del calendario litúrgico católico. Su figura está estrechamente ligada al agua y a la purificación, al haber bautizado a Jesús en el río Jordán. En distintas regiones del país aún perduran costumbres como bañarse en ríos o manantiales al amanecer para atraer salud y buena fortuna, mojarse con agua como símbolo de renovación espiritual, recolectar plantas medicinales consideradas más poderosas en esta fecha y elevar plegarias para pedir lluvias abundantes que favorezcan las cosechas.

En la Huasteca, esta celebración adquiere un significado aún más profundo al convertirse en el punto de partida del ciclo ritual del Xantolo, la tradicional festividad del Día de Muertos propia de esta región. Es precisamente el 24 de junio cuando las familias siembran el cempoalxóchitl, cuyo nombre proviene del náhuatl cempoalxóchitl, que significa «flor de veinte pétalos» también llamada en otros lugares como flor de Cempasúchil.

De acuerdo con la tradición, las semillas utilizadas provienen de las flores colocadas en los altares del año anterior y que fueron cuidadosamente resguardadas hasta este momento. Con la llegada de las lluvias, la tierra recibe nuevamente estas semillas, iniciando un proceso que culminará varios meses después, cuando los campos se cubran del característico color amarillo intenso que anuncia la llegada de los fieles difuntos.

Más allá de su extraordinaria belleza, el cempoalxóchitl posee un profundo simbolismo espiritual. Su color brillante y su inconfundible aroma, forman los caminos que, según la creencia popular, guían a las almas hacia las ofrendas familiares durante el Xantolo, permitiendo el reencuentro entre vivos y muertos en una de las celebraciones más representativas del patrimonio cultural de México.

El ciclo ritual continúa durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, cuando las flores alcanzan su máximo esplendor para adornar altares, panteones y espacios ceremoniales. Finalmente, el 30 de noviembre se recolectan las semillas de las flores colocadas en los altares, las cuales serán resguardadas durante varios meses hasta la siguiente siembra de San Juan, cerrando así un ciclo agrícola, espiritual y comunitario que ha permanecido vivo por generaciones.

La producción del cempoalxóchitl también representa un importante sustento económico para numerosas comunidades indígenas de la Huasteca. Cada temporada, miles de flores son comercializadas para las festividades de Día de Muertos, fortaleciendo las economías familiares y preservando conocimientos agrícolas heredados de sus antepasados.

El Xantolo trasciende la conmemoración del Día de Muertos. Es una expresión viva de la identidad huasteca, donde la música tradicional, las danzas, la gastronomía, los altares y el cempoalxóchitl convergen para mantener vigente una visión del mundo en la que la vida y la muerte forman parte de un mismo ciclo.

La celebración de San Juan Bautista y el inicio de la siembra del cempoalxóchitl reflejan el profundo sincretismo entre la tradición católica y las prácticas ancestrales de los pueblos originarios. Una unión de fe, naturaleza y memoria colectiva que convierte a la Huasteca en uno de los territorios culturales más ricos de México y ofrece a los visitantes la oportunidad de comprender una tradición que florece mucho antes de noviembre, cuando la primera semilla toca la tierra y comienza el camino que, meses después, iluminará el regreso de quienes ya partieron.

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