Indumentarias, instrumentos, fotografías, objetos cotidianos y danzas tradicionales integran un acervo construido para que la memoria del pueblo no quede separada de las nuevas generaciones
AquíNoticias Staff / Noé Juan Farrera Garzón
La memoria zoque no permanece inmóvil dentro de una vitrina. En el Museo Comunitario “Raíces de mi Pueblo”, los objetos dialogan con la música, las danzas, las fiestas religiosas y los relatos que todavía forman parte de la vida cotidiana de Copainalá.
Al frente de este espacio se encuentra Saraín Juárez Reyes, músico, investigador y danzante tradicional que ha dedicado buena parte de su trayectoria a preservar y difundir expresiones culturales vinculadas con la identidad zoque. Coberturas previas lo identifican como director y responsable de la atención del museo.
Su trabajo parte de una idea concreta: la cultura no se conserva únicamente mediante objetos antiguos. También necesita personas que conozcan el significado de una indumentaria, el ritmo de una danza, la historia de una festividad y la forma en que esos saberes deben transmitirse.
Un museo construido desde la comunidad
El Museo Comunitario “Raíces de mi Pueblo” fue fundado el 25 de febrero de 1996 y se localiza en la 1a Poniente Sur, en el centro de Copainalá. Pertenece a la asociación Raíces de mi Pueblo Chyks Kungny, A.C. y abre de lunes a viernes, de 8:00 a 15:00 horas, de acuerdo con el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura federal.
Su colección reúne piezas arqueológicas de la región, utensilios relacionados con la vida cotidiana, vestimentas tradicionales y materiales dedicados a las danzas autóctonas de Copainalá. El recinto también organiza exposiciones itinerantes y talleres de marimba, guitarra y danza.
Fotografías antiguas, documentos, instrumentos musicales, leyendas y referencias a personajes de la comunidad permiten reconstruir distintas etapas de la vida social del municipio. El museo no presenta la cultura zoque como un capítulo cerrado, sino como una herencia que continúa transformándose mediante quienes la practican.
Las danzas que estuvieron en riesgo
Una parte importante de la labor de Saraín Juárez se relaciona con las festividades de San Pedro y San Pablo, celebradas cada 29 de junio. Durante ellas se presentan expresiones como las danzas de San Lorenzo, El Gigante y San Gerónimo.
De acuerdo con la información de Primer Plano Magazine, la danza de San Gerónimo estuvo en riesgo de desaparecer y pudo recuperarse mediante el trabajo conjunto de Juárez Reyes y el comité de festejo del barrio Santísima Trinidad.
El rescate muestra que una tradición puede perderse incluso cuando permanece en la memoria de algunas personas. Para sobrevivir necesita organización, ensayos, músicos, danzantes, vestuario y una comunidad dispuesta a reconocerla como parte de su historia.
Por ello, el valor del museo rebasa la exhibición. Su acervo aporta referencias para investigar, reconstruir y enseñar prácticas culturales que dependen de la transmisión oral y de la participación comunitaria.
Copainalá muestra su raíz zoque
Copainalá forma parte del programa federal de Pueblos Mágicos. Su incorporación ha ampliado la proyección turística de una localidad distinguida por su arquitectura religiosa, sus celebraciones y su herencia zoque.
El reconocimiento turístico, sin embargo, encuentra su contenido en el trabajo cotidiano de habitantes que conservan la música, las danzas y las historias de la comunidad. Sin esa participación, la denominación correría el riesgo de reducirse a una marca sin memoria.
El Museo Comunitario “Raíces de mi Pueblo” ofrece a visitantes locales, nacionales y extranjeros una puerta de entrada a esa historia. Las piezas permiten observar cómo se vestía, trabajaba, celebraba y organizaba una comunidad, pero también ayudan a comprender por qué determinadas prácticas siguen teniendo valor en el presente.
La trayectoria de Saraín Juárez Reyes recuerda que el patrimonio cultural no se conserva por inercia. Requiere investigación, cuidado y enseñanza. En Copainalá, esa tarea ocurre desde un museo comunitario donde cada objeto encuentra sentido en las personas que todavía conocen su historia.








