Los foros nacionales definirán una propuesta para niñas, niños y adolescentes. Si después se regula el acceso a plataformas por edades, el Gobierno deberá resolver cómo distinguir a menores y adultos sin comprometer su privacidad
AquíNoticias Staff
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo busca presentar para el próximo ciclo escolar una propuesta que regule el uso de plataformas digitales y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes, inicialmente dentro de las escuelas.
La decisión todavía no está tomada. El Gobierno realizará foros nacionales antes de definir las reglas y, de acuerdo con la propia Presidenta, la discusión podría extenderse después hacia el funcionamiento de las plataformas digitales.
“Nuestro objetivo es presentar una propuesta a partir de los foros que se están haciendo en distintos lugares del país. Por lo pronto para las escuelas y después seguir debatiendo para ver si regulamos y cómo regulamos las plataformas digitales”, explicó durante la conferencia matutina.
Sheinbaum señaló particularmente mecanismos como el scroll infinito y planteó que el objetivo es generar conciencia sobre los efectos que el uso excesivo de plataformas puede producir en el crecimiento y comportamiento de niñas, niños y adolescentes.
La Presidenta sostuvo además que la decisión debe surgir de una discusión colectiva en la que participen especialistas, familias y jóvenes, para evitar que las medidas sean percibidas únicamente como una imposición.
Hasta ahí, el objetivo es claro. Lo que todavía falta definir es cómo se convertirá esa preocupación en regulación.
Una cosa es limitar el celular; otra, regular una plataforma
Las escuelas pueden establecer reglas relativamente concretas sobre los teléfonos: cuándo utilizarlos, cuándo guardarlos, qué excepciones existen y bajo qué circunstancias pueden emplearse como herramientas educativas.
Regular redes sociales plantea un problema distinto.
Si México decide posteriormente establecer condiciones especiales para el acceso de menores, tendrá que definir qué cambiará dentro de las plataformas.
Una posibilidad sería intervenir sobre características del producto: scroll infinito, reproducción automática, notificaciones permanentes o recomendaciones diseñadas para prolongar la permanencia de los usuarios.
Otra sería establecer límites relacionados con la edad o con determinados contenidos.
Y ahí surgen preguntas que el Gobierno todavía no ha respondido.
¿Una persona de 14 años tendría una experiencia distinta en Instagram, TikTok o cualquier otra plataforma que una de 25? ¿Qué funciones cambiarían? ¿Quién determinaría esos criterios?
¿Cómo demostrar que eres adulto?
El psicólogo social Jonathan Haidt, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de La generación ansiosa, propuso durante la conferencia establecer escuelas libres de teléfonos y elevar a los 16 años la edad mínima para tener cuentas en redes sociales.
La recomendación abre un problema práctico.
Para aplicar de manera efectiva una restricción por edad, una plataforma necesita distinguir entre quien tiene 15 años y quien tiene 25.
Actualmente no existe, dentro de la propuesta anunciada por Sheinbaum, un mecanismo definido para hacerlo. El Gobierno no ha dicho que vaya a solicitar identificaciones oficiales, documentos personales o datos biométricos.
Pero si la regulación avanza hacia controles más estrictos de edad, tendrá que resolverse cómo comprobarla.
Y cualquier sistema de identificación más robusto introduce una tensión adicional: para demostrar la edad, el usuario puede terminar proporcionando más información sobre sí mismo.
Ahí la protección de las infancias comienza a cruzarse con otro derecho: la privacidad.
Proteger a menores sin identificar a todos
No todos los datos personales tienen el mismo nivel de sensibilidad ni entregarlos significa perder automáticamente toda privacidad. Pero cuanto mayor sea la información requerida para verificar una identidad, mayor será también la capacidad de vincular una cuenta digital con una persona concreta.
La pregunta, entonces, ya no sería únicamente si un adolescente debe utilizar determinada red social.
También habría que preguntar cuánto necesita saber una plataforma sobre cada usuario para decidir qué puede utilizar.
Una regulación por edades tendría que encontrar un equilibrio entre dos objetivos legítimos: impedir que niñas, niños y adolescentes queden expuestos a productos o dinámicas consideradas dañinas y evitar que esa protección obligue al conjunto de usuarios a identificarse más de lo necesario.
Los algoritmos también están en la discusión
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, sostuvo que el uso excesivo de plataformas digitales y redes sociales representa un problema de salud pública y afirmó que los algoritmos no son neutrales.
Según Delgado, los dispositivos digitales dejaron de ser herramientas pasivas porque los contenidos que recomiendan también pueden orientar conductas e influir en la manera en que las personas perciben su entorno.
Arturo Béjar, especialista en seguridad digital, explicó que las plataformas combinan mecanismos como el scroll infinito, la reproducción automática, recomendaciones algorítmicas, notificaciones constantes, indicadores de popularidad y sistemas de comparación social para captar y prolongar la atención.
Béjar presentó datos que atribuyó a un reporte interno de Meta entre jóvenes de 13 a 15 años: uno de cada cinco habría reportado sentirse peor consigo mismo, su cuerpo o su imagen; uno de cada ocho habría recibido acoso sexual y uno de cada 11 habría estado expuesto a contenido relacionado con suicidio o autolesiones.
También señaló que más del 90 por ciento de los daños identificados en ese ejercicio provenían de personas desconocidas.
Su planteamiento coloca otra responsabilidad en el debate: no todo puede recaer en la capacidad de autocontrol de niñas, niños y adolescentes si las propias plataformas están diseñadas para mantener la atención.
Quién decide también importa
La eventual regulación tendrá que precisar además qué pretende limitar.
Regular características como las notificaciones o el scroll infinito significa intervenir sobre el diseño de una plataforma. Limitar contenidos implica una decisión distinta y mucho más sensible.
En ese segundo escenario será necesario saber quién establece qué puede ver un menor, bajo qué criterios, cómo se revisan esas decisiones y qué mecanismos existirán para evitar restricciones arbitrarias.
Nada de eso está definido todavía.
Sheinbaum ha abierto la discusión antes de presentar la propuesta. Esa decisión permite debatir un problema real antes de convertirlo en reglas, pero también obliga a no reducirlo a una consigna sencilla como “quitar los celulares de las escuelas”.
La regulación puede comenzar en un salón de clases y terminar involucrando algoritmos, empresas tecnológicas, protección de datos, derechos de los menores y decisiones sobre identidad digital.
El desafío será proteger a niñas, niños y adolescentes sin crear, para conseguirlo, un sistema en el que cada usuario tenga que revelar más de sí mismo de lo estrictamente necesario.








