Sheinbaum prevé invertir 20 mil mdp para sanear tres ríos históricamente contaminados

El plan federal busca recuperar los ríos Atoyac, Tula y Lerma-Santiago durante el sexenio, mediante plantas de tratamiento, colectores, reforestación, vigilancia ambiental y obras para prevenir inundaciones

AquíNoticias Staff

Durante décadas, algunos de los ríos más importantes de México dejaron de ser cauces de vida y se convirtieron en símbolo del deterioro ambiental. Descargas municipales sin tratamiento, contaminación industrial, basura, azolve y deforestación explican buena parte del daño acumulado.

El Gobierno federal busca revertir esa historia con el saneamiento de los ríos Atoyac, Tula y Lerma-Santiago, incluidos en los compromisos de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La inversión prevista para el sexenio es de 20 mil millones de pesos, no aplicados todavía en su totalidad.

De acuerdo con la Presidencia, entre 2025 y 2026 se habrán destinado alrededor de 2 mil 500 millones de pesos. El resto forma parte de la programación prevista para los próximos años, con el objetivo de dejar infraestructura permanente y no una limpieza temporal.

“Es un trabajo muy intenso. Escogimos estos tres ríos porque, de acuerdo con la Conagua, históricamente —y con el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua— son los más contaminados”, afirmó Sheinbaum durante la conferencia matutina.

La mandataria explicó que el propósito es que los ríos queden saneados a largo plazo, con plantas de tratamiento, presupuesto para su operación y mecanismos que permitan mantener limpia el agua después de las obras.

La secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena Ibarra, planteó que el programa implica un cambio de enfoque. Ya no se trabaja únicamente sobre el cauce, sino sobre toda la cuenca.

“Nosotros hemos cambiado la visión, la narrativa”, sostuvo al explicar que el saneamiento requiere infraestructura hidráulica, restauración ambiental y soluciones basadas en la naturaleza, como humedales, reforestación y recuperación de ecosistemas.

Los tres ríos representan uno de los mayores retos ambientales del país. El sistema Lerma-Santiago tiene mil 360 kilómetros y beneficia a 21.4 millones de habitantes en el Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Jalisco y Nayarit. El Tula recorre 191 kilómetros y beneficia a 800 mil personas en Estado de México e Hidalgo. El Atoyac tiene 162 kilómetros y alcanza a 3.7 millones de habitantes de Tlaxcala y Puebla.

El diagnóstico revela la profundidad del problema. Las autoridades han recorrido más de 340 kilómetros, realizado muestreos en 322 sitios y movilizado a más de 6 mil personas de instituciones públicas, universidades y centros de investigación.

En esos trabajos se detectaron 3 mil 202 descargas domésticas o industriales contaminantes, 479 tiraderos clandestinos, 460 industrias potencialmente contaminantes prioritarias y zonas donde 22 por ciento del suelo está en riesgo de deforestación. También se reporta la restauración de 11 áreas naturales protegidas.

La estrategia tiene cuatro metas: mejorar la calidad del agua, restaurar ecosistemas, prevenir inundaciones y reconectar a la población con los ríos. Para ello se prevé construir 10 nuevas plantas de tratamiento, rehabilitar o ampliar 23 más, instalar 94 kilómetros de colectores y colocar estaciones automáticas de monitoreo.

En el río Atoyac, la primera etapa contempla 63 kilómetros y presenta un avance de 85 por ciento. Las acciones incluyen líneas de reúso de agua tratada, cuatro plantas de tratamiento, colectores, desazolve, reforestación, ordenamiento de descargas, eliminación de tiraderos y creación de un espacio público.

En el río Tula, la primera etapa comprende 74 kilómetros y registra un avance de 62 por ciento. Ahí se trabaja en desazolve, estaciones de calidad del agua, retiro de lirio en la presa Endhó, obras contra inundaciones, colectores, reforestación, ordenamiento de descargas y eliminación de tiraderos.

El caso más complejo es el Lerma-Santiago, por su extensión y por la población que depende de su cuenca. Su primera fase contempla 65 kilómetros y presenta un avance cercano al 90 por ciento, con desazolve, rehabilitación de plantas de tratamiento, paneles solares, colectores, estaciones de calidad del agua, reforestación y recuperación de espacio público.

El programa también busca devolver los ríos a las comunidades. Se contempla la construcción de nueve parques recreativos y se reporta la participación de más de 40 mil personas en jornadas de limpieza, donde se han recolectado alrededor de 4 mil 667 toneladas de basura.

El desafío no es menor. Sanear ríos históricamente contaminados exige algo más que presupuesto: requiere vigilancia industrial, operación constante de plantas de tratamiento, sanciones a descargas fuera de norma, mantenimiento de colectores, reforestación sostenida y participación comunitaria.

La dimensión política del proyecto es clara: el Gobierno federal busca convertir el saneamiento de estos ríos en una bandera de justicia ambiental. La prueba real estará en la permanencia. No bastará con limpiar el cauce; habrá que impedir que vuelva a contaminarse.

Si el plan funciona, Atoyac, Tula y Lerma-Santiago podrían dejar de ser emblemas del abandono ambiental. Si falla, confirmarán una lección dura: recuperar un río es más difícil que anunciar su rescate.

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