La celebración reúne cada año danza, religiosidad y un repertorio de más de 30 sones que acompaña a personajes rituales y conserva conocimientos transmitidos entre generaciones
AquíNoticias Staff
En Suchiapa hay una parte de la historia que no se encuentra únicamente en documentos. También se escucha.
Está en el golpe del tambor, en el sonido de la flauta de carrizo y en los sones que acompañan al Tigre, al Venado, al Gigante, al Gigantillo y a los Chamulas cuando Corpus Christi vuelve a ocupar las calles del municipio.
La música no funciona como acompañamiento incidental. Forma parte de la estructura misma de una celebración donde conviven la devoción católica, la memoria indígena y las representaciones rituales que han pasado de una generación a otra.
La Secretaría de Turismo de Chiapas documenta que durante la Danza del Calalá los músicos deben conocer más de 30 misterios o sones, asociados a distintos personajes y momentos de la festividad. La interpretación se realiza con tambor y flauta de carrizo, instrumentos centrales del paisaje sonoro de Corpus Christi.
Ahí está una de las dimensiones menos visibles de la conservación cultural: mantener una tradición no consiste solamente en repetir una ceremonia cada año. También exige recordar cuándo entra cada son, cómo debe tocarse, qué personaje acompaña y qué función cumple dentro del recorrido ritual.
La Danza del Calalá concentra buena parte de esa memoria. En ella intervienen personajes como el Gigante, el Gigantillo, el Venado, los Tigres y los Chamulas. La propia promoción turística oficial de Chiapas describe la festividad como resultado de una mezcla de épocas y culturas, con elementos prehispánicos incorporados posteriormente a la celebración católica de Corpus Christi.
Esa convivencia explica por qué la fiesta resulta difícil de reducir a una sola categoría. Es religiosa, pero también comunitaria. Es danza, pero también música. Es representación ritual y, al mismo tiempo, un mecanismo mediante el cual Suchiapa transmite una parte de su memoria.
La tradición oral local relaciona Corpus Christi con el relato de una hostia encontrada sobre un tronco y con la presencia de animales y elementos que después aparecen en la representación ritual. Versiones recogidas en trabajos periodísticos de la región refieren también al tambor y al carrizo como parte de esa memoria transmitida por los habitantes.
En esa tarea ocupan un lugar importante los músicos tradicionales.
De acuerdo con la información recabada para esta nota, José Champo y su familia han participado en la preservación de las formas musicales asociadas a Corpus Christi mediante la interpretación, la recuperación de melodías y la conversación con personas mayores que conservan conocimientos sobre sones y maneras tradicionales de ejecutarlos.
Ese trabajo tiene una importancia particular en manifestaciones culturales cuya continuidad depende, en buena medida, de la transmisión oral.
Un son que deja de enseñarse puede desaparecer. Lo mismo puede ocurrir con una determinada ejecución del carrizo, una secuencia rítmica o el conocimiento sobre el momento preciso en que una melodía debe aparecer dentro de la ceremonia.
La música se vuelve especialmente visible durante las procesiones.
Los personajes avanzan, las familias participan, se realizan actos de devoción y el tambor establece un pulso sobre el que se despliega la danza. El carrizo completa una sonoridad que distintas fuentes identifican como uno de los elementos característicos de Corpus Christi y del Calalá.
La celebración conserva además una dimensión colectiva. No ocurre únicamente dentro de un recinto religioso: atraviesa calles y barrios, incorpora a familias y permite que niñas, niños y jóvenes observen —y eventualmente aprendan— aquello que generaciones anteriores recibieron de la misma manera.
Corpus Christi en Suchiapa fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de Chiapas en 2018, reconocimiento que dimensiona su importancia, aunque la continuidad real de la tradición depende de algo menos administrativo: que la comunidad siga practicándola y transmitiéndola.
Ese es quizá el punto central.
El patrimonio no se conserva únicamente porque exista una declaratoria. Permanece cuando alguien aprende un son, alguien vuelve a fabricar o tocar un instrumento, alguien enseña una danza y otra generación entiende por qué aquello forma parte de su historia.
Suchiapa tiene en Corpus Christi una expresión donde pasado y presente todavía se encuentran en el espacio público.
Y mientras haya quien conozca qué son debe tocarse cuando aparece el Tigre, cómo responde el carrizo al tambor y de qué manera se acompaña el paso de los danzantes, una parte de esa memoria seguirá circulando por las calles.
No guardada.
Sonando.








