Tata Chico y la feria de Tonalá: una tradición que cambió de fechas, música y ofrendas

La celebración de San Francisco de Asís tiene antecedentes documentados desde 1867. Con el tiempo incorporó carros alegóricos, trajes regionales, marimba, escuelas, comercio y nuevas expresiones culturales

AquíNoticias / Primer Plano Magazine

Cada 24 de septiembre, la bajada de San Francisco de Asís marca uno de los momentos centrales de una tradición que ha acompañado a Tonalá durante generaciones. En el municipio costero, el santo es conocido popularmente como Tata Chico y su celebración religiosa terminó por convertirse también en feria, encuentro comunitario y espacio comercial.

La cronista de Tonalá Sofía Mireles Gavito documenta que durante la época colonial la localidad llegó a ser conocida como San Francisco Tonalá, en referencia a su santo patrono.

Uno de los antecedentes formales de la feria se remonta al 15 de enero de 1867, cuando el gobernador y coronel José Pantaleón Domínguez decretó que la entonces villa de Tonalá celebrara anualmente la Feria de San Francisco del 18 al 26 de octubre.

La celebración duraba nueve días y, de acuerdo con la crónica, tenía también una finalidad económica: recaudar recursos para las finanzas públicas estatales durante el periodo de la intervención francesa.

Las fechas no permanecieron iguales.

En las primeras décadas del siglo XX, las festividades de San Francisco se realizaban del 1 al 4 de octubre, principalmente mediante actos litúrgicos y pequeñas procesiones.

Otro cambio llegó alrededor de 1950.

Según el testimonio del artesano de papel Ausencio Gómez Ovalle, citado por Mireles Gavito, ese año se realizó la primera ofrenda acompañada por carros alegóricos, cantos, flores y música de viento, organizada por su madre, Catalina Ovalle.

Los carros representaban pasajes de la vida de San Francisco de Asís. Las jóvenes participaban vestidas con trajes de tehuana y durante los recorridos entregaban frutas y dulces.

Con los años, aquellas expresiones adquirieron nuevas formas.

Actualmente, dentro de la tradición descrita por la cronista, las ofrendas comienzan la noche del 23 de septiembre, cuando locatarias del mercado San Francisco realizan la primera participación y posteriormente se celebra una misa a medianoche.

El 24 de septiembre al mediodía ocurre la bajada de Tata Chico desde su nicho. Después de recorrer las principales calles, la imagen permanece en el interior del templo para la veneración de los fieles.

La celebración se prolonga hasta el 8 de octubre, cuando San Francisco es colocado nuevamente en su lugar. Esa noche, la quema del castillo y los cohetes marcan tradicionalmente el cierre de los festejos en la alameda de la iglesia.

Durante esos días participan sitios de taxis, mercados, particulares y distintos sectores de la comunidad.

A partir de 1990, de acuerdo con la reconstrucción histórica, también comenzaron a integrarse escuelas e instituciones gubernamentales mediante carros alegóricos y ofrendas.

Los recorridos incorporaron a mujeres vestidas de chiapaneca y niños con traje de charro, mientras entre el público se distribuyen dulces, frutas, utensilios de plástico y abanicos, entre otros objetos.

Las propias ofrendas también han cambiado. Además de dinero, se han entregado tradicionalmente toretes y, en otros años, incluso cerdos como parte de los presentes dedicados al santo.

La transformación puede observarse igualmente en la música y el vestuario.

En las primeras ofrendas existía una marcada influencia del Istmo de Tehuantepec, visible en los vestidos de tehuana y la música de viento. Después adquirieron mayor presencia los trajes de chiapaneca, la marimba y el mariachi.

Alrededor de 2008 comenzaron a aparecer también Parachicos y algunas agrupaciones incorporaron batucada a los recorridos.

La celebración religiosa convive además con una feria comercial instalada alrededor del Parque Central Esperanza, donde tradicionalmente se colocan juegos mecánicos y puestos de comida, curtidos, dulces, juguetes y otros productos.

En la Alameda del templo se realizan asimismo actividades culturales, con bailables y presentaciones de agrupaciones marimbísticas de Tonalá y municipios cercanos.

La continuidad de la fiesta tuvo una pausa particular durante 2020 y 2021, cuando la pandemia de covid-19 obligó a reducir las ofrendas y evitar aglomeraciones. La actividad religiosa y comercial recuperó su formato habitual a partir de 2022.

Más de siglo y medio después del decreto que formalizó aquella feria del siglo XIX, la celebración de Tata Chico ya no conserva exactamente las mismas fechas, sonidos ni formas.

Lo que permanece es su lugar dentro de la vida comunitaria de Tonalá: una tradición religiosa que, con cada generación, ha incorporado nuevas expresiones sin desprenderse de San Francisco de Asís como punto de encuentro.

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