La vaselina puede reducir de forma importante la pérdida de agua de la piel y reforzar su función de barrera. Pero no “hidrata” por sí sola, no borra arrugas ni limpia poros: su principal virtud es mucho más sencilla y mejor demostrada
AquíNoticias Staff
Cubrir el rostro con una fina capa de vaselina antes de dormir volvió a popularizarse en redes sociales bajo el nombre de slugging. Los videos prometen desde una piel más luminosa hasta reparación nocturna, menos arrugas y una barrera cutánea “sellada”.
En este caso, detrás de la tendencia sí existe un mecanismo dermatológico conocido desde hace décadas.
La vaselina cosmética —petrolato o petroleum jelly— es uno de los agentes oclusivos más utilizados en dermatología. Su función principal es formar una película sobre la superficie de la piel que dificulta la evaporación del agua. Una revisión publicada en Journal of the American Academy of Dermatology señala que el petrolato puede reducir la pérdida transepidérmica de agua entre 50% y 99%, dependiendo de las condiciones y de la forma de medición.
Eso explica buena parte de su efecto.
La vaselina no introduce grandes cantidades de agua en la piel porque es una sustancia anhidra, es decir, prácticamente no contiene agua. Lo que hace es evitar que la humedad que ya existe en el estrato córneo se pierda con facilidad.
Por eso funciona especialmente bien cuando se aplica después de lavar el rostro o encima de una crema hidratante. La crema aporta agua, humectantes o lípidos; la vaselina ayuda a conservarlos.
La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda el petrolato para aliviar piel seca, incluidos labios y párpados, y señala que los ungüentos pueden resultar más eficaces y menos irritantes que algunas lociones en pieles muy secas.
La investigación también sugiere que el efecto va más allá de crear una simple cubierta impermeable.
Un estudio publicado en Journal of Allergy and Clinical Immunology encontró que la aplicación de petrolato produjo cambios relacionados con la diferenciación de la barrera epidérmica, aumentó marcadores como filagrina y loricrina y favoreció respuestas antimicrobianas en la piel estudiada. Los autores concluyeron que estos resultados ayudan a explicar su utilidad en estados donde la barrera cutánea está alterada.
Eso no convierte a la vaselina en un tratamiento universal ni en una “mascarilla rejuvenecedora”.
Su beneficio mejor respaldado es bastante más concreto: disminuir la pérdida de agua y crear condiciones que favorezcan la recuperación de una barrera cutánea seca o dañada.
También puede modificar temporalmente la apariencia de la piel. Al conservar agua en las capas superficiales, la epidermis puede verse más tersa, flexible y luminosa. Las líneas finas producidas o acentuadas por deshidratación pueden hacerse menos visibles, pero ese cambio no significa que la vaselina estimule colágeno ni revierta el envejecimiento. Las propiedades cosméticas de muchos hidratantes explican precisamente parte de esa apariencia temporal de mayor suavidad.
Aquí aparece uno de los principales mitos.
La vaselina no borra arrugas.
No existe evidencia que permita presentarla como un activo antienvejecimiento comparable con ingredientes que actúan sobre procesos biológicos específicos. Su efecto consiste fundamentalmente en mejorar la hidratación superficial y la barrera, lo que puede hacer que la piel luzca temporalmente más lisa.
Tampoco “desintoxica” el rostro, extrae impurezas ni limpia los poros.
Y no necesita hacerlo.
El petrolato es un oclusivo, no un exfoliante, limpiador o tratamiento despigmentante.
Otro mito frecuente sostiene que inevitablemente tapa los poros y provoca acné. Una revisión dermatológica publicada en 2024 analizó específicamente esa creencia y concluyó que la evidencia disponible no respalda al petrolato purificado como un ingrediente inherentemente comedogénico o causante de acné.
Eso no significa que el slugging sea recomendable para todas las personas con acné.
Una capa muy oclusiva puede resultar incómoda en pieles muy grasas y puede atrapar sudor, productos cosméticos o sustancias que ya estaban sobre el rostro. Cleveland Clinic recomienda precaución o evitar el procedimiento en pieles muy grasas, con tendencia acneica o con una infección activa.
La distinción es importante: el petrolato por sí mismo no equivale a “producto que tapa poros”, pero una rutina extremadamente oclusiva puede no funcionar bien en todas las pieles.
También importa lo que se coloca debajo.
Cubrir con vaselina productos potencialmente irritantes como retinoides, alfa hidroxiácidos o beta hidroxiácidos puede favorecer una mayor irritación al mantenerlos ocluidos durante horas. Por eso no conviene convertir el slugging en el último paso automático de cualquier rutina nocturna.
Para una persona con piel normal a seca, una estrategia sencilla consiste en limpiar suavemente el rostro, aplicar su hidratante habitual y colocar después una capa delgada, no una capa gruesa, de petrolato en las zonas más secas o, si la piel lo tolera, en todo el rostro.
No es necesario hacerlo cada noche.
La necesidad depende del estado de la piel, del clima y de la tolerancia individual. El procedimiento suele tener más sentido cuando existe sequedad intensa, clima frío, uso de calefacción o una barrera temporalmente irritada que cuando la piel ya produce suficiente grasa.
¿Puede causar alergia?
Es posible, pero es poco frecuente cuando se utiliza petrolato blanco altamente purificado. Un análisis de casi 80 mil pacientes sometidos a pruebas de contacto encontró que las verdaderas reacciones alérgicas al petrolato blanco eran extremadamente raras. Existen casos publicados, por lo que una reacción individual no es imposible.
La otra confusión proviene de su origen.
La palabra “petrolato” genera ocasionalmente afirmaciones de que aplicar vaselina equivale a poner petróleo crudo sobre la cara. No es así. El petrolato destinado a productos farmacéuticos o cosméticos atraviesa procesos de refinamiento y purificación; la revisión de la Academia Estadounidense de Dermatología considera al petrolato purificado un ingrediente con una larga trayectoria de seguridad dermatológica.
La ciencia, por tanto, deja una conclusión menos espectacular que las redes sociales, pero también más útil.
La vaselina no es una mascarilla milagrosa.
No rejuvenece la piel, no elimina manchas, no limpia los poros y no produce hidratación desde cero.
Lo que hace extraordinariamente bien es evitar que la piel pierda agua.
Y para una piel seca, sensible o con la barrera alterada, esa función tan sencilla puede producir una diferencia visible.
El secreto no está en cubrir el rostro con una capa gruesa esperando una transformación nocturna. Está en entender para qué sirve: la vaselina no añade una nueva piel; ayuda a que la que ya tenemos conserve mejor aquello que necesita para funcionar.








