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¿Votar o no votar? / Angel Mario Ksheratto

¿Votar o no votar? / Angel Mario Ksheratto

De un tiempo a la fecha (y las semanas y meses que vienen), hombres y mujeres que hace un tiempo no volteaban a ver a los ciudadanos, reparten abrazos, sonrisas, palmaditas… raquíticas despensas, playeras a punto de deshilvane, gorritas ridículas. Los espacios siderales, repletos de propaganda, lo mismos que calles, avenidas y carreteras.
El debate por el actual momento político, es cada vez más tronante; y gira en torno a la notoria debilidad de los órganos electorales que hasta hoy, no han puesto orden y tampoco han aplicado el reglamento que indica, por ejemplo, las sanciones contra los que hacen e hicieron campaña adelantada.
Es, como ya se ha dicho infinidad de veces, un proceso sin transparencia ni equidad. Si bien las condiciones de temporada están dadas, no es así en el terreno jurídico y legal, del que se desprenden anomalías graves que ponen en riesgo a todo el proceso. No es la primera vez que las elecciones crecen bajo un manto de sospecha.
Pero sí, la primera en que la autoridad es totalmente derribada por un sistema de partidos anacrónico, y también rebasado por ambiciones de grupos o personajes que a modo de caudillos, han secuestrado a los partidos.
La defensa de los órganos electorales, para desgracia de sus funcionarios, no es la adecuada. Decir que se cumplirá la ley “sin fobias ni filias”, es solo una expresión que no aporta nada a la pretensión de una democracia electoral que confluya en la asistencia de los votantes a las urnas.
De hecho, diversas agrupaciones en distintos estados de la República, están convocando a paralizar el sufragio, llegado sea el momento. Ello ha asustado a quienes en otras ocasiones, hicieron lo mismo y no obtuvieron el resultado deseado. Puede que no sea lo idóneo llamar al abstencionismo. Los mitos que alrededor de esa práctica se han creado, han sido solamente reacciones retóricas que no sostienen una teoría de fondo.
Sin embargo, con suerte o no, ese llamado está siendo centro de un debate que se ha polarizado y que tiende a resquebrajar por completo al esquema electoral que, insisto, no está a la altura de las circunstancias. Esto, a nivel nacional; en el ámbito local, las cosas son mucho peor.
Sin solvencia moral, los consejeros del IEPC, han estado más al centro del escándalo por los excesos y trivialidades, que por buscar condiciones dignas y confiables para un proceso que se les ha salido de las manos desde ya. Empezaron por subirse el sueldo, planear viajes por todas partes, aumentar los viáticos de los consejeros y otros funcionarios de rango y terminaron por sobrevalorar un problema personal, para convertir a esa institución, en el hazmerreír de Chiapas.
Como para dar a entender que están “trabajando”, han “detectado” una que otra campaña adelantada y han configurado flojas amonestaciones contra los infractores de la ley, sanciones que por lo ridículas y bofas, solo reconfirman la complicidad del IEPC con éstos, o cuando menos, su incapacidad para hacer valer la ley.
Hace unos días, a dos o tres precandidatos, los amonestaron con una advertencia de niño regañado: “Deben bajar su publicidad en 48 horas”. Ninguno de los aludidos les hizo caso. Por el contrario, redoblaron el número de sitios donde colocar los promocionales.
Por otro lado, la inconsistencia del IPEC para aplicar criterios, es preocupante. Ninguno de los consejeros ha tenido la iniciativa de debatir en el pleno, temas que por descuidos legislativos, quedaron en el limbo y que, en cualquier momento, podrían explotar en detrimento del proceso electoral.
Mientras tanto, tenemos un alud de candidatos (federales) y precandidatos (locales) que hacen uso de la ineficacia del órgano electoral. En muchos mítines, los aspirantes a alcaldías y diputaciones locales, expresan abiertamente su intención de participar e incluso, piden expresamente el voto de los asistentes.
En la mayoría de los municipios, los paquetes de asistencia social gubernamentales, son utilizados para condicionar el voto; y no solo de un partido: todos los partidos están haciendo uso de esos recursos para posicionar a sus precandidatos.
Debilidades recurrentes y provenientes de la autoridad electoral, son pues, el alimento de posiciones radicales de algunas agrupaciones. Quizá no tengan razón, pero sí, el derecho de hacer uso de las herramientas a su alcance, para tratar de imponer orden, donde se ha perdido el respeto. El IEPC y el INE, deben reaccionar ya.

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